Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Generosidad de Dios; el encuentro con un Propósito de vida; y la Santidad como vocación : el GPS de la Inmaculada.

Homilía inma022a, predicada en 20131209, con 22 min. y 19 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, qué hermoso reunirnos en un día que nos presenta de una manera tan clara la generosidad de Dios. Porque si hay una palabra que tiene que brillar en esta fiesta de la Inmaculada Concepción, es precisamente la generosidad. Es una abundancia de su amor que se hace presente en María y que luego, a través de María, llega también a nosotros.

Por eso, fíjate las palabras con que el Mensajero celestial la saluda. La llama a ella, la llena de gracia. La palabra gracia alude al favor de Dios, alude a la bendición de Dios, alude al amor que Dios le tiene. Llamarla llena de gracia significa entonces llamarla estás llena de amor. Es decirle también la bendición de Dios es muy abundante en ti. Es decirle toda tu vida está colmada del favor del Señor.

Por eso digo que la primera enseñanza de esta fiesta es la generosidad divina que se hace presente en ella. Y es muy hermoso ver a una persona tan amada. Más hermoso todavía si vemos que ese amor lo ha recibido ella, no sólo para sí misma, sino que ese amor la estaba capacitando para una misión, y esa misión no era otra, sino dar el fruto de salvación, dar el Redentor al mundo, es decir, a nuestro Señor Jesucristo.

Primera palabra entonces, para que la guardemos en el corazón, para que la celebremos. La palabra generosidad. En la Inmaculada Concepción de María brilla la generosidad de Dios.

Una segunda palabra, y quizás más, podemos tomar de lo que de la segunda lectura que fue proclamada, es de la carta de San Pablo a los Efesios. Nos dice San Pablo: en Cristo Dios nos eligió antes de la creación del mundo para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha.

La palabra inmaculada quiere decir sin mácula, es decir, sin mancha, como destacó el Papa Francisco predicando a los peregrinos que fueron allá a verlo en Roma. Como destacó el Papa, la Inmaculada no es simplemente una niña predilecta de Dios. Ella es la referencia, el modelo para todos nosotros.

El Papa nos recuerda en su predicación que nosotros estamos llamados a caminar en la presencia del Señor sin mancha. Es decir, que lo que ella es corresponde a lo que nosotros estamos llamados a hacer. Y si a alguien le parece excesivo que hablemos de ser inmaculados, por favor recordemos lo que dice la primera carta de Juan: el que nace de Dios no peca.

Con lo cual se está indicando que, si nosotros verdaderamente permanecemos en la abundancia de su Espíritu, en la luz de la fe, en la claridad y en el rumbo que nos muestra su Palabra, el pecado tiene que desaparecer de nuestra vida.

No se puede tener adentro al vencedor del pecado y seguir vencidos por el pecado. Eso no puede ser, si tenemos en nosotros al Dios que reina, si tenemos en nosotros al Dios que vence, entonces el pecado tiene que ser vencido.

Y por eso la segunda palabra que tiene que aparecer en esta fiesta es la palabra santidad. Esta fiesta nos recuerda la generosidad de Dios. Fue la primera palabra. Pero esta fiesta nos recuerda la santidad a la que estamos llamados. Y fíjate que, en cierto sentido, la santidad a la que estamos llamados no es otra cosa sino nuestra generosa respuesta.

El Evangelio que se leyó nos hace ver que la respuesta de María, cuando el ángel le manifestó el plan de salvación, fue una respuesta generosa. Ella dijo: aquí está la esclava del Señor. Es decir, yo haré lo que Dios quiera, lo que sea. Eso es generosidad. Eso es responder con generosidad.

Podemos decir que ella le entregó a Dios un cheque en blanco. Lo que tú quieras. Cuando quieras. Como quieras. Durante el tiempo que quieras.

Esa es generosidad, y la generosidad de la respuesta de María permite que Dios complete en ella su obra.

Pues bien, cuando Dios completa Su obra en una persona, eso es lo que llamamos un santo o una santa. Un santo que es es una obra de Dios que se dejó hacer, que se hizo completa.

Dios no pensó la santidad únicamente para ella. Dios no pensó que solamente ella tenía que ser santa o podía ser santa.

Dios nos ha pensado en santidad a cada uno de nosotros, y eso quiere decir que si nuestra respuesta es generosa, si también nosotros decimos aquí está el esclavo del Señor, te doy permiso de que obres en plenitud de libertad en mi vida, entonces el Señor hace su obra para que nosotros también seamos inmaculados.

No se nos olvide que la Biblia habla de esta manera: en el cielo no entra nada impuro ni manchado. Quiere decir que en el cielo está la Inmaculada, pero están también los inmaculados. Y esto quiere decir que ella brilla como ejemplo para todos.

Pero ella no está sola en su respuesta a Dios, sino que cada uno de nosotros, desde su propia condición, desde su propia vocación, está llamado a dar una respuesta igualmente generosa.

