Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En el Magnificat, María entra con sabiduría en la revelación de la misericordia y muestra cómo el rechazo a la misericordia nos deja en el ámbito de la sola justicia.

Homilía inma019a, predicada en 20121208, con 6 min. y 48 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Preguntémonos cuál es el Dios que presenta la Santísima Virgen en su cántico de alabanza. ¿Se destaca la misericordia, aquella que va de generación en generación para los que le temen? Pero hay un contraste entre el anuncio de esta misericordia y lo que sucede con aquellos, como los poderosos.

Porque, dice, ella dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados; a los ricos, despidió vacíos. ¿Cómo se muestra? ¿Cómo se puede entender este Dios que es misericordioso y que, sin embargo, tiene unas acciones tan fuertes, tan drásticas, con estos soberbios potentados ricos?

Sin duda, se trata del mismo núcleo de personas. Pues una manera, y creo que es la más correcta de entenderla, es esto: fuera de la misericordia divina, lo único que queda es lo que ahí se describe, la dispersión, el caer del propio trono, el irse con las manos vacías.

Es decir, la misericordia va unida a la justicia, porque el que acepta la misericordia experimenta su dulzura, pero el que rechaza la oferta de misericordia se queda solo con la dureza: la dureza de la dispersión, la dureza con la fractura de su trono, la dureza de irse con las manos vacías.

Y esto es muy importante recordarlo, porque Cristo nuestro Señor es al mismo tiempo el Buen Pastor y el Juez Universal. El que le recibe como Buen Pastor, pues eso es lo que encuentra: la amabilidad y la dulzura del cuidado de aquel que tanto nos ama. Pero el que rechaza al Buen Pastor, el que se aparta del Buen Pastor, lo único que va a encontrar es la dureza de un juicio que condena sus acciones.

Por eso en Dios no riñen la misericordia y la justicia. Dios es las dos cosas: perfectamente compasivo y perfectamente justo. Para aquellos que se acogen a su misericordia, pues solo tiene esa compasión. Pero el que rechaza esa compasión, lo único que va a encontrar es el vacío de una obra sin significado, sin continuidad, sin fecundidad.

Y entonces va a experimentar la amargura y lo único que podrá decir de Dios es que es un juez implacable. Es lo único que va a conocer de Dios. ¡Qué hermoso ver cómo se juntan estas dos cualidades en Dios nuestro Padre y en su Hijo Jesucristo! El Dios que es a la vez misericordioso y que es justo.

Y la Santísima Virgen en su cántico anuncia las dos cosas, no para que nosotros veamos en Dios a uno que se está desquitando, sino para que entendamos que, si lo perdemos a Él, lo perdemos todo. Si nos apartamos de Él, pues lo único que vamos a encontrar es nuestra propia indigencia, nuestro ser que se disuelve en la nada.

Sí, hay una terrible hambre en un pueblo y resulta que alguien tiene gran abundancia de pan y lo reparte y lo regala. Los que reciben el regalo, pues, encuentran la saciedad y la alegría. Pero el que rechaza el regalo de ese pan gratuito y sabroso, lo único que va a quedarle como herencia es su propia hambre.

Entonces, en realidad, María nos está invitando a que escojamos qué es lo que queremos encontrar de Dios. Si queremos encontrar al Dios compasivo, la puerta está abierta. Pero sí, rechazamos esa puerta abierta; lo único que vamos a encontrar es dispersión, fractura, fracaso y manos vacías.

Pero es importante mostrar las dos cosas. No podemos mostrar un Dios que es solamente el abuelito bonachón que da palmaditas en la espalda y que aprueba todo lo que hacemos. Hay que hablar de la justicia de Dios, no porque Dios tenga interés particular en desquitarse de alguien o en aplicarle la ley a alguien.

Por mi vida, dice el Señor: No me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva. Si queremos escuchar a Dios, entendamos que lo que Él quiere es que nosotros experimentemos su ternura, su dulzura, la fuerza de su Espíritu que nos sana, que nos levanta, que nos alimenta.

Venid, comed sin pagar alimentos sabrosos. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no alimenta? Venid, comed sin pagar alimentos sabrosos y vinos generosos. Para eso está Dios ofreciendo su amor.

Pero tenemos que advertir lo que sucede para aquellos que rechazan a Dios. Tenemos que contar. Tenemos que repetirle al mundo cuáles son las consecuencias del pecado y de darle la espalda al Señor.

María, la Inmaculada, va delante de nosotros presentándonos al Dios verdadero, a este Dios que es compasivo y que también es juez. A este Dios que es misericordioso y también es justo, que el ejemplo de santidad de ella, que pudo beber de la dulzura de Dios como ninguna otra criatura, nos anime a seguir en obediencia y en gozo el camino de salvación que se nos abre. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM