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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Son importantes el ayuno y la limosna, pero nada reemplaza la oración, que nos une a Aquel de quien recibimos la fuerza interior para todo lo demás.
Homilía k012004a, predicada en 20130219, con 4 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Tres son los ejercicios principales de la Cuaresma y la palabra ejercicio la utilizo voluntariamente con un propósito. Ejercicios lo que va a hacer la gente a los gimnasios por ejemplo, ejercicios, ejercicios de álgebra, ejercicios de matemáticas. Hemos conocido en nuestro tiempo en el colegio y seguramente también en los años escolares, empezamos a oír algo, algo que se llamaba ejercicios espirituales. Podemos decir que los ejercicios espirituales son el gimnasio del alma y los ejercicios espirituales principales son los que todos los católicos estamos llamados a practicar durante el tiempo de la Cuaresma. Son ellos, la oración, el ayuno y la limosna. La oración nos ayuda a redimensionar, reconstruir, volver a edificar nuestra relación con Dios. El ayuno y en general las prácticas de penitencia nos ayudan a redimensionar, a reconstruir, a reeducar nuestras propias tendencias, apetitos, gustos. Podemos decir la relación que tenemos con nosotros mismos. Mientras tanto, lo que llamamos limosna, que es mucho más que dar cosas y que en realidad consiste en ese, abrir el corazón a la necesidad del hermano. Eso, pues, ayuda a redimensionar, a reconstruir, a reedificar la relación que tenemos con el prójimo. O sea que la oración tiene que ver con Dios, el ayuno tiene que ver con uno mismo y la limosna tiene que ver con el prójimo. Si uno realiza estos ejercicios espirituales, queda renovado en su relación con Dios, en su relación con el prójimo y también en la manera como uno se trata a sí mismo. O sea que la Cuaresma es un gimnasio y las lecturas de los días pasados nos han abierto los ojos especialmente sobre la misericordia, la compasión, la ayuda al hermano, eso va en la línea de lo que hemos llamado limosna entre comillas. Y se ha hablado también del ayuno. Eso también ha aparecido menos. Hemos hablado hasta ahora de la oración, pero el texto de hoy, tomado del Capítulo Sexto de San Mateo, es la ocasión perfecta para que recordemos que todos los cristianos tenemos un camino de oración, un camino que tiene que tener la cantidad y la calidad apropiadas. Esto es como la alimentación. La alimentación depende de calidad, pero también depende de cantidad. La mayor parte de los alimentos no es que estén prohibidos, sino que deben comerse en su medida justa. Con todo el respeto para quienes son amigos, por ejemplo, de ser vegetarianos. Pues en realidad la dieta cristiana no excluye en principio alimentos de origen animal. Lo que se trata más bien en cuanto a eso de nutrirse es la cantidad apropiada. Lo mismo sucede con la oración, Cristo nos dice en este Capítulo Sexto de San Mateo que no se trata de utilizar demasiadas palabras. No es el exceso de palabras. Utiliza una cantidad suficiente y mucho más importante que eso, utiliza calidad. La calidad de la oración está en el Padre Nuestro. Cuando buscamos la gloria del Padre, cuando buscamos que su reino venga, cuando buscamos hacer su voluntad, cuando le pedimos humildemente perdón por nuestras faltas, cuando buscamos también ser liberados de toda tentación. Esa es la calidad que sea ésta, la Cuaresma, en la cual recuperamos calidad y cantidad en nuestra manera de orar y en los demás Ejercicios para el Espíritu.

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