Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cinco virtudes de la Santa Virgen Inmaculada.

Homilía inma032a, predicada en 20181208, con 31 min. y 32 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. La celebración de la Inmaculada es la celebración de la victoria de Dios. Hay un prefacio muy bonito en la Santa Misa, un prefacio de los santos que tiene estas palabras: Dios, que al coronar a los Santos, coronas tu propia obra. Cada obra buena tiene algo del sello de Dios. Cada vida recta tiene algo de la belleza de Dios. Pero la presencia del Señor en ningún lugar se siente con más claridad si no es en las vidas de los santos. Y particularmente ese perfume tan agradable, esa belleza incomparable, es la que encontramos en María. Es, pues, una victoria, una victoria plena de Dios.

¿Cómo logró Dios esa victoria? Porque la historia de la Virgen en esta tierra empieza con el hecho de ser Inmaculada y termina con el hecho de ser Asunta. Pero entre su Inmaculada Concepción y su gloriosa Asunción, María es un camino sin pecado, y esto causa gran asombro. ¿Cómo hizo Dios? ¿Cuál fue la clave para esta vida sin pecado? ¿Cuál fue la clave?

Pues podemos buscar distintas virtudes y nos vamos a dar cuenta que esencialmente están todas en ella. Pero yo creo que podemos destacar sobre todo cinco virtudes que son el centro de lo que quiero compartirles en esta homilía. Esas cinco virtudes las podemos recordar sabiendo que dos se refieren especialmente a la voluntad, dos se refieren especialmente a la inteligencia y hay una que recubre todo.

Las dos que se refieren especialmente a la voluntad son la humildad y la pureza, la humildad y la pureza. Las dos que se refieren más a la inteligencia son el silencio y la prudencia, y la virtud que lo recubre todo, la virtud que lo llena todo con la fuerza que viene de lo alto y que le da su belleza y su perfección a todo, es, por supuesto, la caridad.

Entonces, humildad, pureza, silencio, prudencia y caridad. Estas cinco virtudes son realmente una guía muy preciosa y además muy práctica. Con la ayuda del Señor, vamos a decir alguna palabra sobre cada una de estas virtudes y vamos a ver que el camino de María no quedó cerrado después de ella. Ella vivió esta perfección. Pero ese camino no está sellado para nosotros. Más bien, ella va delante de nosotros invitándonos a que también nosotros entremos por esos mismos caminos.

De las cinco virtudes fundamentales para recordar en esta fiesta de la Inmaculada: la humildad y la pureza, el silencio y la prudencia y la caridad.

Sobre la humildad. Tal vez lo más importante que debemos recordar aquí es que fue la principal defensa de María Santísima frente al demonio. Varios me habrán escuchado esa historia tan hermosa de San Antonio Abad, un santo del siglo III. Era un hombre de mucha oración y él tuvo muchos dones sobrenaturales.

Una vez que se dirigía a la ciudad, él vivía en el desierto. Cuando se dirigía a la ciudad, por algún motivo bajaba una montaña y vio que junto a él iban avanzando también a la ciudad una gran cantidad de demonios, cada uno más asqueroso y agresivo que el otro. Viéndose en esa compañía tan terrorífica, se dio cuenta también que cada uno de esos demonios llevaba distintas herramientas, distintas armas para atrapar a las almas allá en la ciudad.

Se dio cuenta que el arma predilecta, el recurso predilecto de los demonios, era la red. Esto es muy común en la lucha cuerpo a cuerpo. Se mete a la persona en una red y entonces ya no puede defenderse. Es muy fácil rematarla. Entonces él vio que estos demonios llevaban redes de muy diversas clases y entonces escuchó una voz que le decía: "Solo el humilde puede escapar cuando la red es tupida". Cuando la red es muy pequeña, pero el humilde es más pequeño, pues siempre puede escapar de todas las redes.

María, con ese don precioso de humildad, se volvió, podríamos decir, invisible para el demonio. Y eso también vale para nosotros. Un concepto de vanidad o vanagloria sobre nosotros mismos es como decirle al demonio: aquí estoy, dispárenme. En cambio, un corazón sencillo que solo quiere que la gloria sea para Dios, que no busca para sí mismo ni honra ni importancia, un corazón así es muy difícil para el demonio, muy difícil. No lo encuentra y no le acierta. Y lo que intenta no le funciona.

Y esto es fundamental porque el apóstol Santiago dice: resistan al diablo y el diablo se apartará de ustedes. Y ya también me han oído la explicación, creo yo, algunos. Porque el demonio se aparta de una persona sabiendo que los ángeles son más poderosos que nosotros. Porque cuando el ángel intenta envenenarte con la ira, con la envidia o con cualquier otra forma de pecado y se ve derrotado, es decir, cuando tú no caes en el pecado, entonces lo que él siente es como una tortura. Es como un latigazo para su soberbia.

Entonces, si el demonio ataca y tú no te dejas caer. Por ejemplo, en la lujuria, no te dejas caer en la envidia, en la ira. Si te ataca y no te dejas. Entonces, cada vez que no te dejas, es un latigazo terrible que cae sobre él, sobre la espantosa soberbia que tiene el demonio. Y por eso se aparta. Se aparta porque ya no quiere sufrir más, porque le duele demasiado verse derrotado por una simple criatura.

Por eso también en los exorcismos el demonio se retuerce de una manera espantosa. Apenas se menciona a la Virgen porque es la peor de sus derrotas. Es la derrota en la que no tiene ningún pretexto, no puede reclamar absolutamente nada.

Es muy grande el camino de la humildad. Y por eso hemos de pedir a Dios que nos conceda esa virtud. Porque además, detrás de esa humildad vienen una gran cantidad de bienes, como es, por ejemplo, el hecho de poder escuchar y otros que tienen que ver con las virtudes de la Virgen.

Incluso desde el punto de vista puramente mundano. La humildad, el anonimato, son un recurso extraordinariamente eficaz. El país más poderoso del mundo se dice que es Estados Unidos, y Estados Unidos se demoró muchos, muchos años, muchos, persiguiendo a un solo hombre llamado Osama Bin Laden. Les resultaba muy difícil encontrarlo porque él estaba mimetizado con la población. Es decir, sabía disolverse, hacerse desaparecer. Se volvía paisaje. No lo encontraban.

Es lo mismo que acabamos de decir: el perseguidor y el perseguido. Si necesitas un ejemplo más, acuérdate de Goliat y de David. Cómo la soberbia hace que Goliat ni siquiera pueda darse cuenta de que su derrota está tan próxima y, al mismo tiempo, cómo la humildad de David hace que él se apoye completamente en Dios.

Lo último que quiero decir sobre la humildad es que la humildad es la virtud de los pobres de Yahvé, y los pobres de Yahvé son los que tienen ya las antenas puestas en la dirección correcta para entender todo el Evangelio. Si la Palabra de Dios te suena demasiado extraña, si no es una palabra que tú estés buscando con avidez, tal vez hay dentro de ti una soberbia escondida, soberbia que a veces consiste simplemente en: yo quiero hacer mi vida como se me dé la gana, y eso es soberbia.

Tú no estás humillando a nadie, no eres una persona petulante. Tal vez eres una persona dulce y agradable, pero en el fondo de tu corazón hay una soberbia espantosa. Y esa soberbia consiste en que tú quieres llevar tu vida como se te dé la gana. Entonces, la humildad es fundamental.

La otra virtud que debemos mencionar con respecto a la voluntad es la pureza. Pero antes de la pureza, permítanme que hable del silencio, porque el silencio es virtud. El silencio en sí mismo no es virtud, es una manera corta de decir vida interior.

Silencio significa la capacidad de poner una barrera, de poner una aduana, poner una puerta. Y ese poner esa puerta que hace que no seas una invasión permanente del ruido y los intereses del mundo. Ese poder poner esa puerta define dentro de ti un espacio. En ese espacio tú eres libre. Es decir, el silencio es el comienzo de la libertad.

Hay muchas personas que han pasado muchos años sin descubrir el silencio porque viven al ritmo del mundo. El ruido y las voces y los negocios y los intereses y la música y, por supuesto, eso no es solamente sonido físico en nuestros oídos. Ruido también es la avalancha continua de publicidad. El chat interminable es estar siempre en una conversación a todas horas. Ese no poder definir un espacio, un tiempo.

El silencio es el comienzo de la libertad. Porque es la recuperación de ese tesoro que Dios te dio, del que nos habla de un modo tan hermoso San Juan Pablo II. San Juan Pablo II dice que cada persona nace con una capilla adentro. Cada uno de nosotros tiene una capilla en el corazón, tiene un oratorio. Tú tienes un oratorio adentro, un espacio que es tan absolutamente bello, porque es tu lugar de encuentro con el Dios eterno, con el Dios absoluto.

Pero hay personas que nunca visitan ese espacio, hay personas que nunca entran en sí mismas, están siempre hablando con alguien, conversando con alguien, haciendo una pregunta, recibiendo una sugerencia y entonces no llegan a entrar en ese espacio. Ese espacio es el comienzo de la vida interior. Y la vida interior es la única que puede darte la suficiente libertad, la suficiente independencia, tener independencia de criterio, tener independencia para, en un momento dado, decir: esto conviene o esto no conviene.

En ese pasaje que hemos comentado en otras ocasiones en el capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, San Pablo dice que no vayan a ser ustedes, niños a los que cualquiera lleva para cualquier parte. Pues eso es lo que sucede cuando una persona no tiene interioridad. Entonces todo el mundo dice: "Esto, pues para allá voy". Ahora dicen otra cosa; para allá voy. Eso es una hoja al viento.

La persona que tiene interioridad es una persona que es capaz de decir: un momento. Yo puedo pensar por mí mismo, un momento. Yo puedo discernir, un momento. Yo puedo saber si esto es o no es.

Decía Bernard Lonergan, el hombre que estuve trabajando en mi tesis doctoral. Decía que la gran pregunta de la razón humana no es la pregunta. What is it?, ¿Qué es esto? No, esa pregunta la puede tener hasta un gatito. La gran pregunta no esa. La gran pregunta es: Is it so?, ¿de verdad es eso? Y esa pregunta es la liberación intelectual. Lonergan habla de una conversión intelectual. La conversión intelectual es cuando tú eres capaz de preguntarte: este dice que es mi amigo, ¿es de verdad? Bueno, en ese caso, no sería "It is so, is it really?", o "is it really?", ¿de verdad?

Ella es entonces la persona que no tiene silencio; será siempre un juguete. Será un juguete del novio o de la novia, de los amigos, de las amigas, de la empresa en la que trabaja, de lo que publique, lo que publique el periódico. Será un esclavo de las fake news. La persona que tiene interioridad empieza a recuperar libertad. Y esa interioridad y ese silencio es hoy más necesario que nunca.

El Papa Pablo VI, felizmente canonizado para alegría de mi alma, él habla de eso. Cuán escaso es el silencio en nuestra época. Necesitamos ese silencio, esa desconexión la necesitamos. Y ese silencio y esa oración es la que hace que tú estés al mismo tiempo disponible para lo que vale la pena y no disponible para lo que no vale la pena.

Eso es lo que encontramos, por ejemplo, en la Anunciación, María tiene su corazón abierto al Dios que lo vale todo, lo merece todo, pero al mismo tiempo su corazón está cerrado para todo lo que sea falso, para todo lo que sea engañoso.

Hay una expresión muy bonita en el libro del Cantar de los Cantares. Ustedes saben, es un libro de amor. Y en el Cantar de los Cantares hay una expresión muy linda en donde la amada dice que su corazón es como un huerto cerrado que solo se abre para el Amado. Es decir, yo no soy para que me manoseen, yo no soy para que jueguen conmigo. Soy tan valiosa. Es lo que está diciendo la mujer del Cantar de los Cantares. Ay, yo soy tan valiosa que aquí solo entra el que es. Aquí solo entra aquel que me merece. Y eso es bellísimo.

Entonces eso es lo que significa la palabra silencio. Y esa es la importancia del silencio. Sin ese silencio seremos juguetes, seremos herramientas de otros, seremos instrumentos de otros.

El mundo le tiene miedo a las almas con silencio. Antes dije: el demonio le tiene miedo a las almas humildes. Ahora digo: el mundo le tiene miedo a las almas de silencio. Porque las almas, las almas plagadas de ruido, son los juguetes del mundo. Pero cuando el mundo llega hasta tus orillas y se da cuenta de que tú eres capaz de silencio, entonces eres un personaje raro. Eres un personaje sospechoso, pero bendito Dios. Y somos sospechosos como María.

Bueno, ya hemos hablado de la humildad y hemos hablado del silencio. Una virtud propia, muy propia, la voluntad. La primera y muy propia de la inteligencia, la segunda. Ahora nos devolvemos a la voluntad. Ahora sí vamos con el tema de la pureza.

Ya usted entiende por qué pusimos primero el silencio antes que la pureza. Porque, claro, la persona que no tiene ese espacio interior en su espíritu tampoco tiene conciencia de lo que vale su cuerpo.

A mí me parece que una verdadera educación sexual, por ejemplo, tendría que enseñar a niños y niñas. Pero siempre pienso más en las niñas, tendría que enseñar a niños y niñas cuánto vale cada célula de su cuerpo, cada parte de su piel, lo que valen tus labios, lo que valen tus senos, lo que vale tu sexo, lo que vale tu cola, lo que vale todo tu cuerpo, lo que vale una mirada tuya, lo que vale una sonrisa tuya.

Claro, si una mujer tiene interioridad, si una mujer tiene conciencia de su espacio interior y de ese templo que lleva adentro, pues esa mujer también sabe lo que vale. Un beso suyo no lo desperdicia, no lo da, sino más no lo devalúa. La mujer que ha besado a todos los hombres del pueblo, pues ha logrado que su boca sea insignificante. Besarla a ella es como nada. No vale nada. Esa boca no vale nada.

En cambio, la boca de la princesa vale muchísimo, porque esa boca no tiene acceso a nadie. Ella está reservada solamente para el hombre, que sí la merece.

Entonces, fíjate cómo la pureza está muy relacionada con el silencio. Y esto nos lo enseña la Virgen. A medida que la persona toma esa conciencia de su tremendo valor y de quien la habita, esa persona ni juega con nadie ni deja que jueguen con ella.

Y esto me hace acordar a una de las mejores predicadoras laicas que yo he conocido, una señora que por aquel tiempo ya debe estar bastante mayor, si todavía vive. Por aquel tiempo trabajaba en este movimiento tan interesante de encuentros de promoción juvenil y decía esta mujer algo muy bonito.

Bueno, a ver, el lenguaje va a ser un poquito fuerte, pero nos vamos a entender. Ella le estaba hablando a un grupo grande de muchachos y muchachas, que es el apostolado propio, y ella, que es una mujer casada, ella decía: "Yo nunca perdí mi virginidad". Entonces, claro, eso sonaba como extraño o como chistoso. Y ella decía: "Es que yo no perdí mi virginidad, yo no la perdí, yo la entregué y se la entregué a mi esposo, que era el único que la merecía".

Fíjate la gran diferencia que hay en eso. Entonces la pureza está ligada a la conciencia del valor, del valor que cada persona tiene. Y por eso la pureza, aunque requiere, claro, cierto esfuerzo, todos lo sabemos, y muchos, pues, conocemos las luchas que esto implica. Pero la pureza no es en primer lugar una negación. Es, en primer lugar, una represión. La pureza es más bien una elección sabia. Yo sé con quién y sé con quién no. Para un tiempo.

Tengo que recordar aquí la famosa frase, porque me impactó mucho, del cardenal Caffarra, tristemente fallecido este año. Un hombre muy bueno también. Él les hablaba a los jóvenes y les decía: ¿A quién de ustedes le gustaría escuchar la frase "te voy a amar con todo mi corazón" durante las próximas tres semanas? Esa frase no te gusta. Tú no quieres que te amen con todo el corazón durante tres semanas. Y la primera pregunta que le vas a hacer a esa chica o ese chico que te dice: "Te voy a amar durante tres semanas", es: Y "¿qué va a pasar el día número veintidós?". O sea, ¿por qué me vas a dejar de amar?

Eso demuestra que el corazón humano realmente quiere ser amado, así como dice la Iglesia Católica, así como dice el sacramento del matrimonio. Usted recuerda lo que se dice en el sacramento del matrimonio: ¿Aceptas a fulanita como esposa para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza todos los días de tu vida?

