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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Donde haya necesidad, dolor y sufrimiento ahí se espera la mano de un cristiano, el testimonio de amor de un discípulo de Jesús.
Homilía k011019a, predicada en 20240219, con 6 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Me gusta comparar la Cuaresma con un gimnasio. ¿Para qué va la gente a los gimnasios? Por distintas razones. La gente va a los gimnasios porque quiere mejorar su salud, porque quiere mejorar su forma corporal, quieren estar más bonitos. La gente va al gimnasio porque a veces quiere perder un poco de peso. Para eso va la gente a los gimnasios.
Pues piensa que la Cuaresma es como un gimnasio, pero es un gimnasio para el alma. Y cuando uno va a un gimnasio, que yo solo los conozco de visita, no soy experto en gimnasios, pero he visto que tienen una cantidad de aparatos, muchos aparatos. Aparatos para las piernas, para la espalda, para los brazos. Hay muchos aparatos. En la Cuaresma, en el gimnasio del Espíritu. Nosotros tenemos tres ejercicios fundamentales que son la oración, el ayuno y la práctica de la misericordia, que tradicionalmente se le llama limosna. Ayuno, oración y limosna.
La lectura de hoy del Evangelio tomada del capítulo veinticinco de San Mateo, va en la línea del tercer ejercicio, es decir, es una exhortación que nos da la palabra de Dios para que nosotros tomemos en serio el ejercicio de la generosidad, el ejercicio de la misericordia, el ejercicio del compartir, que finalmente es el ejercicio de salir de nosotros mismos, salir de nuestra comodidad, salir de esa vida donde quizás muchos sentimos que tenemos todo resuelto. ¿Salir a qué? Salir al encuentro de nuestro hermano.
Y aquí hay un mensaje muy bonito que proviene de las lecturas de hoy. La primera lectura de la Misa de hoy fue tomada del libro Levítico y el Evangelio fue tomado de San Mateo, como ya dijimos. Pero hay una diferencia. Hay una diferencia tan interesante entre estas dos lecturas, porque en el libro de Levítico se invita al pueblo de Israel a que tenga caridad, a que tenga amor al prójimo. Pero qué significa, hermano, ¿qué significa prójimo en la ley de Moisés? Significa el que es de mi mismo pueblo, el que pertenece a la misma descendencia de Abrahán. De manera que en el régimen de la ley de Moisés la caridad es una invitación o mejor dicho, un mandato, pero es un mandato que tiene únicamente como alcance el pueblo elegido.
En cambio, ahora fíjate lo que pasa en el Evangelio. En el Evangelio Cristo nuestro Señor amplía la noción de prójimo. Dice Tuve hambre y me disteis de comer. No dice tuve hambre y como yo era judío, me diste de comer. No dice estuve enfermo y como yo era de tu misma raza, me diste de comer. No dice estuve en la cárcel y como yo era de tu misma familia, de tu mismo clan, de tu misma tribu, fuiste a visitarme. Es decir, que con Cristo, y esto es muy hermoso, con Cristo la noción de hermano, es decir, la noción misma de la caridad, se amplía. Ahora ya no es únicamente el que sea de mi raza, de mi grupo, el que piense como yo, no.
Ahora se amplió. Ahora, el gran criterio para encontrar a mi hermano ¿sabes cuál es? El gran criterio es el que está en necesidad. Cristo nos dio unos ejemplos, tener hambre, tener sed, estar enfermo, estar en la cárcel. Pero fácilmente comprendemos por esta multiplicidad de ejemplos. Fácilmente comprendemos que lo que Cristo quería básicamente es que nosotros entendiéramos, por esa diversidad de ejemplos. Que tenemos que estar atentos a la diversidad de necesidades de nuestros hermanos.
Por ejemplo, supongamos que tú tienes una buena capacidad intelectual, eres un estudiante universitario, tienes una buena capacidad intelectual. Bendito sea Dios. Eso está muy bien. Y tú, con tu alta capacidad intelectual, comprendes un tema que le cuesta mucho trabajo a tu compañero. Cristo no dijo, no entendía y tú me explicaste. Eso no está en el Evangelio. Pero por la diversidad de ejemplos nos damos cuenta que Cristo quiere que si yo puedo ayudar y hay uno que está en necesidad, yo voy a ayudar.
Es decir, ahora mi hermano no está determinado por la elección del pueblo de Israel, no está determinado por la circuncisión, ni siquiera está determinado por la religión, está determinado por la necesidad. Donde haya necesidad, donde haya dolor, donde haya sufrimiento, ahí se espera la mano de un cristiano. Ahí se espera el testimonio de amor de un discípulo de Cristo. Ese es un ejercicio de Cuaresma. Y ahora que lo hemos aprendido, ¿qué sigue? Ponerlo en práctica. Que Dios te bendiga.

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