
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María Santísima nos enseña a empezar el Adviento libres del pecado y disponibles para Dios, y nos recuerda que la perseverancia y la fidelidad siempre valen la pena porque culminan en el abrazo amoroso de Jesús.
Homilía inma042a, predicada en 20251208, con 5 min. y 25 seg. 
Transcripción:
El tiempo de Adviento se llena de luz y se llena de alegría con la fiesta de la Inmaculada. Para muchos, muchos cristianos, esta celebración trae recuerdos, recuerdos de su infancia, recuerdos de su primera comunión, recuerdos de celebraciones de religiosidad como son procesiones, congresos. Es decir, la Inmaculada está profunda, profundamente, podríamos decir, inserta en la espiritualidad cristiana. Y yo quisiera, con la ayuda de Dios, ofrecer una reflexión sobre la relación entre la Inmaculada y el Adviento. Porque podemos decir que la Inmaculada es al mismo tiempo el principio y el final del Adviento. Veamos por qué la Inmaculada está al principio del Adviento; porque ella nos describe. Ella dibuja ante nuestra mente cómo tenemos que abordar el Adviento. Observemos dos palabras que nos hablan del Corazón Inmaculado de María: la palabra libertad y la palabra disponibilidad. Dos palabras que están unidas. Libre del pecado. Disponible para Dios. Esa es María. Esa es la Inmaculada. María Santísima es aquella que ha quitado de su vida, primero por la obra de la gracia y luego por su propia voluntad. Ha arrancado de su vida todo lo que tiene que ver con el pecado. Su vida es pura. Su corazón es puro. Su palabra es pura. Su mirada es pura. Ella es la Purísima. De tal manera que María nos está mostrando lo que es libertad del pecado. Pero esa libertad del pecado no es para que ahora nos convirtamos en servidores únicamente de nuestros intereses, porque eso sería otro pecado, un pecado de soberbia. No, ella es libre del pecado porque ella es disponible para Dios. Por eso la frase de María describe perfectamente su corazón: "Aquí está la esclava del Señor", es decir, aquí estoy para la voluntad de Dios, aquí estoy para lo que Dios quiera. Esa es la disponibilidad de María. Así que María es libre del pecado y disponible para Dios. Y en ese sentido, María Santísima marca el comienzo del Adviento como diciéndonos: eso es lo que tú necesitas para vivir el Adviento. Lo que tú necesitas para que tu Adviento dé fruto es un propósito resuelto de apartar de ti, como dice la Carta a los Hebreos: "Arrojen lejos de ustedes el peso que estorba". Quiten de su vida el pecado y, sobre todo, aprendan a ser disponibles para Dios. Por eso decimos que María está en el principio del Adviento, porque nos está mostrando cómo hay que vivir todo este tiempo litúrgico. Pero María también está como una estrella que brilla al final del Adviento, mostrándonos que toda nuestra esperanza, que todos nuestros deseos no caen en el vacío, que todo lo que nosotros buscamos y anhelamos y esperamos no cae en el vacío, sino que toda esa búsqueda y todo ese camino nuestro encuentra su meta en el amor compasivo de Dios. Porque así como ella, desde la pureza y la virginidad, alcanzó el don de la fecundidad y de ser madre al final del Adviento, en Navidad, así también nosotros, si perseveramos con esperanza, si perseveramos con fidelidad, también nosotros tendremos ese encuentro pleno con Jesucristo. María está al principio del Adviento diciéndonos: aprende a vivir en gran libertad de todo lo que es el pecado y en gran disponibilidad para Dios. Y María está al final del Adviento diciéndonos: tu esfuerzo vale la pena, tu perseverancia no es en vano. Tu fidelidad encuentra su perfecta recompensa en el abrazo, en la sonrisa, en el amor mismo de Cristo que ya estaba contigo mientras tú caminabas y que ahora te recibe en la tierna sonrisa, en el dulce abrazo del Niño Jesús. Bendita sea tu pureza. Decimos con toda la Iglesia: "Bendita sea tu pureza, María Santísima, bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan hermosa belleza". Feliz día de la Inmaculada y a vivir con plenitud nuestro Adviento. Amén.

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