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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El camino de la Iglesia para declarar a María Inmaculada

Homilía inma041a, predicada en 20241208, con 16 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, el 8 de diciembre es una fecha que trae muy gratos recuerdos a muchos de ustedes, también a mí. Es una fecha que tradicionalmente, por ejemplo en Colombia, se reviste con las galas propias de las primeras comuniones. De hecho, en esta Eucaristía tenemos varios niños y alguna niña que van a hacer su Primera Comunión, y luego tenemos también bautismos. Por ejemplo, hoy tenemos el bautismo del querido Emmanuel, que está muy elegante, esperando esa hora única en su vida.

Este es un día que conduce nuestra mirada a la Santísima Virgen concebida sin pecado, para ser más precisos, concebida sin las manchas, sin la mancha propia del pecado original, según las palabras que utilizó prudentemente, sabiamente, el papa beato Pío Nono, el 8 de diciembre de 1854. Es decir, estamos cumpliendo? ¿Cuántos años son esos? Desde el 54 hasta el año 2024. Ya casi se cumplen 2 siglos, ¿no? Son como 170 años, creo.

Entonces, mis hermanos, viene el nombre de María y el rostro de María. Pero, si lo pensamos bien, la gran protagonista en esta fecha tan hermosa es la gracia de Dios, porque lo que estamos proclamando es el poder de la gracia divina que se anticipó, de alguna manera, por los méritos de Cristo. Se anticipó en la existencia de la Santísima Virgen, concediéndole una libertad interior para amar a Dios con todo su ser, sin falta, sin ruptura, sin interrupción.

Nosotros amamos a Dios, estoy seguro. Por eso estamos aquí. Pero nuestro amor muchas veces es un amor empañado, es un amor inconstante, es un amor roto. Muchos de nosotros, por ejemplo, recordamos la inocencia de nuestra niñez y sentimos que entre ese niño, esa niña, cuando fue bautizada, cuando hizo la Primera Comunión, y el ser que hoy tenemos, entre esos momentos de inocencia y nuestro presente, ha habido muchas rupturas, y se ha empañado la obra divina y se ha ensuciado. Hemos carecido muchas veces de la libertad para darle un sí rotundo a Dios, un sí total a Dios.

Pues bien, la gracia singularísima que recibió la Virgen le permitió a ella, siempre con el concurso de su propia voluntad, porque la voluntad de María no desapareció; le permitió dar un sí resuelto, permanente, firme, luminoso, desde el principio hasta el final de su existencia. Esa es la gracia que estamos recordando el día de hoy.

¿Y cómo llegó la Iglesia a afirmar algo así? Fíjate que pasaron bastantes años, ¿no?, desde los tiempos del Evangelio hasta la declaración del dogma de la Inmaculada. Son ciertamente unos mil ochocientos años. ¿Por qué tuvo que pasar tanto tiempo? Que el Espíritu Santo me ayude para dar una pequeña explicación de cuál era el problema teológico tan difícil que quedó finalmente aclarado con las palabras de este bendito papa Pío Nono.

¿Qué era lo que estaba pasando? Pues es que hay dos afirmaciones fundamentales que parecen entrar en conflicto. La primera afirmación es la necesidad universal de la salvación. Cristo es nuestro Redentor, Cristo es el Salvador y Cristo es el Salvador de todos. Toda la raza humana necesita de Cristo y toda la gracia de Dios viene por Cristo.

De acuerdo con ese pensamiento, grandes santos, como por ejemplo san Buenaventura, como el mismo santo Tomás de Aquino, miraban en María un episodio más de esa necesidad de la redención. Y parece lógico que, si tenemos necesidad de la redención, es porque hemos sido rozados, afectados o incluso aplastados por el pecado. Entonces, desde ese punto de vista, parece que el pecado en algún momento tenía que entrar en la vida, en el corazón, en el alma de María Santísima.

Ciertamente, estos grandes doctores trataban de explicar esa acción, esa interferencia del pecado, en los términos más leves. Por ejemplo, alguno de ellos decía que la acción del pecado fue mínima, que lo del pecado original fue muy pequeño en el caso de María, pero quedaba una insatisfacción.

Y aquí viene el segundo punto, la segunda verdad que entra en conflicto. Sucede que María no es cualquier persona. María Santísima es la Madre de nuestro Señor Jesucristo, Dios encarnado. De manera que su cuerpo, su corazón, son el primer lugar de habitación del Hijo de Dios, que es santo como el Padre es santo sobre toda santidad.

Entonces parece indigno. Esto es lo que empieza a poner a pensar a otros santos, como San Juan Damasceno, como San Germán de Constantinopla. Los pone a pensar: "Espérate un momento, si Cristo es el Santo de los santos, ¿cómo va a vivir Cristo?". ¿Cómo va a ser acogido Cristo en una morada que está manchada, así sea muy poco, que está manchada por el pecado? Ahí entra esa duda.

Y es aquí donde un sabio franciscano llamado Juan Duns Escoto hace una propuesta que empieza a ser el camino de reconciliación de estas dos verdades en conflicto. ¿Las dos verdades cuáles son? Primera, que Cristo es el único Salvador y Salvador de toda la humanidad y María es humana; como decía San Atanasio, ella es hermana nuestra según la naturaleza. Entonces, por una parte, que Cristo es Salvador de toda la humanidad y, por otra parte, que María Santísima, lugar de habitación del Hijo de Dios, no debía tener ni sombra de pecado para recibir al Hijo de Dios, no solamente recibirlo en su cuerpo, en sus purísimas entrañas, sino también por el hecho de la potestad natural que la Madre tiene sobre el Hijo.

Piense usted que las mamás enseñan a orar a los hijos. Las mamás educan a los hijos. Las mamás dan los primeros principios morales a los hijos. De alguna manera, la mamá tiene una potestad que es natural en la especie humana sobre el hijo. Entonces, ¿cómo era concebible que el Hijo Santísimo estuviera bajo potestad de una criatura que había sido rozada por el pecado?

Esas eran las dos verdades teológicas en conflicto. Y la propuesta que hace Duns Scoto, la propuesta que hace es la propuesta de una redención preventiva. Ese es un término un poco técnico, pero uno lo puede explicar.

Piense usted en algo, una palabra parecida a redención, que es la palabra salvación. ¿María fue salvada? Sí, ¿en dónde dice que fue salvada? Ella misma lo dice en Lucas, capítulo primero. Ella, cuando canta la grandeza del Señor, dice: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador".

Pero entonces, ¿cómo fue salvada? Ahí es donde viene la genialidad de Duns Scoto. Y ahí es donde viene la línea teológica de reflexión que condujo al Papa a declarar el dogma de la Inmaculada.

Piense usted en esto. Si una persona, por ejemplo, ha caído en el pecado, digamos que es una persona que vive en medio de los vicios, y esa persona es rescatada por una institución, por una familia, por unos amigos. Esa persona puede decir: "A mí me salvaron del mundo de las drogas", pero ahora piensa esto otro.

Imagínese que usted va caminando junto con un amigo, van hablando distraídamente, van a cruzar una calle y usted no mira que viene un carro a alta velocidad. Su amigo lo agarra a usted fuertemente, lo retiene e impide que usted sea atropellado por ese carro o motocicleta o lo que sea. Y usted le dice a su amigo: "Me salvaste la vida".

Usted se puede dar cuenta que el que fue salvado de las drogas cayó en las drogas, mientras que ese hombre que fue salvado de ser atropellado no fue atropellado, pero sí fue salvado. Esa es una imagen muy sencilla de lo que sucede con María Santísima. Eso es lo que llamamos redención preventiva. Es decir que ella fue salvada sin caer.

Esta misma idea la han profundizado otros santos; sobre esto tiene una reflexión muy bonita, que no voy a repetir ahora. Santa Teresa del Niño Jesús. Santa Teresita, también llamada así, es muy conocida por su educación. La educación que nos da en el camino espiritual, especialmente ese caminito de la confianza en el Señor y la infancia espiritual.

