
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una reflexión sobre el lugar de las mujeres en la Biblia, para así entender quién es la "Bendita entre las mujeres"
Homilía inma027a, predicada en 20161208, con 17 min. y 50 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. La Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen nos invita a reflexionar sobre el lugar de la mujer en la historia de la salvación. En esa dirección parece apuntar la primera lectura tomada del capítulo tercero del libro del Génesis. Ese pasaje es parte de aquella narración sobre el primer pecado de la humanidad, el pecado de nuestros primeros padres. Y hay que destacar la frase que dice Dios a la serpiente, es decir, al demonio. Le dice: pongo hostilidad, establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya, por supuesto. Si Dios le dice al demonio: "Pongo hostilidad entre ti y la mujer", debemos ver en estas palabras una declaración de apoyo, amor de Dios hacia la mujer, porque es evidente que el enemigo malo es el adversario de Dios. Y si Dios establece hostilidad entre ese adversario y la mujer, se declara a favor de la mujer. Por eso los antiguos y santos predicadores hablaban de este texto del Génesis como el primer Evangelio, el protoevangelio, porque ya en él se anuncia un sello, una bendición peculiar de Dios sobre lo femenino y sobre la mujer. De hecho, algunas personas con una lectura muy superficial califican a la Biblia de machista o de sexista. Otras veces se utiliza una palabra más sofisticada: patriarcalista. Con esos distintos términos se quiere indicar que la revelación bíblica es opuesta a la mujer o que resulta humillante para la mujer. La realidad es mucho más compleja. Es verdad que en la Biblia se da un camino, un camino de revelación y que, por consiguiente, no tenemos toda la estatura moral del Nuevo Testamento desde las primeras páginas de la Biblia. En ese sentido, especialmente en el Antiguo Testamento, podemos encontrar pasajes en donde la mujer es tratada prácticamente como un objeto, como una posesión, indudablemente en un estatus menor al del hombre. Pero no debe olvidarse que también en el Antiguo Testamento se muestra con bastante claridad el poder único que tiene la mujer, de distintas maneras. Hay tres libros de la Biblia, todos del Antiguo Testamento, que tienen nombre de mujer: el libro de Rut, el libro de Judit y el libro de Ester. Y en los tres casos, las mujeres que dan nombre a esos libros no son actrices de reparto. Muy al contrario, tienen un lugar completamente central de rescate del pueblo de Dios o de impronta decisiva en el curso de la revelación. Así, por ejemplo, Rut, aunque era extranjera y ya se dijo, mujer, por supuesto, es la abuela del rey David y, a través de ella, se redefinen las relaciones entre el pueblo de Dios y los pueblos vecinos. De tal manera que cuando uno lee la historia de David, a partir sobre todo del primer libro de Samuel, lo que encuentra es que este hombre toma una actitud distinta de sus antecesores con respecto a los pueblos vecinos, los llamados filisteos. En ocasiones es verdad que tiene que enfrentarse a ellos, pero no es poca cosa que David haya hecho en cierto momento alianza con los filisteos para evitar las exageraciones, los desmanes del rey hebreo Saúl. Esta apertura al pueblo extranjero parece estar conectada con el hecho de que la abuela de él era una extranjera de nombre Ruth. Y usted puede leer la historia en la Biblia. Tanto Judit como Ester son alabadas como mujeres hermosísimas. Pero aquí hay algo interesante en la antropología bíblica. Mientras que en nuestra cultura la exaltación de la belleza femenina casi de inmediato da paso a la objetivización de la mujer, a tratarla como un objeto, en la Biblia, la hermosura femenina está unida a una gran sabiduría. Y en ambos casos, tanto en Judit como en Esther, las mujeres son muy hermosas, pero no son hermosas solo de cuerpo. Son hermosas porque su mente está llena de luz. Son hermosas porque su palabra es elocuente. Son hermosas porque su corazón es puro. Son hermosas porque están llenas de Dios. Es tan grande, por ejemplo, lo que hace Judit, que muchos de los elogios que están en la Biblia dirigidos a Judit, luego la Iglesia los ha tomado y los ha aplicado a la Virgen María. Por eso digo: no es tan sencillo salir con esa historia de que la Biblia es machista, porque no hay hombre que se compare a lo que realizan estas mujeres. Y en los tres casos, Ruth con un hombre llamado Boaz, Esther con el rey Holofernes y Judit con el Senado masculino de los judíos; en los tres casos, la mujer es la que tiene la claridad. La mujer es la que sabe fiarse de Dios. La mujer es la que rescata al pueblo. La mujer es la que muestra el camino. O sea, que no dejen ustedes que tan fácilmente les ensucien los ojos y el corazón con mentiras, como eso de decir que la Biblia es machista. El poder de la mujer es tan grande que aparece en la Biblia varias veces, también desde el Antiguo Testamento, como una fuerza que, si se dirige bien, produce resultados asombrosos, como ya dije en estas mujeres. Pero si se orienta mal, ¿cuánto daño hace un corazón femenino si se ha pervertido? Y por eso también en el Antiguo Testamento se menciona el poder repugnante, asfixiante de una mujer llamada Jezabel. Jezabel era la esposa del rey Ajab y también aquí la Biblia más parece feminista que otra cosa, porque fíjate: el que tiene el manto, la corona, el cetro, el trono es