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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida de la Virgen María está sellada por la gracia y por lo tanto es un camino de servicio al plan de Dios, que incluye los máximos sufrimientos y renuncias y los más duros ataques.
Homilía inma035a, predicada en 20211208, con 6 min. y 20 seg. 
Transcripción:
8 de diciembre: Nuestra Iglesia Católica celebra el día de hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Es una de esas afirmaciones de fe que tiene nuestra Iglesia Católica y que a veces no se entiende. Incluso hay personas que piensan que todas estas afirmaciones preciosas que hacemos sobre la Virgen son como privilegios que, de alguna manera, la hacen distante porque la hacen distinta de lo que vivimos el común de los mortales, es decir, Inmaculada María Inmaculada, ella; los demás, pues no tenemos esa condición. Y lo mismo podríamos afirmar: impecable, que ha vivido sin pecado; ella asunta a los cielos; ella, virginidad perpetua y maternidad divina, ella. Entonces, hay personas -por lo menos hubo una época. Yo creo que eso ya está pasando, pero hubo una época- en la que se veían esas afirmaciones, esas preciosas afirmaciones de fe sobre la Virgen María, se veían como enclave de privilegios. Y había gente que decía que todos esos privilegios separan o distancian a la Virgen de todos nosotros, que tenemos, pues, una condición diferente. ¿Sabes? Es un poco el argumento que a veces se escucha en boca de los protestantes. Entonces dicen ellos, o algunos de ellos por lo menos, ¿no? María, una mujer como tantas mujeres, una creyente, una discípula, pero hasta ahí. El temor de algunos cristianos, repito, es que al afirmar cosas tan grandes y tan bellas de María, la estemos separando del resto de los discípulos de Cristo. Pero yo quiero decirte que cada una de las afirmaciones que la Iglesia Católica hace sobre la Virgen María también conlleva una cuota de sacrificio, una cuota de ofrenda por parte de Ella, y es una ofrenda muy grande. Piensa esto: el Corazón Inmaculado de María y su vida inmaculada los podemos comparar con una persona que tiene el corazón en carne viva, porque las costras y la mugre que el pecado ha traído a nuestra vida se parecen como una especie de concha de armadura, de callo, con el cual nosotros pretendemos defendernos. La vida de los santos no es una vida de menos sufrimiento, y la vida de aquella que es santa entre los santos es una vida de máximo sufrimiento. Cuando una persona vive en clave de inocencia y de obediencia a Dios, esa persona sufre más, más que cualquiera de nosotros, porque esa persona tiene ojos, los ojos que nosotros no tenemos, para darse cuenta del grado de maldad con el que Dios es ofendido y con el que ella misma es ofendida. Fíjate cómo le dijo Simeón a la Santísima Virgen: una espada te atravesará el corazón. La vida de la Inmaculada no es una vida sin dolor. Muy al contrario, es una vida de máximo sufrimiento, porque es una vida en carne viva. Además, la persona que está en la voluntad de Dios, como es el caso de María, es la persona que tiene las máximas renuncias, porque estar en el plan de Dios significa que primero va la voluntad del Señor, primero que la mía. Entonces, la vida de la Inmaculada es la vida de los máximos dolores, porque Ella sí sabe cómo se ofende a Dios. Es la vida de las máximas renuncias, porque Ella es perfectamente disponible para el plan de Dios. Y es la vida también de los peores ataques; ¿a quién ataca con más fuerza el demonio, si no es a aquellos en quienes ve que se le está dando la máxima gloria a Dios? Entonces, la vida de la Inmaculada no debemos imaginarla como una vida sin dolor, como una especie de princesa, con la imagen que tenemos de las princesas rosadas, de los cuentos de hadas o las princesas de este mundo. La vida de la Virgen María es una vida sellada por la gracia de Dios y, por lo tanto, es un camino, un camino muy duro, de los sufrimientos, de las máximas renuncias y de los peores ataques. Pero en todo ello, como desde el principio de su vida inmaculada, la victoria plena de Dios. Eso sí, pero a través de un camino que nunca fue fácil. Nunca, nunca fue fácil.

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