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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Este es un día para contemplar, asombrarnos y agradecer todo lo que Dios ha hecho en la Santísima Virgen, lo cual nos llama al compromiso: ¿cuál es mi respuesta al amor divino?
Homilía inma037a, predicada en 20221208, con 4 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Nosotros celebramos la Inmaculada para celebrar, en su máximo esplendor, el poder de la gracia de Jesucristo. Todo lo hermoso que hay en María, todo lo virtuoso que hay en María, toda la intercesión, la fuerza de la intercesión que hay en ella, todo proviene de Cristo. Así lo afirmaba ya claramente el Papa Pío IX, cuando declaró, hace algo más de 150 años, el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Y es impresionante pensar que todo lo que hay en ella es regalo. Todo lo que hay en ella es gracia. Por eso también la llamamos, con la Biblia, la llena de gracia. Todo lo que hay en ella es regalo. Y esto, esto es impactante por dos motivos. Primero, porque nos muestra el bien inmenso que nos hace contemplar a María. Contemplar a María es como ver en un solo sitio todos los regalos de Dios. ¿Has visto lo que es, por ejemplo, un joyero, un relicario, uno de estos lugares donde se reúnen, donde se agrupan las joyas? Bueno, María es algo así como eso, como el tesoro de las joyas de Dios, el tesoro de los tesoros de Dios. Y por eso María nos hace tanto bien. La belleza de ella nos hace tanto bien. Nos trae alegría, nos trae esperanza, nos trae gozo, nos trae la certeza de que el Evangelio es posible; verla a ella es ver al Evangelio realizado, es ver al Evangelio en acción. Es en primer lugar. Pero en segundo lugar, pensemos una cosa: ¿y los regalos que Dios me ha dado a mí? ¿Y los regalos que Dios te ha dado a ti? Es que no es solamente que Dios le concedió tantos regalos a ella. Es que ella los recibió. Y una cosa es que Dios dé y otra cosa es que uno le reciba, porque nuestra resistencia a la gracia, nuestra indiferencia frente al amor, la sordera de nuestros oídos, la ceguera de nuestros ojos frente a todo lo que Dios hace, todo eso produce que muchos regalos se queden sin abrir, que muchos regalos ni siquiera los hayamos recibido. Yo pienso que este es un día muy hermoso. Yo pienso que la fiesta de la Inmaculada es una fiesta preciosa por esas dos razones. Primera, porque nos llama a la contemplación, a asombrarnos y agradecer y alegrarnos en todo lo que Dios ha hecho en ella. Y segundo, porque nos llama al compromiso. ¿Qué pasa con lo que Dios está haciendo en mi vida? ¿Cuál es mi respuesta? La Inmaculada, a lo largo de su vida, nos muestra su respuesta. Pero, ¿y mi respuesta? ¿Qué? ¿Cuál es mi respuesta? Gocémonos en esta celebración de la Inmaculada. Y así como está puesta en la mitad del Adviento, que ella, con su intercesión, haga santo nuestro Adviento, para que Cristo reine profundamente en nuestras vidas y en la sociedad. Amén.

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