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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Orar el Padrenuestro es volver a un encuentro vivo con el Dios Vivo, es recuperar la fuente de la cual se va a renovar toda nuestra vida cristiana.

Homilía k012008a, predicada en 20160216, con 4 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Sabemos bien, hermanos, que una de las prácticas fundamentales de la Cuaresma es la oración. Volver a la oración es volver a un encuentro vivo, con el Dios vivo. Volver a la oración es recuperar la fuente desde la cual se ha de renovar toda nuestra vida cristiana. Esto significa que nada de sustancia va a suceder en nuestra vida si no está precedido y acompañado por la oración. Para nosotros los cristianos, el tema de la oración tiene una referencia absolutamente clara, es la oración de Jesús. Qué felicidad para nosotros tener un camino que de un modo tan pedagógico, tan sencillo y tan profundo, nos ilustra en nuestra relación con Dios.

Los discípulos preguntaron a Jesús ¿Cómo habrían de orar? Y Jesús les dio el Padre nuestro. Ese es el contexto con el que el evangelista Lucas nos da esta oración. En San Mateo la oración del Padre nuestro aparece como parte del discurso que conocemos como Sermón de la Montaña, entendiendo bien que el Sermón de la Montaña es una recopilación de predicaciones de Cristo, tenemos que entre lo esencial, entre lo fundamental de nuestro ser de cristianos está el relacionarnos con Dios nuestro Padre, como Cristo se relaciona con Él.

Podríamos decir que cristiano es aquel que se relaciona con Dios, como Cristo se relaciona con Dios. Y el texto que nos da esa manera de relación, el texto que se convierte en escuela y fuente en el corazón que lo medita es precisamente el Padre nuestro. En el Padre nuestro está el Corazón de Cristo convertido en templo, donde todos podemos congregarnos para elevar una sola plegaria. En el Padre nuestro, están los sueños más bellos de Cristo, sueños entendidos como los deseos, los anhelos más hondos de su corazón. En el Padre nuestro está la esencia de la vida cristiana, que no es otra sino el anhelo del Reino de Dios y sobre todo, el deseo y compromiso de buscar en todo la voluntad del Señor. En el Padre nuestro tenemos el lenguaje que nos unifica, porque en las palabras que cada uno dice actúa sin duda el Espíritu Santo.

Pero en las palabras que Cristo dice, el Espíritu nos enseña cómo hemos de obrar también nosotros. El Padre nuestro ha sido el punto de partida para dar lecciones sobre oración. Muchos han tomado este texto del Padre nuestro para darnos preciosas catequesis. Recordemos, entre otros, a San Agustín, que tiene todo un tratado sobre el Padre nuestro. Al obispo y mártir San Cipriano, que tiene otro tanto sobre el Padre nuestro. Recordemos a Santo Tomás de Aquino que estudia el Padre nuestro. Y cómo no mencionar aquí el Catecismo de la Iglesia Católica, que también menciona el Padre nuestro y lo sigue en la parte correspondiente a la vida espiritual de todo cristiano.

No añado más palabras que esas palabras, las de Cristo, brillen, destellan y den fruto en tu corazón. Porque orar como Cristo es empezar a ser en serio discípulo de Cristo.

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