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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hoy celebramos la santidad inmaculada de la Virgen desde su concepción y el llamado más profundo de nuestra vida cristiana.

Homilía inma033a, predicada en 20191209, con 5 min. y 4 seg.

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Transcripción:

La fiesta litúrgica de la Inmaculada Concepción de la Virgen María se celebra usualmente el 8 de diciembre. Pero cuando el 8 de diciembre coincide con el domingo, lo propio litúrgicamente, y es lo que se hace en la mayor parte de los países, es pasar la celebración de la Inmaculada para el día 9 de diciembre. Es lo que tenemos precisamente este año que celebramos en la Inmaculada Concepción de la Virgen.

Mientras preparaba esta pequeña reflexión, me acordaba de uno de los cantos que tienen los misioneros de Jesús. Es un canto muy bello y además muy fácil de recordar, de esas melodías que se quedan contigo. En el coro de esa canción se repite: «Dios es capaz. Dios es capaz. Dios es capaz de hacer lo que dijo que haría»

Esa expresión, "Dios es capaz", que es una celebración del poder de Dios en primer lugar, pero también de su sabiduría y de su amor. Esa frase captura muy bien lo que significa para nosotros la Virgen Inmaculada, porque cuando miramos alrededor en nuestro mundo, encontramos que la mentira tiene tanto poder, se mete por tantas rendijas y espacios. Encontramos que el orgullo tiene tanto poder y se mete por las rendijas y espacios. Encontramos que la impureza, la envidia, la codicia, la traición parecen ser la norma en esta tierra. Parece que por todas partes. Nadie se libra.

¿Y qué es lo que nosotros estamos celebrando en la Inmaculada Concepción de la Virgen María? Estamos celebrando el comienzo bendito, glorioso, luminoso de una vida limpia. Dios es capaz. Dios puede sacar una historia humana inmaculada desde el principio. Eso es lo que celebramos hoy: Inmaculada Concepción de la Virgen, desde el principio hasta el final. Y el final se llama Asunción de la Santísima Virgen.

Es decir, que Ella, la amable, bellísima, bendita Virgen María, es la muestra más clara de que Dios es capaz. Es decir, que a pesar de toda su astucia, a pesar de toda su fuerza, a pesar de sus amenazas, el pecado no tiene la última palabra.

Y si tú lees Efesios capítulo 1, te das cuenta que también nosotros, según el apóstol San Pablo, estamos llamados a ser inmaculados en la presencia de Dios por el amor. Ella es la Inmaculada, pero nosotros, sanados, elevados, iluminados, guiados, potenciados por la misma gracia que hizo su obra en Ella, también nosotros estamos llamados a ser inmaculados.

Y tal vez cuando te miras a ti te sucede lo mismo que cuando yo me miro a mí. Yo miro esto que soy y digo: ¿Inmaculado yo? ¿Yo, Inmaculado, con tantos errores, caídas, pecados en mi vida? ¿Inmaculado yo? El pecado no tuvo poder en María. El pecado ha tenido poder en mi vida, pero el daño que el pecado hizo en mi vida no tiene la última palabra. Porque la misma gracia preventiva en la vida de María es gracia sanadora y, de nuevo, preventiva en mi propia vida.

Por eso, al celebrar así la Santidad Inmaculada de la Virgen desde el primer instante de su concepción, al celebrarla así, también estamos celebrando el llamado más profundo de nuestra vida cristiana. Por eso, feliz día, ¡feliz día de la Inmaculada!

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