|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estrecha relación entre el dogma de la Maternidad Divina y el dogma de la Inmaculada Concepción.
Homilía inma023a, predicada en 20141208, con 6 min. y 0 seg. 
Transcripción:
El 8 de diciembre, Nuestra Madre, la Iglesia, celebra la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Creo que podemos dar especial relieve y podemos celebrar con particular gozo. Esta fiesta en este año 2014, porque, si lo miras bien, se están cumpliendo exactamente ciento sesenta años desde la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Fue el 8 de diciembre de 1854 cuando el Papa Pío IX, Pío Nono, declaró solemnemente que esta doctrina, la que enseña que María fue concebida libre de la culpa y de la pena del pecado original, ha de ser tenida como propia de nuestra fe católica en todas partes. En aquella época había cerca de 400. 000 iglesias en todo el mundo, y en esos 400. 000 templos de capillas, ermitas, parroquias, monasterios, conventos, una sola alegría, un solo cántico de gozo se elevó. Qué paradoja tan bella que, en un siglo tan lleno de racionalismo, en un siglo tan marcado por la incredulidad, este gran Papa Pío Nono afirma algo que al mismo tiempo exalta la figura de la mujer, exalta el poder de la gracia, exalta la majestad y soberanía absoluta de Dios. Ante todo, yo quiero destacar brevemente la relación que este dogma de la Inmaculada tiene con el dogma, o con la enseñanza fundamental, sobre la Virgen, tal como lo confiesa nuestra Iglesia Católica. Lo fundamental que nosotros creemos de María es que ella es Madre de uno, que es Dios, Madre de Jesucristo. Y siendo Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, afirmamos al mismo tiempo que ella es Madre de Cristo, y que Cristo es hombre y Cristo es Dios. De aquí se sigue todo. Podemos decir que todo el precioso árbol de la mariología, es decir, la parte de la teología que se ocupa de la reflexión sobre la Santísima Virgen, todo deriva de esta raíz. María es verdadera Madre de uno que es verdadero hombre y verdadero Dios. Ahí está todo. Entonces, por ejemplo, si ella es verdadera madre, quiere decir que lo que es propio de la maternidad dentro de la especie humana, incluyendo la formación del hijo, formación biológica, pero también formación espiritual, formación moral, formación en el lenguaje, formación en las relaciones sociales, todo aquello que tiene que ver con la formación del hijo, se cumplió verdaderamente en María, por ser verdadera madre. Pero aquí viene un punto. Si este Hijo es al mismo tiempo hombre y Dios, quiere decir que María tuvo autoridad verdadera y formó verdaderamente a aquel que es verdadero hombre y verdadero Dios. Solo hay una conclusión que puede sacarse de ahí, y es que María tuvo que haber sido capacitada por Dios mismo para realizar esta misión absolutamente única. Es decir, no pudo haber nada en el actuar de María, ni por acción, ni por activa, ni por pasiva, es decir, ni lo que hizo ni lo que dejó de hacer. No pudo faltar nada en su perfección dentro de la labor, dentro de la misión que tenía como Madre del Hijo de Dios. Porque no cabe pensar de ninguna manera cabe pensar que el pecado hubiera tenido cualquier autoridad, cualquier poder sobre aquella que tuvo poder, sobre uno que es verdadero Dios. El Papa Pío Nono recibió numerosas solicitudes y numerosos escritos de teólogos de las más diversas escuelas de espiritualidad y, sobre todo, hizo muchísima oración y pidió muchísimo que se orara por él, antes de hacer esta declaración. Pero entendemos, a pesar de que ese proceso, por supuesto que tuvo su complejidad, entendemos que en el fondo el dogma de la Inmaculada es algo bastante sencillo. De lo que se trata es de que el pecado no puede tener ningún poder sobre aquella que tuvo verdadero poder frente a Dios, verdadero poder sobre Dios. El pecado no puede tener ningún poder, ninguna clase de poder sobre María, porque María tuvo poder sobre Dios. A ver, no estamos diciendo que María vaya a cambiar a Dios, que María hizo a Dios o que María sea más que Dios, sino simplemente que aquel que estuvo verdaderamente a su cuidado y que fue verdaderamente formado por ella, era verdadero hombre y verdadero Dios. Qué hermosa unión entre el dogma de la maternidad divina y el dogma de la Inmaculada Concepción. Y qué hermoso, después de reconocer eso, saber que sí, sí sucedió y ciertamente sucedió. Fue por nosotros y por nuestra salvación. Al Señor, honor, gloria y poder. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|