Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo está en el que padece, pero también está dentro de nosotros moviéndonos para que seamos capaces de compadecernos.

Homilía k011012a, predicada en 20170306, con 4 min. y 43 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo número Veinticinco de San Mateo. Es un pasaje bastante conocido que nos habla sobre cómo finalmente seremos juzgados en el amor, según la hermosa expresión de San Juan de la Cruz. No hace mucho terminábamos la celebración del Año de la Misericordia y creo que este pasaje fue meditado muchas veces. Corresponde a lo que solemos llamar en catequesis y en teología las obras de misericordia corporales. Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar al que está en la cárcel y así sucesivamente.

¿Qué podemos aprender de este pasaje en los ecos de tantas reflexiones sobre la misericordia? ¿Y además, en el contexto de la Cuaresma que recién hemos empezado? Podemos aprender ante todo, que Cristo tiene muchos vestidos. Que Cristo está presente de muchas formas y que no siempre es fácil reconocerle. Él dice: Tuve hambre y me disteis de comer, pero no lo reconocíamos a él. Veíamos una persona hambrienta, no lo reconocíamos a él directamente. O sea que Cristo está como oculto en tantos rincones de la historia humana. Cristo está como escondido, podríamos decir, con diversos vestidos en distintos lugares de nuestra sociedad y muy particularmente junto a aquellas personas que sufren, que son excluidas o que no cuentan.

Muchas veces el Papa Francisco nos ha hablado con el lenguaje clarísimo de la acción. No nos quedemos simplemente en sentimientos o buenas intenciones. Es preciso llegar a la acción, marcar una diferencia. Pero volvamos al tema del Cristo que está escondido. Cristo al que es difícil reconocer. Voy a proponer algo. No está Cristo escondido solamente en la persona a la que atendemos. Es Cristo también quien dentro de nosotros despierta la capacidad de compadecernos. Es decir, Cristo no solamente está del lado del mísero, sino que es Cristo también el que alienta, el que unge, el que transforma y da fuerza al Corazón del Misericordioso. Cristo está en aquel que padece, pero Cristo está también en aquel que se compadece. Y esto podría explicar por qué esa clase de obras, que son completamente materiales y corporales, reciben, sin embargo, un premio que es espiritual y celestial.

La razón es que no se trata solamente de lo que se hace, se trata de que Cristo, viviendo en nosotros, está haciendo esa obra. Y el Cristo que vive en nosotros, el Cristo que reina en nosotros, es el mismo Cristo que nos recibe en el último día. En esto hay tantas comparaciones tan bellas. Recuerdo un sacerdote que predicaba muy bien sobre la confesión, el sacramento de la confesión, y decía Cristo claramente está presente en la persona del ministro, es decir, del obispo o sacerdote que da la absolución, porque esa absolución se da en persona de Cristo. Pero Cristo también está en el penitente. ¿En qué sentido? En que el camino del arrepentimiento, el camino del dolor por el pecado cometido, es un camino que Cristo podríamos decir sigilosa, secretamente, pacientemente, ha venido haciendo en el corazón de aquella persona.

Cristo está en el sacerdote, pero es Cristo el que ha hecho el camino y la obra en el penitente. Cristo está en el que padece, pero es Cristo el que ya está dentro de nosotros, moviéndonos para que también seamos capaces de compadecer.

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