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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La misericordia no es un adorno de vidas piadosas: es parte integral de la justicia porque evita que se perpetúen diferencias y divisiones en el tejido social.
Homilía k011006a, predicada en 20120227, con 4 min. y 35 seg. 
Transcripción:
Las lecturas de hoy nos hacen un fuerte llamado a la justicia. La justicia conviene asociarla con otras dos palabras con la palabra orden y con la palabra paz. Porque donde no hay justicia hay un desorden. Y sabemos que ese desorden va a romper la paz. Por algo el Papa Pablo VI decía que la justicia era el nuevo nombre de la paz. Una sociedad que cuida de la justicia está pensando en un futuro en paz. Una sociedad en la que cada uno busca únicamente su propio provecho. Una sociedad en la que la gente utiliza su cuota de poder para enriquecerse o para vengarse o para dar privilegios a sus amigos, está preparando violencia. Es muy importante que sepamos que no va a llegar la paz si no es a través de un camino de construcción de justicia. Especialmente la primera lectura de hoy, la del Capítulo Diecinueve del libro de Levítico, es muy insistente en ese punto. Pero luego tenemos el Capítulo Veinticinco de San Mateo, en el cual hay algo más que justicia. Porque cuando uno piensa solo en términos de lo justo, muchas veces se queda corto. Hay muchas personas que consideran enteramente justo disfrutar la fortuna, la herencia, los recursos que les ha dejado la familia. Pero si lo examinamos bien, esta especie de justicia puede terminar en una gran injusticia, porque entonces el que ha recibido más, el que tiene mejores posibilidades y más puertas abiertas, pues va a lograr todavía mayores recursos y todavía va a lograr mayores posibilidades. Y esto no termina. Por el contrario, la persona que llegó a esta vida con una gran carencia de recursos, no solamente económicos, sino a veces morales, intelectuales, anímicos, afectivos, pues precisamente porque tiene menos, también carece de las posibilidades para avanzar, para salir de ahí. Y con esto entonces estoy diciendo que el que piensa solamente en términos de justicia puede decir pues yo no le estoy quitando nada a nadie, simplemente mi familia me educó muy bien, mi familia me ha dado grandes posibilidades. Nosotros no robamos a nadie que nadie nos robe a nosotros, pero a la vez esas personas están asegurando cada vez más y más su lugar, su clase social, sus privilegios. Eso no puede estar de acuerdo con el querer de Dios. Entonces es ahí donde aparece una forma suprema y sublime de justicia. Que raya en la misericordia y en la caridad. Es decir, la misericordia no es un adorno bonito que le ponemos a una vida cristiana ya organizada, ordenada y perfecta. La misericordia es parte integral de la justicia. Porque el que no habré de su vida, de los tesoros económicos e intelectuales, de los recursos afectivos, anímicos, de la creatividad, del intelecto, de las amistades. El que no abre esos tesoros para compartirlos con otros está cometiendo injusticia, porque está perpetuando una continua separación y una continua división que tarde o temprano estalla. Aprendamos entonces eso por el día de hoy. Que la misericordia no es un adorno bonito que le pones a tu vida. También la misericordia es parte de la justicia. Porque la misericordia es ese camino por el cual todas esas bondades sobreabundantes que han llegado a tu vida pueden también alcanzar a otros que también las necesitan.

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