Llevamos dos palabras. La palabra generosidad, es decir, esa abundancia del amor divino. Y la palabra santidad, que no es otra cosa sino nuestra generosa respuesta al amor que Dios nos ha dado.

Vamos a encontrar una tercera palabra exactamente en el mismo versículo que ya leí. Dios nos eligió antes de la creación del mundo para andar en el amor. Así dice esta traducción. Y esto puede parecer extraño. ¿Cómo es esa elección antes de la creación del mundo? ¿Cómo se puede entender eso?

Sin entrar en muchísimas especulaciones que serían muy pesadas a esta hora, hay un modo de entender esa frase, un modo muy bonito de entender esa frase, y quiero compartirlo con ustedes.

Cuando uno mira la presencia que Dios ha hecho en la vida, en la vida de uno mismo, uno se va dando cuenta que todas las cosas suceden por una razón. Y uno se va dando cuenta de que las cosas se van como encadenando y van llevando la una hacia la otra. m

Es algo muy misterioso, porque no es que Dios juegue marionetas con nosotros.

Y sin embargo, aunque nosotros somos dotados de libre albedrío y podemos decidir por nuestra cuenta en medio de la libertad humana, sin embargo, Dios va escribiendo su propia historia.

Y ahí uno va viendo que se encadenan, que se relacionan las cosas. Es que esto pasó por esta razón y esto llevó a esto.

Y muchas veces, cuando las personas recuerdan, por ejemplo, la historia de su amor, recuerdan también la cantidad de coincidencias que se dieron, o uno las llama coincidencias y que fueron llevando a un desenlace.

La historia, la historia humana no es una serie de puntos disparados sobre un plano. Más bien podemos decir que hay líneas, hay flechas que van apuntando, que van diciendo algo.

¿Por qué esto me pasó? Pues hay una razón, y es un ejercicio muy importante ir descubriendo que Dios está escribiendo una historia de amor con nosotros.

Permítanme hacer un pequeño paréntesis para recordar una historia de mi propia familia. Si alguien quiere ver muy contento a mi papá, pregúntele cómo se conoció con mi mamá. Él siempre tiene muchas historias que contar de eso.

Todo lo que tuvo que suceder para que ellos se conocieran. Después de que se conocieron, perdieron contacto y después se volvieron a encontrar, como por suerte, entre comillas, como sin que nadie lo preparara.

Y a través de esos encuentros se fue haciendo una historia. Una historia que se convirtió en matrimonio y que se convirtió en unos hijos y en una familia. Y entre otras cosas, pues yo soy fruto de esa historia.

Es muy hermoso ver que el amor traza líneas inesperadas en esos puntos que parecen aislados en nuestra vida.

Este fin de semana que tuvimos nuestro retiro, había una persona que dijo: pues yo llegué a esta iglesia, refiriéndose a la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde tuvimos el primer día. Yo llegué a esta iglesia simplemente a orar y me encontré con que había este retiro y entonces me quedé.

La vida está llena de ese tipo de eventos que parecen cosas sin preparación, pero luego uno dice: llegué a ese lugar y resulta que oí lo que tenía que oír.

Llegué a ese lugar y me encontré con la persona que necesitaba encontrarme.

Esa manera como se van conectando las cosas, esas líneas que uno las ve que van llevando hasta el momento presente, como decir mis papás se encontraron y eso llevó a que se amaran y eso llevó a que se casaran y eso llevó a una familia y eso llevó a que yo esté aquí, pues esas líneas uno también las puede mirar de para atrás. n

Y eso es lo que hace San Pablo aquí. San Pablo lo que hace es como echar la película de para atrás y preguntarse: ¿por qué pasó esto? ¿por qué yo pertenezco a este pueblo? ¿Por qué Dios hizo esta alianza? ¿Por qué Dios llamó a Abraham? ¿por qué? ¿por qué?

Pero no es un por qué arrogante de pedirle cuentas a Dios. No es un por qué presuntuoso ni soberbio como aquellos que dicen: si yo no lo puedo entender, quiere decir que eso no existió.

No, no es el por qué pedante del racionalista. Es más bien el por qué del niño que sentado cerca del abuelo, pregunta por la historia de la familia.

Y cuando nosotros, con humildad de niños preguntamos por nuestra propia historia, vamos viendo que los hilos de la vida humana retroceden en el tiempo y vamos viendo que esos hilos nos llevan a edades remotas.

Y nos vamos dando cuenta que hay como una palabra que va atravesando los siglos. Esa palabra la identifica el Papa Benedicto con el Logos de Dios. Es la palabra misma de Dios la que estaba desde el principio.

Y eso es lo que nos está recordando el apóstol San Pablo en este texto de la Carta a los Efesios.

Entonces, ¿cómo llamaremos a ese descubrimiento? ¿Cómo llamaremos a esa historia de amor que se ha venido escribiendo y que lleva hasta este punto en el que nos encontramos?

