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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La arrogancia conduce pronto a la ingratitud, el exceso, el cinismo y el sacrilegio. La confianza, en cambio, lleva pronto a la fortaleza, la perseverancia y al final, la victoria.
Homilía i343006a, predicada en 20151125, con 7 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, el domingo pasado celebrábamos a Jesucristo como Rey del Universo. Esa festividad tiene una especie de prolongación en los días de esta semana. Esta es una semana donde reflexionamos lo que significa tener realmente a Dios como centro y Señor de nuestras vidas. Y las dos lecturas de hoy, que utilizan un lenguaje bastante impactante, nos pueden servir para recordar esa verdad fundamental y para hacernos esa pregunta, si de verdad el Señor es el centro de nuestra vida.
En la primera lectura, que fue tomada del profeta Daniel, aprendemos por contraste, es decir, aprendemos con un contraejemplo. Así como cuando una persona ve a un borracho perdido que ha arruinado su cuerpo, su familia, su matrimonio y dice: Yo tengo que aprender de ese contraejemplo la manera como yo quiero vivir. Así en la primera lectura se nos presenta un contraejemplo, es decir, el desastre al que conduce la arrogancia humana cuando no reconoce que es Dios y solamente Dios el que nos lo ha dado todo.
El personaje que aparece en esa lectura se llama Baltasar. Según la tradición, fue un rey de los caldeos, hijo de un gran general llamado Nabucodonosor. Y este general Nabucodonosor entró a Jerusalén, incendió el templo de Dios y arrasó con todo el ajuar del templo, se llevó todo lo que era valioso, particularmente lo que era de oro. Baltasar, según se nos cuenta en la primera lectura, lleno de soberbia, lleno de sí mismo, creyéndose realmente por encima de todos, dijo que le trajeran esas copas, las del templo de Dios.
Una locura, como una persona que estuviera en una fiesta, en una rumba y dijera: No me basta con disfrutar, tráiganme, esto se llama cáliz, tráiganme los cálices de la iglesia que quiero brindar en esos cálices y quiero emborracharme con ese vino. Ese es el tipo de profanación que realiza Baltazar y en esas circunstancias es donde aparece esa extraña visión sobre una pared que más o menos lo que le viene a decir es: Hay un límite para tu soberbia, hay un límite para tu arrogancia y todo eso que tú pretendes que eres ya no lo vas a hacer más. Y ahí es donde se acaba el imperio de los caldeos.
Efectivamente, si miramos la historia en el siglo VI antes de Cristo, se acabó el imperio de los caldeos, fueron invadidos por los persas, ahí entró un famoso rey que se llamaba Ciro. Y entonces, de todo ese esplendor de los caldeos, no quedó nada. Quizás algunos de ustedes han oído hablar de las siete maravillas del mundo antiguo. Una de las siete maravillas precisamente era del Imperio caldeo, eran los llamados Jardines Colgantes de Babilonia. Según los que lograron presenciar esa maravilla, era una de las muestras más espectaculares de la arquitectura antigua.
Estoy aquí rodeado de eminentes arquitectos que saben mucho más de eso que yo y dicen que de las grandes muestras de la arquitectura antigua y de la ingeniería y el ingenio de los antiguos eran esos jardines de Babilonia. Pero no quedó nada. Entonces, ¿qué tenemos que aprender de ese contraejemplo? Que todo lo que nosotros tenemos lo hemos recibido de Dios, todo. Si tenemos un gran talento, una gran inteligencia para hacer negocios, para hacer planes para hacer empresas, es Dios la fuente de todo, es Dios el que nos lo ha dado todo.
Y por eso, a mí me emociona tanto que una empresa que ha tenido tantos éxitos como ésta, en un día como hoy dice: Vamos a darle gracias a Dios porque reconocemos que sí, claro, ha habido el esfuerzo de todos, esto no es gratis, esto es con esfuerzo, pero finalmente ¿quién nos da esa capacidad? la da el Señor. Eso aprendemos de la primera lectura. La segunda lectura nos proclama el señorío de Cristo de otra manera, nos está contando que cuando uno intenta vivir la vida en cristiano, también encuentra oposición, encuentra resistencia.
Sabemos, por ejemplo, por las noticias, lo que les está sucediendo a muchos cristianos en otras partes del mundo, en Nigeria, en Siria, en Irak, son situaciones realmente muy difíciles. Me impactó mucho una entrevista que le hacían a una señora en Nigeria y ella decía: Cuando salimos con mis hijos para la misa el domingo, no sabemos si regresaremos, porque es uno de los lugares donde ha habido mayor número de ataques de estos fundamentalistas islámicos que hacen todo tipo de barbaridades. En alguna ocasión, cerraron las puertas de una iglesia y le prendieron fuego y quemaron vivos a todos los que estaban ahí.
Entonces, el Evangelio nos recuerda que a veces encontramos persecución, ya sea en cosas tan dramáticas como lo que viven nuestros hermanos en Irak, en Siria, en Egipto a veces, en Libia, en fin, en tantos lugares, en Nigeria, en Kenia también hubo una matanza espantosa de jóvenes. Y ustedes saben que antes de acribillar a los jóvenes, lo que le preguntaban era si eres cristiano y si la persona decía: soy cristiano. Pues le vaciaban una ráfaga y le causaban la muerte. Pero en medio de esa dureza de nuestro mundo, hay una lección muy hermosa.
Jesús dice: Yo estoy ahí. Ni siquiera, ni siquiera se preocupen de preparar su defensa, sus intereses, lo más querido por ustedes está en mis manos y está en mi propio corazón y en mis propios intereses. Claro, uno se pregunta: Y en el caso de un mártir, cómo así, si murió pues, ¿qué pasó? Pues lo que pasa es que para quienes creemos en Jesucristo, sabemos que el arco de la vida no termina simplemente con la muerte, pero ese es otro tema.
Así que la gran enseñanza de este día, vivir agradecidos con Dios, vivir en el santo temor de Dios, atribuirle en primer lugar al Señor todo lo bueno que tenemos en esta vida y estar dispuestos también a defender nuestros principios de fe y nuestros principios morales, así vengan tiempos de oposición.

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