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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lo que Dios nos da debe ponerse al servicio de los demás y de Su gloria. La verdadera generosidad consiste en hacer fructificar los dones o permitir que otros los aprovechen, nunca guardarlos sin propósito.
Homilía i333012a, predicada en 20251119, con 9 min. y 28 seg. 
Transcripción:
La parte más intrigante del Evangelio que escuchamos el día de hoy en la Santa Misa, es esa pregunta que Cristo le hace al hombre que escondió aquella mina, es como una medida, otras traducciones dicen una onza de oro. No es una mina en el sentido de esas cavernas de donde sacan minerales, sino mina es aquí una medida de un metal precioso, en este caso de oro. Entonces, Cristo le pregunta a él: ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco para que yo por lo menos hubiera podido reclamar los intereses?
Y por eso, nos vamos a detener en esta pregunta, que puede sonar un poco exótica ¿Cuál es la diferencia entre enterrar la onza de oro y llevar ese oro al banco? Pues la respuesta parece sencilla. En el banco, pues va a ganar algo de intereses, lo cual es muy interesante históricamente hablando, porque nos está indicando que ya en la época de Cristo había como esa idea de que un préstamo de dinero generaba más dinero. Ese es un tema histórico que vale la pena profundizar, pero no es nuestro tema hoy. En todo caso, uno podría decir: Pues la respuesta es muy sencilla.
Mira, resulta que la diferencia entre enterrar la onza de oro y llevarla al banco es que cuando se lleva al banco hay unos intereses. Magnífico, está muy claro eso. Pero esa es una parábola y cuando hay una parábola uno tiene que preguntarse ¿eso cómo se aplica a la vida real? ¿Qué significa en la vida real, en nuestra vida, por ejemplo, qué significa enterrar la onza de oro? Y ¿qué significa llevar esa onza de oro al banco? ¿Qué sería ese banco, a donde puedo yo llevar un talento si no me siento en disposición de trabajarlo?
Qué significa ese banco en términos, repito, de nuestra vida cristiana, en términos de nuestra vida como servidores del Señor, como fieles, como miembros de una Iglesia. ¿Qué es el banco, a qué equivale el banco? Porque claramente estamos en una comparación. Entonces, ¿qué significa el banco, qué quiere decir ese banco? Esa es la pregunta que nos hacemos, que, repito, me parece una pregunta bien interesante, una pregunta que realmente nos pone a pensar. Pues, yo les comento la mejor respuesta que he conocido y es posible que esto les sirva a algunos.
La mejor respuesta que he conocido es esta, cuando tú entierras la onza de oro, ni tú la trabajaste ni nadie la puede trabajar. O sea, no nos fijemos en el aspecto de los intereses, no nos fijemos en el aspecto de qué tanto gana o qué tanto no gana el dinero, salgamos un poco del esquema monetario y pensémoslo este modo. El que entierra la onza de oro ni la trabajó él, ni le permitió a otros que trabajaran con ello. En cambio, el que lleva la onza de oro a los prestamistas o al banco, como dice el texto, la traducción que utilizamos usualmente, el que lleva esa onza de oro al banco, aunque él mismo no lo trabaja, otros sí lo pueden trabajar.
Y yo creo que ahí nos vamos acercando a una respuesta interesante. Fíjate que Cristo en la parábola pondera a aquellos que se pusieron a trabajar con lo que habían recibido, eso es lo que recibe mayor elogio, los que trabajaron lo que habían recibido. Luego, en el extremo contrario, en el extremo más bajo, tenemos a este que enterró la onza de oro. O sea, ni la trabajó él, ni permitió que otros la trabajaran. Espero estarme explicando, son los dos extremos. Un extremo es aquellos, extremo positivo, aquellos que sí trabajaron la onza de oro, extremo positivo. Extremo negativo, aquellos o aquel, mejor dicho, que ni la trabajó él, ni dejó que otros trabajaran.
En la mitad y esa es la parte que me interesa, está lo del banco. Parece que lo mínimo es: Si no lo vas a trabajar tú, por lo menos deja que otros lo trabajen. Entonces, la escala o la comparación no es únicamente entre un máximo y un mínimo. El máximo es, tú trabajaste tus talentos o tú trabajaste tu onza de oro, ese es el máximo, eso es lo mejor. Lo mínimo es, ni trabajaste tú, ni dejaste que otros trabajaran, eso es lo mínimo, lo mínimo de lo mínimo, lo peor. Pero entre esos dos extremos hay un extremo, hay un punto, perdón, intermedio que es: Está bien, tú no lo trabajaste, pero por lo menos permitiste que otros lo trabajaran.
Eso es como lo que Cristo quisiera de nosotros, como diciendo si no lo vas a trabajar tú, por lo menos permite que otros lo trabajen. Ahora tratemos de aplicar eso a nuestra vida, porque te vas a dar cuenta que esto tiene mucho que ver con nuestra vida. Yo recuerdo cuando murió un millonario, multimillonario muy famoso, en esa época vivía todavía mi padre. Prefiero no decir el nombre aquí, pero tú le puedes poner casi cualquier nombre, porque muchos de estos personajes se parecen en lo que voy a decir.
Este hombre, este multimillonario que murió en época en que vivía mi padre, pues él dejó una cantidad de propiedades, propiedades que había comprado. Me acuerdo que tenía una propiedad en Brasil, una propiedad en Australia, una propiedad en Grecia, otra propiedad en Canadá. Bueno, en Miami. Bueno, una cantidad de propiedades. Una cantidad de propiedades que nunca visitó, con las que no hizo nada, supuestamente, él pensaba que la vida le iba a dar para utilizarlas como inversiones. Tú sabes que hay gente que invierte en finca raíz.
O sea, él tenía una cantidad de propiedades, estoy hablando de cosas, por supuesto, físicas. Tenía una cantidad de propiedades que nunca trabajó, ni las disfrutó él, ni las disfrutó nadie, ni siquiera le sirvieron como inversiones realmente para él, porque la vida no le dio para eso, porque la vida es finita. Yo creo que ahí estamos en uno de estos casos, es decir, si tuviste tanto talento, tanto talento para recibir todo eso que tienes en términos de posesiones o de dinero, ¿ese dinero realmente te está sirviendo a ti?
Un famoso narcotraficante colombiano, cuando finalmente fue eliminado o como dicen ahora neutralizado en un operativo internacional, ese famoso narcotraficante colombiano tenía enterrados barriles llenos de billetes, de dólares concretamente, dinero perfectamente ilícito. ¿A quién le sirvió ese dinero? No le sirvió ni a él ni a nadie. Entonces, si no lo vas a trabajar tú, por lo menos permite que otras personas lo utilicen. Es interesante en la predicación de los santos padres cómo aparece esta idea, la idea de que acumular en sí mismo es muy peligroso, porque acumular es lo mismo que enterrar.
Por ejemplo, uno de estos padres dice: La ropa que tú nunca usas se la estás robando al pobre. Mira eso, eso que tú tienes enterrado está en tu armario, no sirve para ti ni sirve para nadie, por lo menos deja que otro lo utilice. Si tú estás simplemente recibiendo y acumulando, ya se trate de conocimiento, ya se trate de tierras, ya se trate de ropa, ya se trate de cosas, ya se trate de dinero. Si tú únicamente estás recibiendo y acumulando, tú no estás poniendo a trabajar eso, ni tampoco estás permitiendo que otros lo aprovechen.
El ideal es que tú pongas a trabajar lo que has recibido para la gloria de Dios, eso es lo mejor. Y lo peor de lo peor es que ni lo trabajes tú ni lo trabaje nadie, es decir, que eso se pudra ahí. Pero hay un grado intermedio que no es lo que Dios quiere, pero es un poco menos malo. Si no lo vas a trabajar tú, por lo menos deja que otros lo trabajen, deja que otros lo aprovechen. Espero que esta sencilla explicación que aprendí hace poco, nos ayude a mirar de otro modo este texto del Evangelio y, sobre todo, nos mueva auténtica generosidad.

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