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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios, al coronar los Santos, corona su propia obra: nunca mejor dicho que cuando se contempla a María Inmaculada, la llena de Gracia.
Homilía inma018a, predicada en 20121208, con 4 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Feliz Día de la Inmaculada. Feliz día de la Gracia de Dios. Si hubiera que ponerle un subtítulo a esta fiesta tan hermosa, habría que llamarla Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y proclamación de la gracia inextinguible y poderosa del Dios Altísimo. Mire usted que en el misal que utilizamos para decir la Santa Misa hay una parte que se llama el Prefacio. El prefacio es lo que se dice antes de la plegaria eucarística, y la plegaria eucarística es la oración central de la Santa Misa, es la que viene después del Santo, Santo, Santo es el Señor. Viene esa oración, que es una oración magna y majestuosa. Y en el curso de esa oración precisamente se realiza la consagración del pan y el vino como cuerpo y sangre santísimos del Señor. Bueno, entonces está el prefacio y los prefacios son muchos. De acuerdo con las distintas celebraciones, pues hay un prefacio que es prefacio para los santos, así en general. Y ese prefacio dice esta frase que yo creo que nos sirve de hermosa meditación: Ay, Dios, Tú cuando coronas a los santos, coronas tu propia obra. Eso quiere decir que los santos no son distractores, que nos van a alejar, que van a alejar nuestra atención del único Dios. Los santos más bien son como índices indicadores, son como flechas convergentes que nos ayudan a mirar al Dios Altísimo, a descubrirlo. Cuando Santo Tomás de Aquino estudia las maravillas de la creación desde el punto de vista teológico, dice este pensamiento: fue necesaria una multiplicidad de obras de Dios, porque ninguna lo contiene completamente. Es decir, que la bondad, la verdad, la belleza que aparece en cada una de las criaturas, algo nos cuenta sobre quién es su Creador.
Son también flechas convergentes, pues lo mismo que sucede en la naturaleza. De modo que cada una de las criaturas algo dice del Creador. Lo mismo sucede en el plano sobrenatural. Cuando hablamos de la santidad, en el orden de la gracia pasa exactamente lo mismo que en la naturaleza. La diversidad de los santos no nos distrae de Dios, sino que nos ayuda a enfocarnos en Él. Pero entre toda esa constelación de santidad que hay en la Iglesia, indudablemente brilla y gana a las demás estrellas. Esta Luna preciosa que es la Inmaculada con ese resplandor purísimo. Ella es la Reina, la Reina en la noche de este mundo. Es decir, es la que mejor refleja el Sol de Dios. Por supuesto, uno puede ver la luna y puede ver las estrellas. Pero ¿cuánto aventaja la Luna a las estrellas? Porque refleja más claramente lo que ha recibido y lo que ha recibido María Santísima desde el comienzo de su existencia. Eso es lo que quiere decir Inmaculada Concepción. Desde el mismo comienzo de su existencia, lo que ella ha recibido es indudablemente mayor. Y esa vocación única, puesta al servicio del plan de salvación, es la que hoy nos colma de gozo. Bendita sea María Santísima y bendito aquel que la hizo así, tan santa y bella.

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