En algunas culturas llaman a eso destino. Esa no es una palabra propiamente cristiana. Es una palabra que más produce confusión que claridad.

Pero quedémonos por un instante en esa palabra, porque la entendemos bastante bien. Es como si dijéramos: realmente mi papá estaba destinado a encontrarse con mi mamá. Mi mamá tenía que encontrarse con mi papá.

Es que se dieron tantas cosas, hay tantas flechas que apuntan en esa dirección, que realmente eso estaba escrito. Dice la gente se parece a la palabra destino. Se parece a esa palabra.

Pero en realidad lo que queremos decir es que la sabiduría y el amor de Dios presiden, van llevando suavemente, sin violencia, van llevando el timón de la historia humana.

Lo podemos decir de esta otra manera: Dios está al timón.

Mientras que para una mente pagana la vida es una colección de hechos fortuitos, de eventos al azar y de caprichos de gente que quiere lo que le parece.

Para nosotros los cristianos, la historia humana tiene a un Dios, a todo un Dios al timón, y el amor y la sabiduría de Dios son los que van presidiendo nuestra vida y son los que han llevado hasta el punto en el que nos encontramos.

¿Quiere entonces eso decir que mi existencia no es simplemente como el resultado de un lanzar dados? No soy el fruto de un simple azar. He sido pensado. He sido amado.

El amor y la sabiduría de Dios han conducido todo hasta este momento, y Él no suelta el timón.

Y esto es muy importante porque aquí llegamos a la Palabra a la que quería llegar. La persona que sabe que el amor y la sabiduría de Dios están al timón, es la persona que también sabe que hay un propósito.

Esa es la palabra: que hay un propósito. Que la vida humana no es simplemente el resultado de apetitos, deseos, caprichos y suerte.

La vida no es simplemente el cóctel en el que se revuelven caprichos, codicias, apetitos y azar. Revuelves eso bastante, lo tiras a la mesa y lo que sale ahí, esa es la vida. Así piensan los paganos. Nosotros no.

Para nosotros la vida es propósito.

Y es tan hermoso esto, porque cuando uno contempla a María Santísima, uno ve una vida trazada con una curva perfecta por el amor y la sabiduría de Dios. No es solo que ella es bella, es que su vida es bellísima.

No, es solo que ella es bella, es que su manera de amar es preciosa. No, es solo que ella es bella.

Es que su palabra y cada acto de su vida concurre haciendo algo tan majestuoso, algo digno del amor divino.

Esa es una vida con propósito, y esa es la vida a la que también nosotros estamos llamados.

Esta es una necesidad muy grande del corazón humano. Cuando una persona no encuentra un propósito en su vida, entonces siente que se está estrellando contra una y otra cosa, como esos carritos que en algunas partes llaman carritos chocones, que los hay en parques de diversiones, esos que no van a ninguna parte y que solamente se están estrellando contra uno y otra parte, en uno y otro lado.

La vida no es un juego de carritos chocones.

La vida tiene un propósito, y también tu existencia, tu salud, tu capacidad de amar, tus sufrimientos, se inscriben dentro de un propósito. Y ese propósito es el que le da unidad a lo que tú eres, así como ese propósito es el que le da unidad a la vida de María.

Nos quedamos entonces con tres palabras: la palabra generosidad, la palabra santidad y la palabra propósito. De descubrir la generosidad de Dios, responder con generosidad nosotros y buscar en los signos de nuestra propia vida y en los signos de nuestro tiempo el propósito. Porque cada milímetro de ese descubrimiento, cada gramo de ese descubrimiento, es una tonelada de paz que traes a tu vida. Y si yo tuviera más tiempo, te podría contar tantas cosas de lo que me ha pasado a mí. Porque eso, descubrir el propósito es descubrir salud, es descubrir alegrías, descubrir serenidad.

Hay un salmo, el Salmo 15, que a veces se aplica a los sacerdotes de Israel y también a los sacerdotes de la Nueva Alianza. Aquel salmo que dice: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Pues ese salmo es el salmo, en realidad de una vida con propósito. Y la persona que siente que ha encontrado el propósito en su vida, no vuelve a sufrir jamás de envidia, no vuelve a sufrir jamás de celos.

Es verdad que, como los demás, tendrá que sufrir muchas cosas, pero tiene en su corazón una certeza tan estable del amor, tiene una certeza tan profunda del señorío de Dios que, como las palmeras firmemente ancladas en la tierra, aunque llegue el vendaval y se sacudan, permanecen en su sitio.

Que el Señor, con la guía hermosísima de María, nos conceda vidas así.

El tamaño, la dimensión de paz que vamos a empezar a vivir es algo que, si uno lo describe, la gente dice: te lo estás soñando, pero no es un sueño, es mejor que un sueño.

Es la realidad del amor de Dios caminando con nosotros y escribiendo y haciendo su obra en nuestra vida.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM