Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La santidad de nosotros es el resultado de ser habitados por la santidad de Dios.

Homilía k011001a, predicada en 19970217, con 3 min. y 18 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Dice el refrán que las cosas se parecen a su dueño. El libro Levítico dice: Seréis santos, porque yo, el Señor, os elegí para que fuerais míos. Nos eligió para que fuéramos suyos. Somos heredad suya, posesión suya. Y Él hace sus cosas, él transforma sus cosas hasta hacerlas semejantes a Él. Cuando alguien habita en un cuarto, no una noche, sino durante un tiempo, poco a poco empieza a organizarlo, a decorarlo a su gusto y dice: Voy a quitar este cuadro, voy a mover este mueble, pondré aquí una silla, quitaré aquí este tapete. Y va retratando en ese lugar donde habita su manera de ser, su estilo.

Cuando Dios viene a vivir al corazón de una persona, pero no por una noche, sino por un tiempo. Dios empieza también a organizarlo y a decorarlo según una nueva manera de ser y empieza a quitar cosas y a poner otras, y traslada algunas y hace algún aseo y le cambia de color. Abre una ventana con una cortina, una nueva luz, un nuevo aire. La cantidad de nosotros es el resultado de ser habitados por la santidad de Dios. Cuando Él nos habita, nos hace semejantes a Él y nosotros vamos tomando el estilo de Él. Empezamos a hablar más a su manera que a la que nosotros creíamos nuestra, porque hasta ahora hemos llamado nuestro, lo que es quizás sobre todo fruto del capricho, fruto de la moda, fruto de lo que se acostumbra o simple fruto de oponernos a otras personas por no darles gusto a ellas. Dios, en cambio, hace que nosotros alcancemos nuestra verdadera belleza, nuestro verdadero ser.

Y cuando el corazón va siendo transformado por ese huésped divino que es el Espíritu Santo, entonces resulta semejante a Dios, y ese es un santo. Y como ese santo tiene el corazón de Dios, obra con las otras personas como Dios obraría con ellas. Y eso es lo que nos ha contado el Evangelio. Vamos a darle permiso en esta Eucaristía, vamos a darle permiso a Dios de que cambie la decoración, de que organice y pinte y limpie y cambie, y que nos haga semejantes a Él. Para eso lo único que se necesita es que Él esté algo más que una noche, algo más que un día. Hay que dejarlo vivir días y días. Ninguna casa se decora en un instante. Ninguna vida cambia así, simplemente en un momento. Dejemos que pasen unos días con Dios adentro y veremos lo que es luz y veremos lo que es amor.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM