|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fiesta de la Inmaculada es la proclamación de la primacía de la gracia, y desde ese ángulo, es una celebración profundamente dominicana.
Homilía inma043a, predicada en 20251208, con 12 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Hoy tengo oportunidad de celebrar esta bella fiesta de la Virgen junto con ustedes, mis queridos hermanos, que están en su camino de formación en Filosofía, en Teología. Por eso quisiera compartir algunos puntos de reflexión que tienen que ver con Santo Tomás y la Inmaculada y con la relación de la Orden Dominicana y la Virgen María, pensando precisamente en este momento de comunidad que estamos viviendo. Algunas veces se presenta a la Orden Dominicana como distante o poco fervorosa cuando se trata precisamente de esta fiesta y hay estudios teológicos. Uno de ellos es todo un libro que está ahí, en la biblioteca de nuestro convento sobre Santo Tomás y la Inmaculada. Podemos decir que en el imaginario popular se presenta a nuestros hermanos franciscanos como los grandes defensores de la Inmaculada, especialmente en la persona de Juan Duns Scoto y a Santo Tomás como renuente escéptico, distante de esa afirmación. De acuerdo con ese imaginario, cuando ya la Iglesia declara en el siglo diecinueve este dogma de la Inmaculada. Pues entonces eso se mira como un triunfo de la piedad sencilla y popular de los franciscanos y como una especie de derrota, entre comillas, de la teología tal vez más académica, más erudita de los dominicos. Pues alguna vez uno tiene que afrontar eso y tal vez ese día puede ser hoy. Vamos a explicar brevemente qué fue lo que pasó, qué era lo que pensaba Santo Tomás al respecto y por qué eso de ninguna manera significa menos amor o menos devoción de parte de nuestra comunidad. No se nos olvide que incluso en algunos momentos se nos ha llamado a los dominicos frailes de María. Santo Tomás estaba tratando de ser fiel tanto a los datos teológicos como a la antropología, y ahí es donde está el problema. La antropología, es decir, el conocimiento del ser humano y concretamente el conocimiento o la teoría que había en aquel momento sobre la reproducción humana. Sucede que en aquel tiempo se miraba el proceso de la reproducción en una analogía con el proceso de la agricultura. De tal manera que la parte masculina deposita una semilla y la parte femenina la mujer, es simplemente como la tierra que acoge esa semilla. Esa teoría de la reproducción humana la podemos mirar como la teoría de la pasividad femenina. La mujer era vista como enteramente pasiva y solamente había un principio activo de reproducción que estaba en el varón. Como así se miraba la reproducción de todos los seres humanos. Entonces surgía un problema, y es que si el varón es el único principio activo, entonces ¿qué significa eso? Significa que el varón tiene en sus glándulas. Tiene una especie de multitud de pequeños seres humanos que pueden ser sembrados en el cuerpo de la mujer. Se respondía a esa objeción. Todo esto es antropología o ciencia medieval. Se respondía a esa objeción diciendo: No, lo que sucede es que cuando se da el momento de la fecundación todavía no hay un ser humano, sino que es necesario que esa semilla que empieza a crecer en el cuerpo de la mujer en algún momento reciba alma. Y ya cuando hay alma, entonces sí hay ser humano. La palabra recibir alma en latín se dice: animación, es decir, recibir alma. La animación. Pero la animación es eso, recibir ánima. Entonces en la ciencia del tiempo de Tomas. Así era como se miraba la reproducción, que primero se daba una fecundación. Creo que esa palabra es más precisa que concepción. Primero se da una fecundación, pasan unos días, después se da la animación, pasan otros días y se da el nacimiento. Para Santo Tomás estaba claro que la vida de María fue una vida sin pecado. Eso no estaba en discusión. Lo que Santo Tomás no podía admitir era una concepción inmaculada, porque en ese momento, de acuerdo con la ciencia de aquella época, todavía no había ser humano, porque había esa teoría de la pasividad femenina. Hoy eso está completamente superado y entendemos muchísimo mejor qué sucede en la reproducción no solamente humana, sino de otras especies, pero con las herramientas que tenía Santo Tomás no podía afirmar que se diera una concepción inmaculada, porque en ese momento no había ser humano. Lo que él afirma entonces, es que María, entre el punto de la animación y el nacimiento, fue purificada de todo pecado. O sea, dese cuenta que él, en el fondo, si afirmaba lo que, diríamos la sustancia de esta fiesta, la sustancia teológica de esta fiesta, si la afirmaba Santo Tomás, porque lo que estaba diciendo es que ella efectivamente quedó libre de todo pecado. El tema es que el momento en el que eso sucedía es donde no acierta Tomás, porque está obviamente en el contexto de la ciencia de ese tiempo. Por ese motivo, entonces, no debemos nosotros considerar ni a Santo Tomás ni a la Escuela Dominicana de Teología como distante o opuesta a la afirmación de la Inmaculada Concepción de María. Este tema también es importante porque algunos partidarios del aborto pretenden apoyarse también en Santo Tomás para decir que al principio no hay ser humano y que por eso habría una especie de periodo. En los comienzos de la existencia humana en el vientre de la mujer habría una especie de periodo en el que es perfectamente lícito eliminar el producto de la fecundación, porque como no hay ser humano, entonces lógicamente no se configura propiamente la eliminación de un ser humano, ni podría considerarse al aborto. En esas primeras etapas se le podría considerar con la gravedad de homicidio. Pero de nuevo, fíjese usted que ese tipo de afirmaciones que usted la puede encontrar en internet, si usted busca Santo Tomás, aborto, va a encontrarse artículos, videos donde dice no: si Santo Tomás hubiera apoyado el aborto. Uno tiene como cristiano, pero especialmente como dominico. Uno tiene que tener estos temas muy claros para no dejarse estafar ni tampoco dejarse confundir o humillar. Claro, en la imperfección. De hecho, en la antropología defectuosa que conoció Santo Tomás, se podría pensar de esa manera como hay fecundación, pero todavía no hay ser humano, entonces la eliminación de esa especie o de ese ser vivo no supondría propiamente homicidio, porque ahí no hay eliminación de un ser humano. Pero de nuevo, todo esto depende únicamente de un conocimiento científico fallido o incompleto, que era el que había en esa época. Así que por favor, estar muy alerta. Estemos muy despiertos frente a lo que es la auténtica postura de la Orden Dominicana cuando se trata de la Virgen María y cuando se trata de la defensa de la vida. Dejando aparte estas controversias de tipo teológico y antropológico, solo quiero terminar invitándolos a que nos alegremos en otro puente, en otro, en otra conexión que tiene esta hermosa fiesta con nuestra vida espiritual y con nuestro carisma. Porque finalmente, si lo analizamos, esta fiesta de la Inmaculada Concepción es la proclamación de la primacía de la gracia. Es la Proclamación de la soberanía del amor redentor de Dios, que constituye a María de un modo absolutamente único, la constituye como la primera redimida y la constituye como la primera salvada. Ella misma lo dice en el Magníficat: Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. Ahora que no deja de haber ciertas controversias por el documento, la nota teológica que sacó el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre el título de María Corredentora. Sobre eso, pues, este servidor y muchas otras personas nos hemos podido pronunciar. Yo creo que es importante tener bastante claridad ahí, porque el énfasis unilateral en la parte activa de María dentro de la historia de la salvación nos puede hacer olvidar que ella es ante todo receptora de la gracia, y que ella es ante todo la redimida. Es decir, en ella, desde su Inmaculada Concepción, se muestra todo el poder de la redención, todo el poder de la gracia, todo el poder de la transformación que Dios ya hizo en ella y que Dios quiere hacer en nosotros. Ese es el sentido de la segunda lectura, la de la carta a los Efesios. Dios nos quiere inmaculados, como es inmaculada ella. Dios nos quiere obra de la gracia, así como ella en primer lugar y de modo eminente, es obra de la gracia. Sigamos esta celebración amando más y más a María, amando más a nuestro carisma y sobre todo, caminando tras las huellas de Santo Domingo, el gran predicador de la gracia.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|