Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo está la calidad de tu amor a Cristo? ¿Qué estás dispuesto a perder por Él? ¿A quién estás dispuesto a contrariar si está en juego el reinado, la gloria y la verdad del Señor?

Homilía i343009a, predicada en 20191127, con 4 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Será que a alguien le puede llamar la atención volverse discípulo de Cristo, después de que Él nos advierte: Todos los van a odiar por mi causa. Y hagamos esta pregunta un poco más personal, ¿estoy dispuesto a ser discípulo de Cristo, aunque llegue odio a mi vida, aunque me odien, aunque me detesten, y aunque, incluso las personas que lleguen a detestarme sean gente que esté muy cerca de mí?

Antes de dar una respuesta, yo quiero recordar a dos santos que quiero mucho. El primero es San Francisco de Asís y el segundo es Santo Tomás de Aquino. Cuando uno habla de San Francisco de Asís, inmediatamente la gente piensa en alegría, ternura, fraternidad, alabanza, bondad. Cuando uno habla de Santo Tomás de Aquino, la gente inmediatamente piensa en sabiduría, serenidad. Si conocen un poco más del santo, dirán, la pureza, la paz. Pero resulta que estos dos santos, por decirle sí a Cristo en un momento de su vida, fueron terriblemente detestados por sus familias.

Así, por ejemplo, sucedió en el caso de Francisco. El papá de San Francisco de Asís era un próspero comerciante y él tenía el sueño, el proyecto de que su hijo Francisco tenía que ser el continuador de ese imperio económico que apenas estaba naciendo. Pero resulta que Cristo se interpuso en los planes de ese papá de Francisco, porque Cristo enamoró de tal manera el corazón de Francisco, que este hombre empezó a dedicarse a otras cosas, cosas absolutamente extrañas, exageradas para la mente del papá de Francisco de Asís.

Cosas como, por ejemplo, servir a los leprosos. Cosas como, por ejemplo, gastar muchísimo tiempo en oración. Cosas como, por ejemplo, hacer ayunos y penitencias. Cosas como, por ejemplo, estudiar con detención, con amor el santo Evangelio hasta convertirse como en un espejo de ese mismo Evangelio. Este tipo de actividades por las que Francisco de Asís llegó a ser Francisco de Asís, esta clase de actividades no las amaba el papá de Francisco. Al contrario, esta clase de actividades le fueron despertando una tremenda desconfianza y luego desprecio, y finalmente ira, hasta el punto de llegar a desheredar al hijo, algo así como, ya tú no eres mi hijo.

Eso es lo que significa en la práctica la frase que Cristo nos ha dicho hoy, por ser demasiado discípulo de Cristo, ya ves lo que le pasó al bueno de Francisco. Algo parecido debemos contar cuando se trata de Tomás de Aquino. En el caso de Tomás, no era que la familia se estuviera oponiendo a que él fuera religioso, sino que el camino que tomó Tomás de Aquino, ese camino de predicación con una orden recién fundada, una orden muy pobre, una orden dedicada a la teología y la predicación, a ver, eso como que no cabía dentro de los esquemas, dentro de los planes de la familia de Tomás.

Cuando Tomás entró a la comunidad, pues la familia fue allá a buscarlo y por la fuerza lo trajeron de nuevo a los predios familiares y, de hecho, lo encarcelaron, casi un año estuvo encarcelado en la práctica, estuvo secuestrado. Tomás, Tomás de Aquino estuvo secuestrado prácticamente un año. Y ¿quién lo secuestró? Su familia, su propia familia. Eso es lo que nos está diciendo Jesucristo hoy. Y yo creo que esta pequeña homilía ya está hecha, yo creo que el mensaje ya se comprende.

Por lo menos lo que a mí me dice en los ejemplos de santos tan grandes como Tomás de Aquino o como Francisco de Asís, lo que a mí me dice es ¿cómo está la calidad de tu amor a Cristo, Nelson? Y la calidad de tu amor a Cristo, se nota en una pregunta muy simple, ¿qué estás dispuesto a perder por Cristo? O todavía otra, ¿a quién estás dispuesto a contrariar, si lo que está en juego es el reinado de Cristo, la gloria de Cristo, la verdad de Cristo? Son preguntas que debemos tomar muy en serio en esta última semana del tiempo ordinario.

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