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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En el pecado original no heredamos la culpa sino la pena, es decir, consecuencia del pecado cometido por nuestros primeros padres.

Homilía inma021a, predicada en 20131209, con 5 min. y 2 seg.

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Transcripción:

De modo ordinario. Nuestra Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen el día 8 de diciembre. Pero como este año se da la circunstancia de que el día 8 coincide con uno de los domingos de Adviento, nuestra Iglesia, que es Madre y Maestra, para que no perdamos ni el domingo ni la celebración de la Inmaculada. Dado que ambas festividades son importantes, entonces deja lo propio del domingo en el domingo y traslada la fiesta de la Inmaculada un día más. Por eso, hoy, 9 de diciembre, estamos celebrando litúrgicamente a la Inmaculada.

Hay que recordar que aquí estamos hablando de la concepción de María Santísima. Se trata de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Obviamente, no estamos hablando de la concepción de Jesucristo. La concepción de Jesucristo se celebra el día 25 de marzo, que es el día que llamamos usualmente de la Anunciación. Y, por supuesto, la concepción de Jesucristo es absolutamente inmaculada.

Por supuesto, se trata de la acción bendita de Dios nuestro Padre, quien, con esa gracia única del Espíritu, hace fecundas las entrañas de María y el amor de José y María. De modo que, sin concurso, sin intervención de varón, se presenta esta concepción de Jesús. Eso es lo del 25 de marzo. Concepción de Jesús.

Aquí estamos hablando del 8 de diciembre. La concepción de María. ¿Y qué quiere decir inmaculada? La palabra está relacionada con mácula, que en latín quiere decir mancha. La Inmaculada es la que ha sido concebida sin mancha, y la mancha a la que aquí se hace referencia es la consecuencia del pecado de nuestros primeros padres.

Eso es lo que nosotros todos recibimos y que se llama pecado original. Cabe recordar que cuando hablamos de pecado original, estamos hablando de las consecuencias del pecado de nuestros primeros padres. No estamos diciendo que cada una de las personas, o que, por ejemplo, los bebés, sean culpables de algo.

Lo que sucede es que en la palabra pecado hay que entender dos cosas: una es la culpa que supone un acto voluntario y otra cosa es la pena, que es la consecuencia de lo que uno ha hecho mal. Y hay que saber que la pena propia del pecado no solamente repercute en uno mismo, sino que muchas veces repercute en otras personas, como cuando un papá hace muy malos negocios y arruina el patrimonio de la familia. Eso no solo le afecta a él, sino que afecta a todos en la casa. Eso es lo que entendemos por pena.

Entonces, en el pecado hay la dimensión de culpa y hay la dimensión de pena. Y cuando nosotros hablamos del pecado original, realmente lo que estamos diciendo es que las consecuencias, gravísimas consecuencias, sobre todo de ruptura de amistad con Dios, esas consecuencias del pecado de nuestros primeros padres, las recibimos todos. Todos, pero por lo menos con una gloriosa excepción.

Y esa excepción es precisamente María Santísima. Según ha llegado a concluir la Iglesia, después del larguísimo proceso de estudio y de oración y de escucha del pueblo de Dios, no cabe suponer que de ninguna forma el pecado haya tenido alguna clase de poder en aquella que fue escogida por Dios para ser la madre de su Hijo en esta tierra.

Por esa razón, la Iglesia, después de un largo discernimiento, afirma que nunca hubo mancha de pecado original en ella, y por eso la celebramos con alegría, como expresión de la misericordia divina, como expresión de su amor por todos nosotros. Como Inmaculada. La Inmaculada Concepción.

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