Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El demonio es hábil caricaturizando a Dios y le corresponde al cristiano vivir en discernimiento, tener ese ?olfato? espiritual para que todo lo que hagamos le dé la gloria a Señor.

Homilía i343012a, predicada en 20211124, con 7 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Una de las características del demonio es que es un imitador, lo cual tiene mucho sentido. Como el demonio no tiene poder de crear porque solo Dios es creador, entonces el demonio tiene que imitar la creación, como él quiere ser una especie de repetición o de reemplazo de Dios, entonces pues, le toca imitar la creación. Por eso, frente a la felicidad que Dios ofrece, el demonio ofrece su felicidad, una felicidad falsa. Frente a la paz que Dios ofrece, el demonio ofrece una paz falsa.

Por ejemplo, la paz que ofrece Dios es una paz en buena conciencia. La paz que ofrece el demonio es una especie de tranquilidad de aquel que se dopa, de aquel que se distancia, se desentiende de la realidad, por ejemplo, drogándose. Entonces, una característica, lo primero que hay que tener en cuenta, refiriéndonos a la primera lectura de hoy del profeta Daniel, es que el demonio tiene esa, esa tendencia de imitar. Por supuesto, cada imitación del demonio es una caricatura de lo de Dios. La felicidad final que Dios nos ofrece algunas veces la presenta la Biblia en términos de un maravilloso banquete, un banquete.

Pues el demonio también organiza su banquete. Y lo que aparece en la primera lectura de hoy es el banquete organizado por el demonio. Un banquete donde todos son excesos, blasfemias, orgía, profanación. El banquete del demonio, ese fiestón del demonio es la caricatura de la alegría pura, perfecta, que es el banquete del Reino de los Cielos. Entonces, ese es el segundo punto. Primer punto, que el demonio tiende a imitar, a repetir, a caricaturizar las cosas de Dios. Segundo, que frente al banquete del Reino de los Cielos, el demonio ofrece su banquete lleno de exceso, lleno de idolatría, de orgía, de pecado.

Tercer punto, la fiesta se daña. Dios daña la fiesta del demonio, que en este caso es la fiesta del rey Baltasar. El rey Baltasar pretendía burlarse de todo, hasta de los cálices del templo del Señor. Tráiganme los cálices del templo de Jerusalén, porque quiero que mis prostitutas beban de ese cáliz. Te das cuenta, es la arrogancia, es la disolución, es la degeneración propia del pecado y del demonio. Dios interrumpe la fiesta y cae esa sentencia que es pronunciada por el profeta Daniel: Tu reino ha sido contado, ha sido medido y ha sido dividido. Se acabó el desorden, se acabó la fiesta, se acabó la caricatura, se acabó la impostura, aquí se termina tu arrogancia.

Es la sentencia de Dios a través del profeta Daniel sobre este rey impío, este rey corrupto, este rey blasfemo. Bueno, y ¿qué enseñanza queda para nosotros? Pues quedan dos enseñanzas. Primera, la necesidad que tenemos de discernimiento. No toda alegría es buena, no toda, hay una alegría que es corrupta y que es caricatura de la verdadera alegría. Entonces, corresponde al cristiano vivir en ese discernimiento, tener ese olfato espiritual. El triunfo, por ejemplo, el éxito, el éxito que ofrece el demonio es ostentoso y es una caricia para el ego.

Entonces, cuando lleguen los aplausos y cuando parezca que estamos triunfando, ahí hay que agudizar la mirada, hay que afinar el olfato. Esto huele a Dios, esto le da la gloria a Dios. Discernimiento y, en particular, necesitamos de ese discernimiento en nuestras fiestas, en nuestras alegrías. Esta alegría, esta fiesta, esta reunión ¿le agrada a Dios? Es una pregunta que hay que hacerse, porque si tú no interrumpes la fiesta que ofende a Dios, un día Dios romperá tu fiesta, un día Dios interrumpirá tu fiesta como interrumpió, como cortó, como frenó la fiesta sacrílega del rey Baltasar.

Entonces, hay que cuidar particularmente nuestras alegrías, porque el corazón humano tiene ansia de alegría, es normal. El corazón humano tiene ansia de felicidad, es normal, pero tenemos que preguntarnos si esa alegría ofende a Dios. En resumen, discernimiento porque el demonio es hábil con las caricaturas. Y segundo, especial discernimiento en la alegría, en la fiesta. ¿Esto agrada a Dios? Y si no agrada, interrúmpelo tú antes de que Dios tenga que interrumpirlo.

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