Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué celebramos la Inmaculada Concepción de la Virgen María?

Homilía inma010a, predicada en 20021208, con 13 min. y 33 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos, tienen una belleza especial, tienen un perfume especial, tienen un aroma especial las fiestas de la Virgen. Cómo es de agradable celebrar la belleza de María, la santidad de María, la gracia de María. Qué bueno encontrar un lugar, qué bueno encontrar una persona en donde pueden descansar nuestros ojos. Una belleza que no nos lastima, una belleza que no nos ensucia, una belleza que no nos cansa, que no nos traiciona, que no nos lleva al pecado, sino a la paz, a la alegría, al amor. Esta es la belleza de María.

En el mundo hay muchas cosas bellas y hay muchas personas bellas, pero por obra del pecado, muchas veces la belleza es un instrumento para el mismo pecado. Cuántas veces un rostro bonito se convierte en ocasión de un pensamiento impuro. Cuántas veces un cuerpo bonito se convierte en pretexto para una relación impura. Cuántas veces una voz hermosa se convierte en anzuelo que atrapa al corazón y lo conduce a ensuciarse. En María no sucede así. En María tenemos un cuerpo que es bello porque es templo, un rostro que es bello porque es espejo de la gloria divina, una voz que es bella porque ha hablado con Dios. Y esa belleza no traiciona, no engaña, no nos lleva al mal. Belleza que es instrumento del bien, belleza que enamora el corazón, pero no para el mal, sino para el bien. Y esa es la paz, esa es la alegría que se siente cerca de la Virgen.

Y sin embargo, más que a María, hoy estamos celebrando a Jesucristo. Nuestras fiestas de María son, ante todo, fiestas de Cristo, y eso hay que predicarlo en cada caso y en cada casa. Por qué celebramos a María como Inmaculada. Esta afirmación, que pertenece a nuestra fe católica y sin la cual no se puede ser católico, esta afirmación tiene una historia. Durante muchos años, durante siglos enteros, los cristianos no tenían completamente clara esta afirmación que hoy nosotros podemos festejar a boca llena. Hay una historia, hay un camino que finalmente condujo a esta afirmación.

María fue concebida sin pecado original, y fue el pueblo de Dios el que lo sintió. Fue el corazón del pueblo el que presintió que había un misterio de atención maravilloso, singular, altísimo en María. Cómo condujo el Espíritu Santo el corazón de los fieles para llegar a comprender que María era la Inmaculada, la concebida sin pecado. Vamos a tratar de resumirlo en unas pocas frases, todas basadas en la Escritura. Porque aunque la Escritura no dice que María fue concebida sin pecado original, la Escritura sí nos da la sólida base sobre la cual, obrando el Espíritu Santo, el pueblo de Dios llegó a afirmar María fue concebida sin pecado.

¿Cuál es esa base bíblica? Primera, Jesucristo, verdadero hombre. Jesucristo verdadero hombre quiere decir Jesucristo verdadero adolescente, Jesucristo verdadero joven, Jesucristo verdadero niño, Jesucristo verdadero bebé. Afirmar la humanidad de Cristo no es afirmar que tuvo un cuerpo que funcionaba como nuestro cuerpo y que tenía húmero, radio, cúbito, tibia, peroné, cadera. No es una afirmación sobre la biología de Cristo, sino una afirmación más allá de la biología sobre el ser y la historia de Cristo.

Eso es bíblico. Es bíblico también afirmar que Jesús creció en edad, en sabiduría y en gracia. El Evangelio según San Lucas nos dice que Jesús crecía en la gracia. Si Jesús es verdadero hombre, verdadero bebé, verdadero feto, verdadero embrión, entonces Jesús recibió, como todos los bebés, como todos los embriones, como todos los fetos. Jesús recibió. Si nosotros miramos la vida pública del Señor, encontramos a Cristo dando. Pero Jesús recibió. Y esta afirmación, hermanos, es fundamental: Jesús recibió.

¿Qué hemos sacado de la Biblia? La verdadera humanidad de Cristo, que Cristo creció en sabiduría y en gracia, y por consiguiente, que Cristo recibió. Por otra parte, la Carta a los Hebreos nos dice clarísimamente que en Jesús no hubo pecado. Juntemos, hermanos, esas dos afirmaciones que hemos dicho. Lucas nos dice que Cristo creció en la gracia. Nuestra fe, basada en la Biblia, dice que Cristo fue verdadero bebé, verdadero niño, verdadero hombre. Y la Carta a los Hebreos nos dice que Cristo jamás tuvo pecado.

Juntemos en nuestra mente esas afirmaciones. Y qué aprendemos de ahí. Que de donde Jesús recibió no había pecado. Sí, Jesús recibió; sí, Jesús estuvo inerme, moldeable, como un bebé, no pensemos solamente en Jesús ya grandecito, está ya criado; pensemos en Jesús bebé. Jesús bebé recibe. Un bebé, un párvulo recibe para que un bebé crezca sin pecado y, al mismo tiempo, para que ese mismo Niño reciba de otros cómo hablar, cómo amar, cómo orar. Tenemos que afirmar que allí de donde Jesús recibía cómo vivir, cómo hablar, cómo orar, allí de donde Jesús recibía, allí no había pecado.

¿Y en manos y brazos de quién está el bebé, en manos y brazos de quién está el Niño, de quién recibe fundamentalmente el Niño? De los papás y, sobre todo, de la mamá. Así entendemos que si el perfecto entre los perfectos, que si el Santo de los Santos, si nuestro Señor Jesucristo es verdadero hombre, que necesita cuidados, no solamente que le cambien los pañales, sino que le enseñen a hablar y que le enseñen a orar. Si Jesús necesitaba que le enseñaran a hablar y que le enseñaran a orar, y si en Él nunca hubo pecado, allí de donde Jesús recibió hablar, orar y amar, allí de donde le cambiaron los pañales y donde le enseñaron a hablar, allí estaba obrando la santidad de Dios. Allí no había pecado.

Así es como el corazón humano puede entender un poquito, puede asomarse un poquito a la santidad de María. Cuál ha de ser la santidad de María para brindar una vida sin pecado, una enseñanza sin pecado, al Hijo del Dios vivo. Así entendemos un poquito quién es María, así entendemos qué misterio se esconde en este corazón.

Ahora bien, una mamá no se reserva en amor ante sus hijos. Si San Pablo pudo decirle a una comunidad cristiana: "Queríamos darles no solo la predicación, no solo la enseñanza, sino incluso nuestra propia vida". Si eso dice San Pablo, que estuvo bajo el poder del pecado, ¿qué entendemos nosotros de María? Que la capacidad de donación, que la capacidad de generosidad del corazón de la Virgen era y es total. María entrega de su corazón, de su amor. María entrega de su fuerza y de su vida sin reservas, hasta el fondo mismo de su existencia; está entregado en obediencia de amor a Dios.

Este es el misterio de la virginidad y de la obediencia de María. Si esa es María, sí, ella dio todo lo que tenía a Jesús porque no sabía amar de otro modo. No podemos suponer, no podemos admitir ningún poder del pecado en María. Y cuando uno dice que el pecado nunca tuvo poder en el corazón de María, uno dice que ella es la Inmaculada Concepción. Uno dice que ella fue concebida sin pecado, que ella ha vivido sin pecado y que ella, desde el cielo, ama sin pecado, sin sombra ni mancha de pecado.

Desde allí, desde la victoria perfecta sobre la antigua serpiente, María es el modelo de la Iglesia y, a la vez, es la gran señal que atrae a la Iglesia entera, a todos nosotros, hermanos, hacia el destino común, la patria del cielo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM