Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Texto precioso que llama a tener los pies en la tierra y la mirada en el cielo.

Homilía k011010a, predicada en 20150223, con 2 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, hoy es un buen día para deshacernos de tres prejuicios que suele haber con el libro Levítico. El primero es que es un libro que trata de asuntos solamente para los sacerdotes. El nombre despista un poco, pero eso sería lo mismo que decir que el libro de los números solo les sirve a los matemáticos. En segundo lugar, hay la idea de que es un libro que solo tiene asuntos rituales. Y en tercer lugar, que es un libro cuyas prescripciones ya están completamente superadas. El marcionismo es una herejía que resurge continuamente en la Iglesia.

Ese tratar al Antiguo Testamento como cosa que ya no es válida, que ya no importa, que ya no dice nada. Uno se sorprende al ver el mordiente, ver la claridad, por ejemplo, en el texto de hoy. Y lo que uno se da cuenta es que en realidad este libro tiene un mensaje muy profundo que se puede sintetizar en la unión entre la vocación trascendente y la cotidianidad del pueblo de Dios. Pocos libros en el Antiguo Testamento y en realidad en toda la Biblia, muestran tan claramente que el pueblo de Dios ha sido llamado para la más alta santidad, como lo dice el texto: Seréis santos, porque yo soy santo. Pero esa santidad, que esa sublime perfección se experimenta, se vive y se practica en el cada día, en lo de cada día. Por eso, en el mismo pasaje que hemos oído, se habla de la santidad inmensa, inconmensurable de Dios y nuestro llamado a ser santos.

Pero luego hay advertencias tan concretas y casi tan caseras como aquello de que no estés llevando chismes de un lado a otro o cosas tan prácticas como aquello de no cuando vayas a juzgar, no pretendas favorecer al pobre, no pretendas honrar al rico. Son cosas que están mostrando lo que podríamos llamar pies en la tierra. Así que tal vez a pocos libros de la Biblia le queda tan bien el famoso dicho: Los pies en la tierra, la mirada en el cielo. O como dirían tal vez los filósofos, la unión entre lo trascendente y lo inmanente, la unión entre nuestra vocación celestial y nuestro camino por esta tierra.

Como se ve, es una enseñanza que siempre necesitamos. Es un llamado que se hace particularmente urgente y bello en los sacramentos y es también parte, por supuesto, de nuestra vocación.

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