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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Amamos a Cristo porque hemos sido amados por Él y por amor a Cristo servimos a los que padecen las más diversas necesidades.
Homilía k011016a, predicada en 20200302, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
No te ha pasado a veces que una frase que has escuchado con mucha frecuencia y por muchas personas de repente descubres que quizás no es tan cierta. Te voy a dar un ejemplo que no tiene que ver con las lecturas de hoy, pero es para que nos entendamos. Desde que yo era niño he oído esta frase. Como dice: la Biblia ayúdate que yo te ayudaré. Siempre me habían dicho que esa frase era una frase de la Biblia, pero resulta que después de leer cuatro veces la Sagrada Escritura y de utilizar todos los recursos de la tecnología, te puedo asegurar con un cien por cien de certeza que esa frase no está en la Biblia. Lo de la ayúdate que yo te ayudaré no está en la Biblia, o sea, nos engañaron siempre. Bueno, un ejemplo menos trascendente y tal vez más provechoso es el que nos propone el Evangelio de hoy del Capítulo Veinticinco de San Mateo. Resulta que durante mucho tiempo he escuchado este pensamiento Tenemos que reconocer a Jesucristo en la persona de los necesitados, de los pobres. Reconocer es algo así como darse cuenta que esa persona que tiene hambre, que tiene sed, que está en la cárcel, en realidad es Cristo. Pero luego empecé a ver en las vidas de los santos y resulta que cuando ellos servían a los pobres, ellos no estaban reconociendo a Cristo en la persona de los pobres. Ellos estaban sirviendo por amor a Cristo, por amor a Cristo, estaban sirviendo a los pobres, que es algo distinto. Hay anécdotas que se cuentan de varios santos. Que yo me acuerde en este momento, un hombre, San Martín de Tours y una mujer Santa Catalina de Siena. Y en ambos casos se cuenta cómo en un momento de caridad se desprendieron de algo muy valioso, por ejemplo, una capa. Por ejemplo, un abrigo, un abrigo realmente valioso por aliviar el frío, por hacer más llevadera la situación a un pobre. Y en ambos casos recuerdo muy bien el de Santa Catalina. La persona no estaba viendo ahí a Jesucristo, estaba viendo a una persona que sufre y por amor a Cristo estaba sirviendo a la persona que sufre. Solo después, después de unas horas, aparece esa misma persona ante la oración de Catalina y entonces ella se da cuenta que ahí estaba Cristo. O sea que realmente lo que propone el Evangelio no es, no es este orden. Tú miras al pobre, después número dos, reconoces a Jesucristo en la persona del pobre número tres, entonces ahora vas a servir a Cristo, a quien ya reconociste en la persona de los pobres, número cuatro Cristo te dice: Venid, benditos de mi Padre, a heredar el reino de los cielos. Esa es la secuencia que hasta cierto punto yo había conocido. Yo había oído en la predicación tradicional. Pero si uno mira en detalle el Evangelio, no es eso. Cristo no dice: Benditos vosotros, porque me reconocisteis, sino benditos vosotros, porque servisteis a mis hermanos humildes. Entonces nosotros no somos llamados a reconocer a Cristo, porque como decía San Vicente de Paúl que tenía que saber mucho de esto, hay mucha distancia entre muchos pobres y Cristo. Decía San Vicente, muchas veces son rudos y muchas veces son ingratos. Y así no es Cristo. Entonces, el arte no está en que yo reconozca a Cristo en la persona del pobre, no, no, no. El arte, lo importante no es eso. Lo importante es que por amor a Cristo yo sirvo a esas personas, porque sé que también Cristo me amó sobre toda medida, y porque sé que aunque yo no lo reconozca, Él está ahí. Entonces quitemos el verbo reconocer y digamos más bien amamos a Cristo porque hemos sido amados por Cristo. Y por amor a Cristo, servimos con amor a los que padecen las más diversas necesidades. Parece que eso está más cerca del sentido precioso del Evangelio de hoy.

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