Ajab. Pero quien maneja a Ajab con un dedito, con una sonrisa, con un poquito de perfume o con una hebra de cabello es Jezabel. Y esa historia la vemos muchas veces en la humanidad. Nosotros, los varones, tendemos a ser exhibicionistas ostentosos. Pero muchas veces detrás de ese hombre ostentoso está la amante, la amiga, la hermana, la consejera, la esposa, la mamá, que es la que le dice lo que tiene que hacer. Será tanto que, en el curso de mi vida, ya le he escuchado a varias mujeres, se lo alcancé a oír a mi propia madre que decía: «Inteligencia de la mujer casada es hacerle creer al hombre que él es el que manda». La frase tiene su picardía, pero enseña algo que es importante. No todo poder es tan burdo como el poder masculino, que tiene tanta necesidad de mostrarse. La inteligencia femenina sabe que muchas veces hay más poder en lo que se dice al oído que en lo que se grita en la plaza. Jezabel no gritaba en la plaza. Jezabel, todo lo manejaba en las habitaciones de palacio y al oído del esposo. Pero todo el mundo sabía que la que gobernaba era Jezabel. Otro caso interesante, muy anterior, es el de Dalila. Dalila era una filistea y la Biblia de nuevo se nos muestra escandalosamente feminista, porque Dalila fue la amiga íntima de un hombre llamado Sansón. Demasiado íntima. Y en medio de esa intimidad logró la fascinación del corazón de Sansón. La Biblia describe a Sansón como un hombre extraordinariamente fuerte, un hombre que era tan fuerte que podía vencer a miles de filisteos. Pero este varón fuerte que vencía a miles de filisteos fue vencido por una sola filistea. Es que en el relato mismo del Génesis se muestra que para vencer a la mujer se necesitó de toda la astucia de un ángel. Ángel caído. Pero, Ángel. Mientras que para vencer a Adán bastó un ser humano, bastó una mujer. Así que es necesario sacar de nuestro lenguaje y no permitir que los que tienen una agenda muy peculiar, en la que no vamos a entrar ahora, nos llenen la cabeza de basura diciendo cosas como que la Biblia es machista. ¿No es cierto? Ahora bien, todas estas mujeres buenas como Judit, Esther o como otra mujer llamada Lidia; a esa hay que recordarla. Capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles. Ustedes y yo deberíamos vivir agradecidos de una mujer llamada Lidia. ¿Por qué? Porque cuando el apóstol San Pablo quiso llevar el Evangelio a Europa, el primer punto de contacto fue la ciudad de Filipos, y en Filipos, la primera persona que abrió su casa y la primera persona que hizo posible una comunidad cristiana en Europa fue una mujer. Y esa mujer se llamaba Lidia. Claro que el libro de los Hechos de los Apóstoles también nos cuenta lo que hacen otras mujeres que no eran tan piadosas como Lidia. Aquellas que le tomaron antipatía al apóstol Pablo, manipularon a los esposos; se repite el mismo recurso, y lograron que Pablo fuera expulsado de más de un sitio. O sea que la Biblia nos cuenta que en la mujer, por naturaleza y después por deseo expreso de Dios, hay una bendición única. Y en este momento mis palabras van para las mujeres aquí presentes y también para quienes después escuchen esta predicación por otros medios. Comprendan y descubran. Ustedes, queridas amigas, comprendan y descubran que en ustedes por naturaleza están las fuentes de la vida. El demonio atacó en primer lugar a la mujer para envenenar a la especie humana en su misma raíz. Porque una mamá es la primera voz. Es la primera autoridad. Es la primera causa. Es el primer lenguaje. Es el primer criterio. Es la plataforma de lanzamiento de toda vida humana. Y por eso corromper a la mujer es corromper la sociedad, y por eso volver egoísta a la mujer es anular a la sociedad. Porque en ustedes, mujeres, hay un don precioso, un don vital precioso, que no solamente se expresa en el hecho de ser biológicamente mamás, sino que todo su cuerpo, su organismo, su corazón, su mente, tiene una vitalidad y una capacidad de percepción que, si uno es honesto, tiene que reconocer. Pero además de esos dones de naturaleza, hoy tenemos que elevar la mirada a la sobrenaturaleza. El nombre de María en el cielo es Kejaritomene, llena de gracia. Ese es el nombre con el que el ángel se dirige a esta purísima doncella de Nazaret. Y tenemos que ver en ella lo que significa la naturaleza elevada por la gracia. Y tenemos que ver en ella la victoria, óigame bien, la victoria que ninguna persona humana ha tenido. Inmaculada en su concepción, obediente a Dios durante su vida, llena de gracia en toda su historia, impecable en su recorrido por esta tierra. Es tan fuerte. Verdadero huerto que Dios reservó para sí. Castillo inexpugnable que resistió todos los ardides, mentiras y ataques del demonio para ser después llevada asunta a los cielos. Esa es la bendita Virgen. Esa es la mujer que estamos recordando y celebrando hoy. Y cuando llegamos a este punto, la predicación tiene que ser ya no solo para las mujeres. Aprendamos todos de la doncella de Nazaret. Aprendamos todos de esta bendita llena de gracia. Aprendamos que obedecer a Dios es reinar y aprendamos que el que se reserva para Él y el que por Él lo pierde todo, gana la vida eterna. Gracias a Dios por esta celebración. Quede despejada la mente y no se deje confundir sobre machismos y feminismos y sigamos adelante con nuestra Eucaristía, dando gracias a Dios por tanta gracia en María y suplicando ese mismo auxilio para nuestros corazones. Amén.

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