|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María Inmaculada: Inocencia, belleza, hogar de encuentro y lugar de origen del universo nuevo.
Homilía inma029a, predicada en 20171208, con 22 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Ilustrísimo señor Alcalde de Yecla; respetable y respetada Corporación del Ayuntamiento; muy queridos presidentes de la Asociación de Mayordomos y de la Guardia de Honor; queridos hermanos todos. Nos reúne esta fiesta que ha marcado durante siglos la población de Yecla. Por favor, llenemos de admiración el corazón frente a esa frase: siglos. Familias que han sabido transmitir de padres a hijos la hermosa tradición que celebra el día de la Inmaculada. Pidamos juntos por un instante el don del Espíritu Santo, para que mis palabras sean gratas a Dios y a los oídos de la Señora que también nos escucha. Y para que los corazones de todos estén dispuestos para recibir el mensaje que llega no solo a nuestra cultura, sino también a nuestro corazón. Un instante de silencio para pedir ese don del Espíritu Santo. Amados hermanos, hay cuatro palabras que quisiera que se quedaran con nosotros en este día tan bello y tan feliz: inocencia, belleza, encuentro y origen. Cuatro palabras estrechamente asociadas al corazón, a la vida y a la presencia de María Santísima en todas partes, pero especialmente donde es venerada y amada con tanta intensidad como sucede en este lugar. La primera palabra es inocencia. Etimológicamente, como sabemos, quiere decir el desconocer el mal. Una vida en la que el mal no ha tenido poder. Una vida limpia desde su primer inicio, desde su concepción. Una vida limpia. Una vida en la que pueden descansar nuestros ojos. Porque los ojos tienen que retirarse cuando descubren traición, cuando descubren mentira, cuando descubren suciedad. ¿Y cuántas veces sucede que aquellas personas a las que hemos admirado después nos decepcionan y tenemos que apartar los ojos de ellos? El brillo de la Santa Virgen es un brillo sin eclipses. No es necesario apartar los ojos de ella. Su mirada limpia nos invita a limpiarnos. La transparencia y brillo de su corazón, a la vez que eleva nuestra esperanza, cuestiona tantas cosas de nuestro mundo. Una de las palabras más repetidas para diagnosticar lo que sucede en nuestra sociedad en todos los órdenes de la sociedad, es la palabra corrupción. En las empresas, en los gobiernos, también en la Iglesia. Traición en la familia. División. Intrigas. Intereses propios. Todo ello fatiga nuestros ojos. Todo ello hace que tengamos que acumular miedo para ver las noticias. Ahora, ¿qué pasó ahora?, ¿qué más pasó? Hay un lugar donde puede posarse nuestra mirada sin fatigarse. Hay un lugar donde la corrupción no tuvo poder. Hay un lugar donde la limpieza no se perdió. Hay un lugar que vuelve a despertar en nosotros la nostalgia de ser limpios. Hay un lugar que tiene todavía la melodía y el perfume del paraíso original. Ese lugar es el corazón de la Virgen. Ese espejo precioso donde hasta Dios puede mirarse son sus ojos. Yo no alcancé a llegar para el descendimiento de esta hermosísima imagen que nos acompaña. Pero me contaban los que estuvieron que hubo abundancia de llanto al ver a la hermosa niña que hace su recorrido hasta esta basílica. ¿Por qué lloran nuestros ojos? ¿Qué es lo que presiente nuestra mirada cuando se encuentra con los ojos de ella? Lo que presienten nuestros ojos es que ella, lo mismo que nosotros, estamos hechos para la verdad, para la limpieza, para la pureza. Nuestros ojos lloran porque se han cansado viendo lo que no tenían que ver: odio entre hermanos, egoísmo y muerte, aborto y destrucción. No fuimos hechos para eso. Fuimos hechos para la segunda palabra, para la belleza. Fuimos hechos para la hermosura, para ser bellos y para ver la belleza. Pero una belleza que no engañe. ¿Qué clase de belleza nos presenta María? Si acudimos a grandes autores como Santo Tomás de Aquino, nos enseñan que la belleza está conectada con otra palabra: la armonía, la justa proporción. Llamamos bello aquel rostro que tiene la justa medida. La belleza es un lenguaje tan fuerte, es un lenguaje tan vigoroso, que ha podido resistir incluso ideologías contrarias. Llama la atención que algunos regímenes absolutamente opuestos a Dios y a la religión, al llegar a la belleza, han tenido que frenarse. Así, por ejemplo, el comunismo soviético no se atrevió a destruir las más hermosas iglesias, los legados más preciosos de la fe cristiana ortodoxa en Moscú y en otros sitios. La belleza tiene algo que nos hace detener, que produce reverencia. Porque estamos hechos para la armonía, para la justa proporción. Y eso es lo que encontramos precisamente en la Señora. Armonía, ¿qué significa? Que todo en nosotros vaya encontrando su lugar, como también en la sociedad. Armonía, que significa ese despliegue de hermosura que acoge a todos, que recibe a todos. La belleza tiene esa capacidad de congregar y de unir. Pero sobre todo, la belleza nos está recordando que nosotros mismos somos llamados a esa otra belleza, la que está más allá de lo que ven los ojos. Antoine de Saint-Exupéry lo dijo y es una frase que tiene su raíz en San Pablo: Lo esencial es invisible a los ojos. Detrás de una perfecta proporción, anhelamos eso que filósofos como Platón llamaron la justicia; no es solamente un equilibrio de fuerzas, es llegar a darle su lugar, su sitio, a cada cosa. Darle su lugar a todos. Es decir, que también los pequeños, que también los discapacitados, que también los necesitados, que también los menos útiles, que también ellos puedan encontrar su lugar. Y esa capacidad de belleza y de sitio apropiado y justo es lo que hace posible la tercera palabra, la palabra encuentro. ¿Cómo se ha alegrado mi corazón en las pocas horas que llevo aquí en Yecla viendo las distintas escuadras? Lo que más me emociona es ver ese encuentro de edades: los niños y los jóvenes, las familias, las mujeres, hombres, matrimonios, personas muy mayores. Todos tenemos esa capacidad de encontrarnos, esa capacidad de sentirnos familia. Don José Antonio me comentaba sobre el origen de este precioso templo y decía: "La intención original fue una casa donde cupiera todo Yecla" Una casa donde quepamos. Una casa donde podamos encontrarnos en un mundo marcado por tantas divisiones, en un mundo con tantos resentimientos, en un mundo con xenofobias y racismos y discriminaciones. Qué hermoso poder encontrarnos, pero encontrarnos sin quitar las otras palabras, sin quitar la inocencia de una vida limpia y sin quitar la belleza de una justicia para todos. Esta capacidad de encuentro es también lo que hace que uno pueda conectar distintos momentos de su vida, porque también es necesario hacer ese tejido interior, ese poder conectar los distintos momentos de la vida. Es algo que me fascina de estas tradiciones de España toda, y así lo hemos recibido también en países como el mío, Colombia. Cuando una tradición realmente hace camino en un pueblo, uno mismo logra reencontrarse con lo que uno fue. Yo me imagino, por ejemplo, estos mayordomos, estas escuadras que llevan años con su vestido de fiesta, y volverte a poner el vestido no es solamente un uniforme, es volver a encontrarte con el niño que un día también caminó por estas calles, es volver a encontrarte con el joven lleno de ilusiones. Esa capacidad de encuentro y esa capacidad de reconciliación es un mensaje muy necesario para nuestra sociedad, como lo comentaremos, si Dios permite, en otros momentos de nuestra Novena. La última palabra es origen. Si cada uno de nosotros retrocede en el tiempo, cada uno, no importa cuál sea su nombre o condición, tendrá que admitir que su primera casa fue el vientre de una mujer. La mujer. En ella están los manantiales de la vida. Y este reencuentro con el origen significa un nuevo modo de ver a la mujer. La primera lectura de hoy nos ha hablado de una mujer que fue atacada por la serpiente. Esa mujer, según el relato bíblico, se llama Eva. ¿Por qué ataca la serpiente a Eva? ¿Por qué a la mujer? No se trata de sexismo bíblico, no se trata de machismo en la Escritura. Se trata de una realidad que incluso es biológica. Es que en la mujer está el origen. Es que cada uno de nosotros tiene origen en la mujer. Y queriendo envenenar el corazón de la mujer, la serpiente sabe que lo tiene todo ganado. La serpiente