Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Muchas veces la vida cristiana parece que es trabajar para un perdedor, y al ver al Crucificado tal vez se nos haga más fuerte esa idea, pero dichosos los que en fe tienen la certeza de que Aquel que parece el perdedor en realidad es el Rey de Reyes.

Homilía i333009a, predicada en 20211117, con 6 min. y 57 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy tiene una parábola, eso no es raro, pero es una parábola que tiene como dos historias entretejidas, hasta el punto que algunos estudiosos de la Biblia dicen que hubo una especie de combinación de dos historias. Una historia tiene que ver con este hombre que se fue a asegurar su título de rey y tenía el odio, seguramente la envidia de sus conciudadanos que no querían que él fuera rey. Y luego, cuando él regresa, entonces hace ajusticiar a sus enemigos. Esa es como una historia, pero dentro de esa historia queda empacada otra historia.

La otra historia es que este hombre, cuando se va al extranjero para asegurar su título de rey, deja una serie de riquezas en forma de onzas, las llaman aquí. Es decir, deja unas riquezas, a uno le deja 10, a otro 5 a otro uno, seguramente los números no son lo más importante, pero el hecho es que deja una riqueza, y hay gente que trabaja la riqueza y hay gente que no la trabaja. Y entonces, pues cuando este hombre vuelve ya con su título de rey, hace dos cosas. Primero, al que tenía una onza de esa riqueza, de ese oro, de lo que fuera, se lo quita y le da esa onza al que ya tenía 10, vaya.

Y mientras tanto, y después de eso hace ajusticiar a sus enemigos. Como te das cuenta, son como dos historias que están una dentro de otra. La historia de afuera, la historia envolvente, es la de hacer justicia de los enemigos y la historia de adentro es la de hacer justicia a sus servidores. O sea que sí hay un tema que conecta esas dos historias, la historia de afuera, repito, es hacer justicia a los enemigos. La historia de adentro es hacer justicia a sus servidores, o sea, juzgar lo que ellos han hecho. O sea que el tema que aparece uniendo estas dos historias, es el tema de la justicia.

Normalmente cuando se predica de este Evangelio, la atención se pone en aquello de que tenemos que trabajar en los dones o con los dones que Dios nos ha dado. Eso está muy bien, hay que trabajar esos dones, de acuerdo perfectamente. Pero atención, porque resulta que hay un vínculo muy, pero muy interesante entre la historia de afuera y la historia de adentro. Ponme cuidado, la historia de afuera es aquello de que los conciudadanos lo envidiaban, lo odiaban y no lo querían por rey. La historia de adentro es la de los servidores que reciben unos encargos, unas riquezas y que tienen que ponerlas a trabajar.

Mira cómo se conectan estas dos historias, que es algo que aprendí muy recientemente y que por eso te estoy compartiendo. Mira cómo se conectan, casi siempre uno piensa que el que no trabajó, el que no trabajó lo que le dieron era, como dice la escritura, era un perezoso. Parece que hay algo más, el no quería subirse al barco del perdedor, el no quería trabajar para el perdedor. El que no trabajó el dinero de su señor, no quería trabajar para el perdedor porque él pensaba que el amo no iba a lograr lo que quería. Es decir, su título de rey no lo iba a lograr. Y como él estaba convencido que el amo no lo iba a lograr, no quería trabajar para el perdedor.

Mira, esta interpretación, por lo menos a mí me ilumina de una manera impresionante, porque muchas veces cuando estamos tratando de ser fieles al Señor, es como si sintiéramos que estamos trabajando del lado de los perdedores. De verdad, es como si sintiéramos no, pero esto, esto, esto está muy difícil, está muy difícil así. Piensa, por ejemplo, en la persona que es honrada en un ambiente de corrupción. Hay un momento en el que esa persona honrada se siente como del lado de los perdedores, como quien dice el bobo aquí soy yo.

O piensa, por ejemplo, en aquella persona que cultiva seguramente con esfuerzo, virtudes de pureza, de castidad, y da la impresión de que ese hombre o esa mujer dice para sus adentros: Entonces, la única tonta soy yo. Aquí todo el mundo disfruta, todo el mundo la pasa bueno, y si les va mal, abortan. Y la única tonta soy yo. Es decir, trabajar para Dios a veces te va a hacer sentir que estás del lado de los perdedores. Y lo que le pasó al tipo del Evangelio, es que él no quería trabajar para un perdedor, porque él sabía que odiaban a ese que se fue a buscar el título de rey.

Sabía que no lo querían y él apostó, ese no lo va a lograr. Yo qué hago trabajando y aumentando la riqueza de ese que es un perdedor, yo no quiero trabajar para un perdedor. Muchas veces, muchas veces la vida cristiana parece algo así como trabajar para un perdedor. Y cuando vemos al crucificado, caramba, quizás incluso se nos hace más fuerte esa idea que estamos trabajando para un perdedor. Pero dichosos aquellos que tienen la certeza en fe de que aquel que parece que es el perdedor, en realidad, es el Rey de reyes. Y, en realidad, ante él tendrán que comparecer sus enemigos y tendremos que comparecer sus servidores. Piénsalo y después aplícalo a tu vida.

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