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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El engaño del pecado está en hacernos sentir poderosos pero en el fondo somos esclavos, quiere que nos levantemos con soberbia pero ya está preparando nuestra ruina.

Homilía i343007a, predicada en 20171129, con 6 min. y 0 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo quinto del profeta Daniel. Encontramos el banquete del rey Baltasar, la imagen que se nos presenta es la de un hombre lleno de soberbia y un hombre esclavo de sus pasiones. Por favor, partamos de esa base. Se cree poderoso y por eso habla con presunción, con altivez. Pero, por otro lado, es una persona supersticiosa, en el fondo es un miedoso y, sobre todo, ya es esclavo de sus pasiones. Sus pasiones, darse gusto, darse placer, rellenar de placer su cuerpo con el sexo, la comida y la bebida.

Entonces, lo primero que hay que tener en cuenta en la primera enseñanza es observemos al rey Baltasar. Por una parte, se cree poderoso. Por otra parte, ya es un esclavo. Esa imagen es importante porque ese es el engaño que el pecado trae a nuestra vida. Quiere que nos sintamos poderosos, pero en el fondo nos hace esclavos. Quiere que nos levantemos con soberbia, pero en el fondo ya está preparando nuestra ruina. Si vemos luego en el texto, nos damos cuenta a dónde conduce esta manera de obrar.

El rey Baltasar ve que nada tiene que oponerse, nada puede oponerse, nada, nada puede oponerse a su arrogancia, a su grandeza. La imagen se nos presenta en la época del destierro, han sido llevados los vasos sagrados del templo de Jerusalén a Caldea, y este rey Baltasar quiere proclamar que él está por encima de todos, que él no le tiene miedo a nada, que él no respeta nada. Y para demostrar que nadie puede estar por encima de él, manda traer los vasos sagrados del templo de Jerusalén.

Porque necesita demostrar que esas mismas copas donde se ofrecían las santas libaciones por el Dios liberador de Egipto, que liberó a los israelitas de Egipto, el Dios Yahvé, el Dios de la Alianza, el Dios de Moisés, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Esas copas donde se ofrecía el santo brindis, la libación santa por el Rey Yahvé, por el Dios Yahvé. Esas son las copas en las que yo quiero beber. Si te das cuenta dónde conduce la soberbia, no soporta, no soporta competencia, no soporta que nadie se presente como cercano. Yo reinaré y nadie más, esto es lo propio de Satanás.

Y esto es lo propio del pecador en la medida en que se va dejando llevar por su pecado. Por eso la necesidad de profanar, por eso la necesidad de blasfemar, por eso la necesidad de burlarse de lo sagrado, como está pasando en nuestro tiempo. Nunca en los últimos 50 o 100 años se habían presentado tantos ataques, no solamente en países de mayoría musulmana o de mayoría atea, en nuestros países de tradición católica nunca se habían presentado tantos ataques. Ataques robando hostias consagradas, ataques destruyendo iglesias, ataques profanando y destruyendo en público imágenes de Cristo, de la Virgen o de los santos.

Todas estas burlas auspiciadas por el movimiento que se llama, este de las mujeres autoconvocadas en Argentina. Esa necesidad de expresar su odio contra la Iglesia, contra la religión. Esa necesidad de ensuciar, de mancillar, de ser sacrílegas. Las mujeres autoconvocadas, especialmente en Argentina. Esa necesidad de burlarse de lo religioso a través de los llamados drag queen. Estas personas que se visten, son hombres, pero se visten de modo femenino como si fueran transexuales o travestis.

Y entonces, por allá sucedió en un lugar de España, se visten así, como si fueran mujeres. Pero no contentos con esa ofensa al Creador, no, quiero vestirme de Virgen María para burlarme de la Virgen María. Fíjate esa necesidad de profanar y ¿de dónde viene eso, de dónde viene? Viene de lo mismo que vivió el rey Baltasar. Es decir, cuando la soberbia nos llena, yo no soporto que haya un Dios. Porque si existe un Dios, yo tendría que obedecerlo. Y yo no quiero obedecer a nadie, sino mi propio apetito o mi propio capricho.

Por eso, toda soberbia termina siendo satánica, toda soberbia termina buscando la destrucción de la religión, porque no soporta, no soporta que haya un Dios. Sin embargo, el mismo texto nos ha mostrado en dónde termina ese rey Baltasar, a dónde llega. El texto nos lo muestra claramente y creo que esa lección tenemos que aprenderla antes de que sea tarde.

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