Feliz la mujer que se casa así. Esa mujer sabe: yo soy amada todos los días. Y si soy amada todos los días, soy amada toda yo.

En cambio, el que me dice que me va a amar por tres semanas, o por tres meses, o por tres años, no me está amando a mí. En realidad está amando lo que siente por mí, lo que siente por mí, lo que disfruta de mí, lo que goza de mí. Pero ese no me está amando a mí.

Entonces la pureza, en el fondo, tiene mucho que ver con la inteligencia. Esto lo desarrolla mucho Santo Tomás de Aquino. Él dice que la verdadera pureza afina y levanta la inteligencia y, por consiguiente, la impureza achata y destruye la capacidad de inteligencia.

Entonces llevamos tres: la humildad. Luego hemos hablado del silencio. Luego hemos hablado de la pureza y ahora tenemos que hablar de la prudencia, que va muy en esta misma línea.

No olvidemos que en las letanías clásicas del Santo Rosario a la Virgen se le dice la Virgen Prudentísima. Ella es la prudentísima y la prudencia en este caso es algo muy necesario para todos.

Yo creo que todos hemos fallado en esto. O sea, yo miro mi vida y predico de estas cosas y realmente le pido perdón a Dios. Porque uno ve que es muy bello su plan, pero claro, uno se ha quedado muy corto, muy, muy corto. Pero en fin, el protagonista es Él y no yo.

Y lo hermoso de la prudencia, ¿qué es lo hermoso de la prudencia? Es lo que Dios le dijo a Ezequiel: tú eres el centinela. Tú tienes que ver desde lejos.

¿Sabes qué es la prudencia? La prudencia es ver desde lejos, ver desde lejos el peligro que viene. Y es ver a lo lejos el bien que se puede construir.

En la Biblia, lo que más elogia en una mujer no es la belleza, aunque hay unos elogios lindísimos hacia las mujeres hermosas. Pero lo que más elogia la Biblia en las mujeres es lo que ustedes me están oyendo ahora: la prudencia.

Y un hombre que tenga buenas intenciones con una mujer, un hombre que tenga realmente buenas intenciones con una mujer, siempre va a querer que esta sea una mujer prudente, porque la mujer prudente es la verdadera aliada.

La manera como la primera definición que da de mujer la Biblia es compañía adecuada, es la adecuada compañía y esa compañía adecuada. O sea, tú. ¿Quién quieres que te acompañe hasta esa pregunta? ¿Quién quieres que te acompañe? Y tú dirás: yo quiero que me acompañe una persona que pueda ver el peligro cuando está lejos y pueda ayudar a construir el bien cuando todavía está lejos. Esa es la prudencia.

Entonces esa es otra razón por la que la tentación no tuvo ningún poder en la Santísima Virgen, porque ella veía desde muy lejos: ahí viene el peligro, aquí viene la tentación. Y esa virtud es clave. Esta amistad me conviene.

Tú te imaginas cuántas lágrimas, cuántos problemas nos ahorraríamos en la tierra si tuviéramos esa visión. Tú te imaginas lo que sería ver a lo lejos y darse cuenta realmente: esa amistad, o sea, no me conviene. No se trata de condenar a nadie, pero esa amistad a mí no me conviene. Eso ahorra demasiado.

Una vez tuve que escuchar a una mujer que estaba repleta de dolor por problemas de pareja, pero terribles, de esas cosas que uno realmente no sabe. No sabe ni qué decirle a la persona. Y en medio de su espantosa rabia, a veces la gente explota, ¿no? Y a veces explotan sin que les importe el que esté ahí. Y en este caso estaba yo. Y entonces dice ella, esto también va a sonar horrible: maldito el día en que conocí a ese señor.

Fíjese esas palabras. O sea, llegar hasta ese punto. Yo realmente yo ni conocía a ese señor y muy poco sabía esa señora. Pero mire, oír esa maldición para mí fue como si me pasaran un puñal por el corazón. Me parece algo tan espantoso, tan terrible. Pues traté como de hacerla recapacitar. Pero. ¿Pero usted se da cuenta?

¿Y por qué dice ella eso? ¿Por qué habla así? Porque no vio el peligro a tiempo. Usted sabe lo que uno se ahorraría viendo el peligro a tiempo. Usted sabe cómo tomaría uno mejores decisiones.

