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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Perdona y serás perdonado.
Homilía k012001a, predicada en 19980303, con 9 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Orar y perdonar. Los verbos unidos en la predicación, en la vida de Jesucristo y también en la enseñanza de este Evangelio. Alguna vez me preguntaba, con angustia, con cierta angustia. Una señora me preguntaba sobre si esa traducción del Padre Nuestro que nosotros tenemos realmente correspondía con la lengua original, porque le parecía a ella que era demasiado terrible eso de perdónanos como nosotros perdonamos. Después la frase quizá terrible de la oración, perdónanos como nosotros perdonamos. Porque esto quiere decir que cada uno será la medida. Hubiera sido mejor que la medida fuera otra. Pero ponerme a mí como medida de lo que Dios podrá darme, es una medida muy estrecha. Esa frase es al mismo tiempo la concesión más grande que podía darnos Dios y la responsabilidad más terrible que podía encomendarnos. Es la concesión más grande, si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Lo único que puede separarnos de Dios es el pecado, porque por creación le pertenecemos. Somos suyos, somos ovejas de su rebaño. Por voluntad de su alianza, por la obra del Espíritu, le pertenecemos, somos suyos. Lo único que puede separarnos de él es el pecado. Por consiguiente, quitado el pecado, quitados todos los obstáculos. Y la manera de quitar todos los obstáculos está aquí. Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Es una concesión maravillosa. Él no dice aquí, si os han ofendido mucho, y estando a punto de trastornar por la ira, trata de perdonar. ¿Y entonces se os ocurre perdonar? ¡Lograré! no, No dice que si nos han ofendido mucho o poco. No dice que si somos chicos o grandes, dice simplemente perdona, perdónalos, perdona a todos, ya que tienes tu perdón. Es de esas cosas tan sencillas y tan profundas y tan bellas que tienen sabor de Jesús, estilo de Jesús. Es como la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo se nos dice, cuando recibimos la Hostia consagrada y respondemos Amén. El cuerpo de Cristo. Amén. El cuerpo de Cristo. Así es. El cuerpo así sencillo. El cuerpo de Cristo. Así como solo hay un Cristo, y ese Cristo está en los cielos. Cuando se nos dice: El cuerpo de Cristo es como si se nos dijera, Mira todo el cielo para ti, y me dice, amén y comulga todo el cielo. Ahí tienes, el cielo comulga. Amén. Aquí está el amor grande, esto es el amor infinito, toma, es para ti. Amén. Amén. ¿Cuánta gente dice amén? ¿Cuántas veces decimos amén? Mira, Este es el amor más grande. Nadie podrá separarte de este amor. Toma. Amén. Eso es muy sencillo. Eso es lo que yo llamo, a lo Jesús. Al estilo de Jesús, a lo Jesús, al modo de Jesús. Así también es el perdón. Cristo no dice: Si os han torturado, si os han despedazado y aún así tenéis el heroísmo de perdonar, entonces seréis perdonados. ¿No? Basta con perdonar, es una concesión maravillosa, es también una responsabilidad muy grande. Si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre del Cielo perdonará vuestras culpas. Si no perdonáis, tampoco seréis perdonados. Aquí depende de los temperamentos. Hay gente que busca los versículos terribles para asustarse. Esa corriente del susto. Yo creo que es más o menos la misma razón por la que la gente busca películas de terror. El terror tiene cierto poder en el corazón humano. Yo a veces he pensado que el terror tiene que ver con la sexualidad, porque a mí me parece que cuando una persona se siente aterrada, se siente, como poseída, siente que es de alguien, que le pertenece a alguien, que alguien le llena. Eso tiene un contenido muy sexual y por eso no es raro que el gusto por las películas de terror esté más en las mujeres. Así como el gusto, ambos gustos malsanos. El gusto por la pornografía esté más en los hombres. Yo he leído eso a muchachos y niñas, en las convivencias yo les digo mire, así como los muchachos se ponen a curiosear con la pornografía, las niñas y las muchachas se ponen a curiosear con el terror. Esa es una cuestión que tiene mucho que ver con la sexualidad. Así como el hombre con la pornografía intenta como poseer, pero desde luego que ahí no hay nada, no hay persona, es un fantasma, es una imagen. Así también con el terror, la mujer intenta, como ser poseída, es una cosa, es una cosa que puede madurar en el corazón. Así como el hombre como el varón, puede ser liberado de la pornografía. Así también la mujer puede ser liberada del terror, entregando su afectividad, entregando lo profundo de su ser y diciéndole a Dios, eres tú el que tiene que ser dueño de mi alma. Sobre esto habría mucho que decir, pero lo que quiero subrayar es que aquí el Señor nos enseña una terrible responsabilidad. Si no perdonáis, no seréis perdonados. ¿Para qué lo enseña? Para terror, no, porque ya vimos que el terror no es el sentimiento propio de aceptación de Jesucristo. El terror en la mujer, sobre todo, se parece al deseo vehemente, impuro en el hombre. Cristo no va a utilizar el terror para convertir a nadie, porque el terror va ligado, como he dicho, a malestares de la afectividad, problemas de afectividad y de inseguridad y autoestima. Cristo no dice esto para terror, para que nosotros digamos ¡Ay Dios mío! Y yo que nunca he perdonado. Y yo que tengo por allá un resentimiento desde el kinder. Ahora, yo, ahora yo ¿Qué voy a hacer? ¿Dónde encuentro yo a esa niña a la que le puse un flan en la cara? ¿Cómo la encuentro ahora para decirle que me perdone? Entonces Cristo no dice eso, sino que dice dos veces lo mismo. Así como los Salmos dicen dos veces lo mismo, para que comprendamos que Dios ha querido que la medida esté en nosotros. En el fondo, estos versículos sobre el perdón están diciendo lo mismo que en otras ocasiones Ha dicho Cristo, No juzguéis y no seréis juzgados. La medida que uséis la utilizarán con vosotros. Pero sabe usted ¿Cuándo creo yo que empecé a entender un poquito esa frase? Cuando caí en la cuenta de que eso equivale a que, el tamaño del bocado es el tamaño de la boca. Si Dios tiene manjares suculentos y usted tiene boca chiquitita, pues entonces el tamaño de lo que Dios le va a dar, será una gotita lo que quepa, para esa rendija de su boca. Pero si ustedes no es, bocona, porque yo creo que no debe ser uno, no debe ser bocón. Pero si uno, tratándose del amor, abre para recibir, abre tu boca y yo la saciaré, Dios tiene mucho para dar. O sea que aquí lo que nos está diciendo Dios no es aterrorizarlos para que se disparen los problemas afectivos, de inseguridad o de sexo que tengan las personas. No es una pedagogía del terror, sino es recordarnos Mira, la medida está en ti, abre la boca y yo la saciaré. Abre tu boca y yo la asociaré. Dale la medida a Dios, dale la medida a Dios. Un Dios de perdón es un Dios que a la humanidad pecadora no la puede querer sin perdonarla. Por consiguiente, abre tu tu boca a ese Dios de perdón, da la medida del perdón y recibirás ese tamaño.

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