Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cuaresma es un llamado a restaurar nuestra relación con Dios, a ordenar el corazón y a sanar nuestras actitudes hacia los demás.

Homilía k011021a, predicada en 20260223, con 5 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Hay una manera muy sencilla y muy bella, mis hermanos, de describir el propósito de la Cuaresma. La Cuaresma quiere poner en orden tu vida y la mía y la de él y la de ella y la de todos. Poner en orden la vida, porque la vida se va desordenando. Se va desordenando, por ejemplo, nuestra relación con Dios. Quizás buscamos a Dios únicamente para que apague los incendios que aparecen en nuestra vida y entonces, en vez de servir a Dios, nos servimos de Dios. O tal vez está en desorden nuestra relación con Dios porque no lo tenemos cerca.

El único lugar donde podemos encontrar nuestro verdadero propósito de vida es cerca del Señor. Y tal vez hemos estado lejos. Y por eso, como asteroides sin rumbo, hemos perdido la ruta y necesitamos encontrar nuestra órbita. Necesitamos volver a nuestro sol de vida que es el Señor. Poner en orden la vida. Tal vez estamos desordenados en nuestros afectos, en la manera de distribuir nuestro tiempo o nuestro dinero. Estamos desordenados. Entonces hay que poner orden en el propio corazón. Si los deseos de este mundo, si los placeres de este mundo nos están ganando y nos tienen tiranizados, pues entonces hay que ponerle orden a la vida.

La primera lectura de hoy, como tantas otras lecturas de la Cuaresma, nos habla de otro aspecto, de ese orden en la vida y es el orden que deben tener nuestras relaciones con el prójimo. Los consejos que aparecen tomados del libro Levítico son magníficos. Básicamente, de lo que se trata es de tratar bien al prójimo. Pero es que la lectura nos explica en qué consiste este tratar bien. Tratar bien al prójimo significa tratarlo con justicia, no aprovecharse de la otra persona, no guardarle rencor, no buscar venganza, jamás permitir que el odio llegue a nuestro corazón. Y lo más impactante de este orden recto, este orden sano en la relación con el prójimo, es que en ningún momento se dice que el prójimo lo merece.

Es decir, el hecho de que tú no odies o el hecho de que tú no busques venganza o el hecho de que tú no te aproveches de la otra persona no tiene nada que ver con cómo es la otra persona, porque tal vez la otra persona es un poco ingenua, es un poco tonta y sería tan fácil aprovecharse de ella. Pues no te aproveches, aunque sea fácil hacerlo. No te aproveches de esa persona, ni económicamente, ni afectivamente, ni laboralmente. No te aproveches, no te aproveches de ese amigo, de esa amiga que parece tan generoso. Pero es que sería muy fácil. Es que me ayudaría muchísimo en mis finanzas o me ayudaría muchísimo en mi futuro. No te aproveches, no importa quién sea, pero es que es una persona que me ha maltratado. Entonces yo quiero desquitarme. No, la lectura no te da margen a que si él o ella se portó mal, entonces ahora tú tienes derecho. No. Nunca tengo derecho a odiar. Nunca tengo derecho a vengarme, nunca. Nunca tengo derecho a aprovecharme de la otra persona, nunca. Así me parezca que es lo más sencillo. Así me parezca que es lo más fácil. No tengo derecho y no lo voy a hacer.

Eso es poner orden en la relación con el prójimo. Y a medida que más y más personas tomamos esa decisión, pues las cosas cambian. Claro que cambian, porque a medida que vamos tomando esa decisión, el mundo se va volviendo un lugar mucho más habitable. Eso es la Cuaresma, poner orden en tu relación con Dios, orden en tu relación contigo mismo y poner orden en tu relación con el prójimo. Un paso a la vez. Parece pequeño, pero es muy eficaz. Es el camino que Dios nos muestra, pues vamos a servirle con amor, vamos a escuchar su consejo y hacerlo realidad en nuestra vida. Amén.

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