Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Yo soy el Señor"

Homilía k011003a, predicada en 20000313, con 11 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Hay una palabra que se repite varias veces en la primera lectura de hoy: Yo soy el Señor. Y hay una figura que descuella en la lectura del Evangelio de hoy, el Rey. Se puede buscar una relación entre estas dos lecturas a partir precisamente de esta coincidencia. Porque toda la razón que da la primera lectura para esos mandamientos es, Yo soy el Señor. Desde lo primero que dice: Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. Y así sucesivamente. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. Amarás a tu prójimo. Yo soy el Señor. Eso es interesante, porque si nosotros le quitamos a esta lectura, ese estribillo, ¿Qué nos queda? Es una montaña de exigencias para con el prójimo.

Y resulta que el prójimo muchas veces no es tan simpático como para que uno haga todas esas exigencias que aquí se piden. Resultaría Dios pidiendo algo que es imposible para el corazón humano. Si le quitamos ese estribillo, lo que nos queda es una ley imposible de cumplir. Y no es el caso de esta ley que Dios ofrecía a su pueblo escogido. Porque lo que hemos dicho en el salmo es: Tus palabras son espíritu y vida. Y luego ese elogio tan hermoso. La ley del Señor es descanso del alma. ¿Qué tal eso? Imagínense ustedes un religioso que dijera: Yo descanso en las constituciones, le costaría un poquito de trabajo. Uno miraría así como por encima de las gafas iría ¿Seguro? La ley del Señor es descanso del alma. Los mandatos del Señor alegran el corazón. Qué más dice aquí: La voluntad del Señor, es pura.

Pero, quedémonos con esos dos. La ley es descanso del alma. Los mandatos alegran el corazón. Yo creo que si uno tiene descanso del alma en la ley del Señor, es muy difícil cumplir la ley del Señor. Yo veo muy complicada esa ley del Señor así. Y luego el otro que dice: Los mandatos del Señor alegran el corazón. Si uno no tiene alegría del corazón en los mandatos del Señor, eso está muy complicada, la la observancia de los mandatos del Señor. Muy difícil la veo. Cuando uno dice esto. Alguien que esté haciendo, entonces debe hacer este razonamiento. ¡Ah, ya comprendo! El padre lo que quiere decir es, que no solo tengo que hacer las cosas, sino que tengo que sentirme alegre de hacerlas. Como quien dice, se nos añadió otro mandato.

Otro mandamiento más que salió, como cuando le ponen a uno en el noviciado, porque ahora último no me ha tocado tanto. Y bueno, entonces usted le corresponde el aseo de este claustro. Yo cuando llegué al noviciado ni sabía que era claustro. Yo decía me imagino que eso equivale a este hall y pasillo. El claustro, me corresponde la sede de ese claustro. Pero luego me dicen otra cosa, como el trabajo es la ofrenda que usted le da a Dios y Dios no recibe ofrendas de mala gana, haga buena cara, que son dos mandatos. Primero trapear el claustro. Segundo ir viendo como queda brillante, ir viendo la sonrisa. Resultaron dos mandatos. Esto que suena ridículo. Esto es lo que hemos hecho muchas veces en la formación religiosa y en la formación cristiana.

Usted tiene que cumplir todas estas cosas, pero además, tiene que cumplirlas como si le gustaran. Si usted siente que se va a explotar, entonces tenemos otro mandato, no se estalle y así sucesivamente. No tiene sentido. Debe haber otra, otra solución. Porque antes ella tenía un mandato. Traté del claustro, luego le salía otro, traté del claustro y haga buena cara. Y luego otro. Y si le da rabia, hacer buena cara, no se estalle. Eso va acumulando una presión dentro de la persona que un día puede reventar en úlcera o en quién sabe qué modos de neurosis. Por eso digo aquí hay un catálogo que dice que la primera lectura nos presentó un catálogo de cosas que hay que hacer. Ojo, no jurar en falso pero en nombre de Dios. No explotar al prójimo ni con bombas ni con injusticias. No maldecir al sordo. No ponerle tropiezos al ciego. Temer al Señor. No ser parcial. Todas son cosas muy sensatas, pero todos son mandamientos. Pero ¿Quién cumplirá todos esos mandamientos? Ese es el punto. Y además le vamos a agregar otro, Sonría. Y luego otro cuidado con explotar. No solo no explota al prójimo, sino tampoco explota.

