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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cohesión profunda del Levítico es la unión entre lo trascendente y lo cotidiano; entre el amor a Dios y el amor al prójimo.
Homilía k011009a, predicada en 20150223, con 4 min. y 21 seg. 
Transcripción:
La primera lectura del día de hoy se encuentra tomada del Capítulo Diecinueve del libro Levítico. En una primera ojeada diríamos que se trata solo de una serie de mandamientos, una serie, una serie de prescripciones. Haz esto, no hagas esto otro. No parece haber demasiada conexión entre las distintas recomendaciones, preceptos y órdenes que están en ese breve texto tomado, como ya he dicho, del Capítulo Diecinueve del libro Levítico. Pero sí hay conexiones que podemos encontrar, o por lo menos si hay relaciones bien interesantes. Por ejemplo, observemos esto. Nos dice este libro Levítico: Seréis santos, porque yo, el Señor, soy santo. El llamado a la santidad es lo que podríamos llamar una vocación trascendente, un llamado trascendente. La santidad está indudablemente por encima, por encima de todo lo que podemos imaginar o pensar. La santidad sobrepasa, está por encima. Pero ese llamado trascendente va unido a preceptos concretos, casi cotidianos. Por ejemplo, aquello de no retengas el salario del que es pobre o aquello otro de no explotar o aquello de juzgar con justicia, sin dejarse llevar por una fácil compasión hacia el pobre o por un temor ilógico, irracional frente al rico, juzga con justicia. O sea que la primera enseñanza que podemos aplicar de este pasaje es que lo trascendental y lo concreto, lo cotidiano, no están separados, en nuestra vida cristiana. Estamos llamados a mirar a lo muy alto y al mismo tiempo a mirar a lo muy cercano y aprender a ser creyentes y ser cristianos y ser coherentes en lo cotidiano, como diríamos con los pies bien puestos en la tierra, pero al mismo tiempo con la mirada muy hondo, muy hondo, en lo alto de los cielos. Unir lo trascendental y lo categorial, lo supremo y lo cercano, lo cotidiano por una parte, y lo infinito, por otra parte, es una bella lección. Otra lección parecida la podemos tomar del hecho de que algunos de estos preceptos tienen que ver con el amor y respeto hacia Dios, y otros preceptos que van hermosamente trenzados con los anteriores tienen que ver con el amor y el respeto al prójimo. Esta también es una lección. No podemos despreciar la referencia a Dios, que es el verdadero Santo, que es de donde nos viene la genuina libertad, eso no lo podemos despreciar. Pero tampoco podemos olvidarnos de cómo ese amor a Dios, si de veras nos está transformando, transforma nuestra manera de relacionarnos con el prójimo. Así que si la primera enseñanza era tenemos que conectar ojos en el cielo y pies en la tierra, lo trascendental con lo cotidiano. La segunda enseñanza es, tenemos que saber conectar el amor al Dios perfectísimo con el amor al prójimo, que suele ser bastante imperfecto. Y esa es la vida cristiana, esa es la vida nuestra. Es la vida que no se pierde en lo cotidiano porque tiene un norte trascendente, pero tampoco se queda amando solo a Dios, olvidado del prójimo que tiene tan cerca. Lecciones preciosas, lecciones útiles, lecciones para Cuaresma que nos ofrece nuestra Madre, la Iglesia.

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