Pero además de esa cosa tan espantosa que tiene que ver con lo malo, también está lo bueno. O sea, ¿de cuántas cosas buenas te estás perdiendo porque no las ves? La prudencia es visión de largo alcance, para lo bueno y para lo malo.

Si tú tuvieras visión de largo alcance, podrías encontrar cuáles son las circunstancias, las personas, los libros, los estudios, los negocios, los contratos, los posgrados, los trabajos, las vicerrectorías, en fin. Entonces podrías ver todo lo que puede ser realmente bueno para ti.

Da mucha tristeza pensar que muchas personas pudieron estar muy cerca, muy, muy cerca de grandes bendiciones. Pero no las reconocieron.

En mi historia personal. Hay varias personas que me han hecho muchísimo bien. Entre ellas, varias mujeres a las que les tengo gratitud y se las tendré hasta la muerte. Yo me acuerdo en mi juventud, por allá en la época de mi grupo de oración, había varias señoras muy buenas, con unos dones de oración y de consejo muy grandes. En ese grupo de oración.

Y un día me hacía yo esta reflexión pensando en una de esas señoras que me había ayudado mucho y me había dado consejos muy oportunos, pero yo sabía los problemas que ella tenía en su casa y, sobre todo, sabía los problemas de desobediencia, de altanería, incluso de grosería de los hijos con esa señora. Y yo decía: ¿cómo es posible que no se den cuenta lo que hay ahí? ¿Cómo es que no se dan cuenta lo que tienen en casa?

También me ha pasado lo contrario. También me ha pasado que hay papás que no ven sino los errores y los problemas de los hijos y el problema. Pero si tuvieras ojos de largo alcance, tú verías que hay cosas muy buenas y seguramente podrías cultivar lo bueno en vez de estar peleando solo con lo malo.

Esa es María, en donde la visión de la prudencia de María se vuelve infinita; se vuelve infinita en un acto de fe acontecido en el Calvario. Esa parte, ahí yo llego hasta ahí y solamente me queda abierta la boca de asombro, porque realmente en la cruz fue como si se apagaran todas las luces. Y a pesar de todo eso, esta mujer permanece de pie y como penetrando con sus ojos purísimos y santísimos las tinieblas. Ella alcanza a ver la resurrección.

Esa es la prudencia. Ese es el posdoctorado en prudencia: la cruz. Llegar a ver la resurrección en esa noche, en esa tarde espantosa, ver la resurrección. Esa es la Virgen.

Mire, créanme que la Santísima Virgen es mucho más de lo que cualquier palabra humana pueda decir.

Caridad es lo que envuelve todo, porque sin caridad las demás virtudes se convierten en una especie de homenaje a sí mismo y se cierran sobre sí mismas. Oh, qué gran persona soy. ¿A qué altura he llegado? Y esperen a ver mañana. No, la caridad es la que le da sentido a todo esto y es tan hermoso pensar que ella fue bella, no para sí misma, sino para Dios.

Por eso dicen varios autores que, aunque ella es verdadera esposa de San José, hay también una relación esponsal de María con Dios. Por esta razón, porque mire usted cómo es una mujer cuando está enamorada. Le gusta arreglarse para él, para su novio, para su esposo. Estoy bonita para ti. Quería agradarte.

Entonces, la razón de la plenitud de virtud en María no es solamente quiero vencer a Satanás. No es solamente quiero ser buena. La razón de la victoria perfecta de María es: quiero agradarle a Él. Es mi amor.

Cinco virtudes en el orden en el que las predicamos. Entonces, a ver cómo es: la humildad, después el silencio, después la pureza, después la prudencia y después la caridad.

Espero, mis hermanos muy amados en Cristo. Espero que, con esta explicación que he tratado de hacer lo mejor posible, a todos nos quede clara una cosa: el camino de María no es solo para ella. O sea, ella en cierto sentido lo abrió. Así como cuando en esas fincas los jornaleros más valientes y más fuertes son los primeros en desbrozar el camino y detrás van los otros haciendo la obra.

María, como valiente trabajadora de la viña del Señor, abrió un caminito. Pero por ahí tenemos que avanzar también nosotros para la gloria de Dios Padre.

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