La lectura del Evangelio nos presenta otra serie de obras que tienen su parecido con las anteriores. Dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Acoger al forastero. Vestir al desnudo. Visitar al enfermo. Visitar al que está en la cárcel. El criterio aquí aparece de una manera distinta, pero relacionada con la primera lectura. Es el rey. Es el rey. ¿Y eso cómo se traduce? ¿Qué hacemos para que la moral no sea una montaña de exigencias? ¿Qué hacemos para que la ley sea descanso del alma? ¿Qué hacemos para que los mandatos alegren el corazón? ¿Qué hacemos? ¿Eso cómo puede suceder? Ya la primera lectura la de Levitico nos da una pista. Resulta que si uno revisa el Pentateuco en más de un lugar, o mejor dicho, en muchos lugares, aparecen preceptos. Dios dando preceptos. Pero el lugar, el pasaje más importante donde Dios da presentes, es donde da el Decálogo. Yo creo que ahí es donde empezamos nosotros a equivocarnos. ¿Por qué? Porque cuando a mí me enseñaron los mandamientos de la ley de Dios, omitieron lo más importante, el descubrimiento.

Cuando fui a la Biblia y fui a encontrar lo que ahí estaba, omitieron lo más importante. Si de pronto un protestante llega a oír estas palabras, dice lo que yo decía, lo de no hacer imágenes, se lo comieron. Pero es verdad que eso no aparece. Es verdad que eso no aparece, pero yo no tengo trauma con las imágenes porque eso ya está muy explicado. Y ese no es mi punto hoy. Lo más importante y lo que se comieron y es lo que nunca le enseñan en la catequesis. Y por eso uno llega así a viejo y no se da cuenta de las cosas. Es porque los mandamientos dicen: Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, el faraón del lugar de la opresión, y te di la libertad, y te di el pan del cielo, y te di agua de la roca, y tus pies no se hincharon. No te afectó el ácido úrico. No se hincharon los pies. El calzado No se te gastó. La ropa te duró. No te encerraste. Te alimenté. Te di agua. Te protegí con la nube. Te guié con la columna de fuego. Yo soy el Señor. Ahora cumple esto, esto y esto. A mí no me enseñaron los mandamientos así. Ahí está el problema.

Yo no sé qué vamos a hacer, pero como ustedes realizan todo un apostolado a través de sus amistades y a través de sus amistades y a través de sus conversaciones, ustedes pueden hacer mucho por renovar la catequesis de la Iglesia. Los mandamientos hay que enseñarlos distintos, hay que empezar diciendo, leamos en la Biblia. La Biblia dice: yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de esclavitud y de opresión, del pésimo dominio del Faraón, yo te alimenté, yo te di de beber, yo te vesti, yo te cuidé. Esa es la parte que hace falta. Solo la persona que se siente alimentada luego empieza a alimentar. La persona que se siente saciada empieza a saciar y por eso siente descanso en el alma. Porque siente que el mismo amor que ha llegado hasta él a través de él, pasa a los demás. ¡Qué hermoso ir a vivir nuestros compromisos así! Queremos ir a vivir nuestros votos, nuestras constituciones en esa dimensión. Y eso es lo mismo que sucede aquí en el Evangelio. Lo que pasa es que está muy escondido. Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre. Pero es que el Evangelio empieza en el Capítulo Veinticinco de Mateo, dice: el Hijo del Hombre ¿Cuál Hijo del hombre? El Hijo del hombre, el que nos ha sanado, el que ha multiplicado los panes, el que ha echado lejos a Satanás, el que nos ha curado, el que nos ha enseñado ese, ese es el Rey, el que nos ha amado tanto, ese es el Rey, y esa es la razón para vivir todas estas cosas.

Conclusión recibamos con abundancia los bienes de Dios, saciandonos de esos bienes de Dios. En la contemplación gozosa de esos bienes, descubramos todo lo que ha hecho por nosotros, deleitarnos en Él felices de ser suyos. Abramos las compuertas de nuestro corazón para que a través de nosotros, Él siga amando a las otras personas. Y cuando pase ese torrente de misericordia eficaz a través de nosotros, entonces diremos: La ley del Señor es perfecta. El descanso del alma, la norma del Señor instruye al ignorante, y los mandatos del Señor alegran el corazón.

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