Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

María Santísima conserva todo su valor y su pureza para traernos al Señor, la santidad de Dios se refleja en ella sin mancha desde su concepción hasta su asunción al cielo.

Homilía inma034a, predicada en 20201208, con 5 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Feliz fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. 8 de diciembre, una fecha que el pueblo católico reconoce inmediatamente en muchos lugares. Nuestros hermanos en la fe recuerdan y celebran a María con un título que me parece bellísimo: la Purísima, Purísima, pura en grado sumo.

Jesús dijo entre las Bienaventuranzas: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Creo que esa bienaventuranza, pues todas, pero esa tiene un lugar muy especial. Cuando hablamos de María Santísima: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

¿Qué significa esta pureza de la Virgen? Significa tantas cosas hermosas. San Bernardo tiene un sermón que se llama "Sobre el acueducto", pero él no está hablando ahí de obras civiles ni de agua potable en la región de Clairvaux. Él está hablando de María Santísima, que es como ese conducto, ese acueducto que nos trae el agua de la salvación, que nos trae la vida. Y la pureza de la Virgen significa que esa agua, esa salvación, esa vida nueva, te ha llegado sin contaminación.

Pocas noticias pueden ser tan preocupantes en una ciudad como que se sepa que hay contaminación en el acueducto porque es el agua que todos utilizamos. Pues María es el acueducto, según el lenguaje de San Bernardo. Y este acueducto es limpio, es puro y, por consiguiente, lo que viene de Dios a través del corazón de María, a través de las palabras de María, a través de la mirada bellísima de María, lo que viene de Dios viene limpio, sin contaminación. Eso significa la pureza de la Virgen.

Otra imagen: cuando se habla de metales preciosos, se habla también de pureza. La pureza es importante, claro. ¿Y en qué consiste la pureza de un metal? Lo hemos comentado en otras ocasiones. La pureza de un metal significa que no tiene otra cosa, otra cosa que le quitaría su valor, que le quitaría su brillo y que le quitaría sus propiedades.

Por ejemplo, el oro, oro puro, tiene una ductilidad impresionante. Eso significa que el oro puede volverse láminas delgadísimas y no se rompe. El oro puede volverse hilos. Nuestros pueblos indígenas, por ejemplo, aquí en la región de Colombia, tenían esa capacidad: hacían tejidos de oro. Luego, en la colonia se hacían preciosas filigranas. Resulta que si el oro está contaminado, si tiene, por ejemplo, mezcla considerable y aun pequeña de estaño o de cobre, ya no funciona, ya pierde esa propiedad.

Entonces piensa lo que significa esa pureza de María. Significa que ella tiene todo su valor de mujer, de persona. Significa que ella tiene todo su brillo de santa. La santidad de Dios se refleja en ella sin mancha y que ella no ha perdido sus propiedades.

¿Por qué destaco esto último? Porque mira, el día de nuestro bautismo nosotros recibimos al mismo Espíritu Santo y la misma gracia de salvación que acompañó la vida de María. Pero muchos de nosotros tenemos que decir, tristemente, que hemos perdido nuestro brillo, que hemos perdido nuestras propiedades. Es decir, hemos perdido esa ruta original que Dios quiso para nosotros.

Ella no. Desde el principio, desde su Inmaculada Concepción hasta el final, en su gloriosa Asunción, María es de Dios, y María entrega a Dios, y María transparenta a Dios. Y por eso es justo que el pueblo católico hoy se alegre y diga: Bendita, bendita la Virgen pura, bendita la Purísima.

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