Pero Santa Teresita tenía unas luces grandes del Espíritu Santo y, al examinar ella su propia vida, se daba cuenta de que Dios la había perdonado, pero no solamente le había perdonado los pecados que había cometido, sino que la había perdonado en el sentido de evitarle caer en pecados.

Esto se nota muchísimo en latín a través de un verbo que se proclama en las Letanías de la Virgen. Bueno, en las letanías en general, donde nosotros le decimos al Señor: Parche. Eso existe también en inglés con el verbo spare spoiler. El verbo spare en inglés o el verbo parcere en latín están indicando el ser preservado de algo malo, algo que no te sucede; como quien dice, tú fuiste eximido de ese problema. Tú fuiste eximido de ese pecado. Tú fuiste eximido de ese dolor. The Lord Spared Us. El Señor nos preservó. Nos preservó de algo. Ese es el sentido.

Entonces, a partir de las reflexiones de Scott. A finales del siglo XIII, y luego otras reflexiones que siguen, especialmente en maestros franciscanos, hay que agradecer a los franciscanos lo que hicieron en este camino de la Inmaculada. Se llega a Pío Nono. Y Pío Nono, reflexionando en lo que había dicho Juan Damasceno ya desde el siglo primero, y Germán de Constantinopla, y Duns Scoto y todos estos santos doctores, llega a afirmar que esas dos verdades que yo mencioné antes no se contradicen.

Es decir, que Cristo es redentor de todos por una parte, pero que al mismo tiempo María estuvo libre en todo momento de pecado, es decir, que ya fue, según la expresión de Scoto, fue redimida preventivamente, como dice el enunciado del dogma de la Inmaculada; en palabras de Pío Nono, dice en atención a los méritos futuros ex previstos Meritis Christi. En previsión de los méritos de Cristo, ella fue redimida, fue salvada del pecado.

Ella es redimida como nosotros, pero de un modo eminente y sublime, en razón de la misión que tenía. Es un poquito de teología que espero que sea comprensible para todos y que nos ayude a amar más nuestra fe y amar más a María.

Un último punto que me parece fascinante en esto de la Inmaculada, cuando se habla de los privilegios de la Virgen. Uno puede pensar que ella, como decimos aquí en Colombia, no es que ella ?tenía corona?, como quien dice; a ella no le pasaba nada. Es exactamente lo contrario.

Como muy bien lo explica Santo Tomás de Aquino, la ausencia de pecados no nos vuelve insensibles, sino más sensibles, y la ausencia de pecado no hace que seamos menos atacados, sino más atacados. Y por eso no hay carne más sensible, no hay corazón más sensible, ni hay corazón más atacado que el corazón de Jesús. Y después del corazón de Jesús no hay corazón más sensible, no hay corazón más atacado, ni que haya sufrido más que el corazón de María.

O sea que decir que María es Inmaculada no es decir que Dios la blindó frente a todos los dolores y las dificultades y las privaciones que tiene esta vida. Fíjese la precisión de las palabras de Pío Nono; Pío Nono dijo, fue preservada de la mancha o de las manchas del pecado original. Eso significa que otras consecuencias del pecado original. Eso incluye el dolor, la enfermedad, la calumnia, la crueldad sufrida. Todo eso lo conoció la Virgen.

O sea que llamarla inmaculada no quiere decir estaba blindada y no sufría. Y la pasó de maravilla en esta tierra. No, su Corazón Inmaculado, su Cuerpo purísimo, conocieron el dolor en un grado que nos cuesta trabajo a nosotros imaginar, así como también nos cuesta trabajo imaginar todo lo que significa ser inmaculada en su alma.

Demos gracias a Dios en esta celebración de la Inmaculada. Continuemos esta celebración. Alegrémonos con ese niño que tiene ese nombre tan, tan hermoso, tan navideño, tan apropiado para esta época y también con los niños que van a recibir a Cristo por primera vez en la Eucaristía.

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