Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¡Socorre a la vida en peligro!

Homilía k011002a, predicada en 19980302, con 7 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Nuestro Señor Jesucristo describe ese día último, ese juicio final en términos de una separación. Como el pastor separa a las ovejas de las cabras. Y el criterio para determinar ¿Quién es que? Está en estas obras, es decir, en reconocer a Jesucristo, el que sirve a Jesucristo, eso tiene a Jesucristo por Señor. El que no sirve a Jesucristo, aunque lo diga de palabra, no tiene a Cristo como Señor. Se trata de que simplemente el rey reconoce a los suyos. Estos son los de mi reino. Estos son aquellos de los que yo soy Señor y de los otros no soy Señor.

Y por consiguiente, esos otros tienen que irse. Reconocer a Cristo como Señor en esta tierra, para que Él nos reconozca como siervos suyos después de esta tierra. Y así como los señores de esta tierra piden ser servidos, así también Cristo pide ser servido. Y la manera de servirle a Él está en estas obras. Que Jesús describe de acuerdo con la costumbre y la piedad judías dar de comer, dar de beber, hospedar al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado. Lo que tienen de común estas obras de misericordia es que socorren a la vida cuando está en peligro. Esto se nota sobre todo en el caso del extranjero o del desnudo. Habría que actualizar de alguna manera esas obras. La ropa para nosotros, pues no es, no es un artículo que se regale, pero la tela y la ropa vieja pues se puede conseguir con alguna facilidad. Estos antiguos tenían muy poca ropa y era muy costosa, muy difícil de adquirir porque todo hecho a mano. Muchos pobres no tenían sino un solo vestido y hallándose ese vestido no se lo pasaron por la vergüenza, sino por la enfermedad, por la muerte.

El mandato entonces, de todas estas obras es, socorre a la vida en peligro, no dejes apagarse la vida, conviértete en ministro de la vida en peligro. Cuando Cristo te ha descrito en aquellas palabras del profeta se dice, la caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Al contrario, hay un dicho relativamente popular que dice: Para estar colgando mejor me callo. Y uno como que aplique un poco ese principio, no solo a uno mismo, sino a las otras personas. Descartamos la vida de hoy, descartamos la vida pobre, la vida frágil, la vida enferma. Si una persona no tiene como fuerza para presentarse, para sostenerse, le quitamos nuestra atención, le retiramos nuestro interés, separamos de él o de ella nuestro afecto. Su mandamiento aquí es al contrario, si una persona te parece débil, si te parece poco interesante, si es como una caña cascada, pues entonces merece tu atención, socorre la vida de él. Porque si tú atiendes la vida débil, la vida frágil, podrás comprender por qué Dios atiende tu vida, que es frágil y débil. Hay una cosa muy interesante y es que ningún santo de los que practicó las obras de misericordia fue persona enferma de escrúpulos, de miedos, de temor por su condenación. El que ve todos los días cómo Dios socorre a los más necesitados, aprende a confiar que cuando esté en necesidad, Dios me socorrerá.

El que está viendo con sus propios ojos cómo la vida frágil recibe la mano. Mi mano precisamente. El que ve todos los días cómo la vida frágil recibe una mano cuando se sienta frágil, también podrá creer en una mano que se le tiende. Pero es difícil, que es creer en una misericordia, en una compasión. Es difícil creer en esas cosas cuando yo no las he visto nunca. ¿Y cómo las voy a ver que están lejos de mí si suceden en otras vidas? ¿Cómo puedo creer en el Cristo compasivo si su compasión nunca sucede a mi alrededor? Fíjate que es lo mismo que nos dice otro Evangelio, sed misericordiosos y alcanzaréis misericordia. No, censuréis, no seréis censurados. La idea en el fondo es la misma, socorre la vida débil. Atiende la vida pequeña, la que parece poco interesante.

Te puedo asegurar que una persona con una mirada compasiva para ese otro, para su hermano, su hermano que no puede ser, hermano que se cae, su hermano que no logra vencerse. Te puedo asegurar que el que tiene una mirada compasiva para ese hermano débil, ese puede creer en la mirada compasiva de Dios para su propia debilidad. Y si tiene a Cristo por Señor, eso pertenecerá para siempre a la gracia y a la gloria del Reino del Señor.

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