sabe que arruinando el corazón de la mujer tiene también arruinada la sociedad entera. Este dato bíblico fundamental sigue siendo cierto hoy. Por eso, en buena hora hemos tomado conciencia como sociedad, un poco en todas partes, que es una escandalosa aberración la violencia contra la mujer: escandalosa aberración. No hay otro modo de expresarse. Pero nosotros, como cristianos, tenemos un motivo adicional para expresarnos así. No es solamente por una ley que lo diga, es porque reconocemos ese origen que tenemos todos en la mujer. Y por eso, al llegar la fiesta de la Inmaculada, lo que nosotros estamos celebrando también es un nuevo origen. Nuestra fe confiesa que Dios ha creado todo de la nada. En contraste con la postura y los relatos de otras religiones. Por ejemplo, en Grecia. Nosotros no vemos en Dios un demiurgo que trabaja a partir de una materia eterna. La omnipotencia del Señor se expresa en el universo desde el dato mismo de la existencia, es decir, desde la creación. Creación a partir de la nada. Pues bien, la nueva creación, como nos enseña el Apóstol de las gentes, empieza en Jesucristo, que por eso es llamado el primogénito en la carta a los Colosenses. Y esta nueva creación tiene su punto de partida en una nueva nada, entre comillas, por supuesto. Y esa nueva nada es la humildad y la disponibilidad y la fe sin límite de la bendita Señora. O sea que en ella, de algún modo, todo vuelve a empezar, en ella empieza, en ella tiene su origen el universo nuevo, y por eso a ella volvemos nuestros ojos como sociedad, para volver a empezar en tantas cosas que tienen que volver a empezar. Y por eso, frente a cada mala noticia que tengamos que escuchar o ver, es necesario volver los ojos a la Señora, porque si está mal el matrimonio, si hay que volver a empezar a apreciar, a valorar el matrimonio, ese como Dios lo quiso para toda la vida, el lugar donde puede tomar su fuerza ese nuevo matrimonio, ese matrimonio revalorizado; será en ella, en la Señora. Si estamos descontentos o decepcionados o cansados de algunas cosas que vemos en la iglesia, si vemos que se necesita un nuevo vigor, un nuevo impulso, una nueva alegría, el lugar para encontrar ese nuevo comienzo en nuestro sacerdocio está en ella. Si tantos jóvenes están sintiendo una especie de hastío, de desconcierto y de nubarrón en su futuro, como lamentablemente sucede en el mundo entero, estamos afrontando una plaga de suicidios, una epidemia de suicidios, especialmente juveniles, incluso infantiles. Si hay tantos jóvenes que sienten que su vida está quemada porque lo han probado todo, porque están cansados de todo y no han cumplido 20 años, ellos ya necesitan ese nuevo comienzo. Quiera Dios que sus corazones, que sus ojos puedan encontrarse con los ojos de esta señora y en ella puedan reencontrar ese origen, ese perfume, esa alegría como la alegría del primer día de la creación. Por eso nos acercamos con confianza y nos acercamos con gozo a la bendita Inmaculada para pedirle que ella nos enseñe a volver a comenzar. Dice la oración de la fiesta que nosotros, al contemplarla, podamos sentir ese impulso también de limpiar nuestro corazón. Y lo ha dicho también el apóstol San Pablo en su texto de la carta a los Efesios: él nos eligió en Cristo para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Esta es la fiesta de ella. Pero en esta fiesta ya se anticipa la fiesta nuestra, porque si ella es Inmaculada, va delante de nosotros, que estamos llamados a ser intachables, como dice esta traducción, inmaculados, sin mancha. Cada uno de nosotros. Hermanos. Gozosos en esta preciosa celebración, sintamos de nuevo, antes de continuar esta celebración, sintamos de nuevo el gozo de la inocente, la Purísima. Sintamos de nuevo el esplendor de su belleza, que a todos nos enseña a ser bellos, particularmente a la mujer. Sintamos el gozo de estar acogidos en una casa y de ser miembros de una sola familia. Y sintamos, hermanos, que a pesar de lo que nos puedan decir tantas evidencias en contra, sí que es posible volver a empezar, porque el origen nuevo y vivo está entre nosotros y se llama María Santísima.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|