Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los servidores de Cristo no nos escudamos en nuestras disculpas sino que trabajamos para Él con lo poco o mucho que tengamos.

Homilía i333008a, predicada en 20191120, con 6 min. y 10 seg.

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Transcripción:

¿Qué va a pasar al fin con los servidores de Cristo y qué va a pasar con los enemigos de Cristo? Al final, ¿cómo termina la historia? Esa es la pregunta que aborda, por medio de una parábola, nuestro Señor, según nos cuenta el capítulo 19 de San Lucas, es decir, el propio del Evangelio de hoy. Parece que la clave de lectura de este pasaje del Evangelio está en esa frase que está al principio. Nos dice San Lucas: «Se pensaba que el Reino de Dios iba a despuntar en cualquier momento». Ese es el contexto, esas son las circunstancias. El Reino de Dios ya casi va a brotar, ya casi va a aparecer, ya casi va a amanecer.

Pero la gente tenía ideas muy dispares sobre el Reino de Dios, no solamente sobre la forma que tendría ese Reino, sino también qué significaba ese Reino mismo. Es decir, ¿qué pasa si yo tomo en serio y acepto? O ¿qué pasa si yo rechazo el mensaje de Cristo? Es aquí donde la parábola del Señor tiene mucho que enseñarnos. Efectivamente, en esta parábola aparecen dos grupos de personas, hay unos que son los enemigos, los que dicen: No queremos que él sea nuestro rey. Esos son los enemigos y su final es desastroso. Al final son degollados en juicio frente al mismo rey, es decir, lo pierden todo.

Eso equivale a lo que nuestra fe enseña sobre la condenación eterna, eso equivale a lo que el capítulo 25 de Mateo contiene en aquellas palabras absolutamente terribles: «Id malditos al fuego eterno reservado al demonio y a sus secuaces». Eso equivale, la suerte de los enemigos de Cristo, equivale también a lo que nos dice el capítulo número 15 de San Juan cuando dice Nuestro Señor que Él es la vid, que su Padre es el viñador y que toda rama que no da fruto, será cortada y será arrojada al fuego. O sea que ahí tienes tres mensajes, todos de Cristo, uno de Lucas, uno en San Lucas, quiero decir, uno en San Mateo y uno en San Juan.

Y todos nos advierten exactamente lo mismo, el final, el único final posible para los enemigos de Cristo, es su desastre, su hundimiento, su condenación, eso no deja duda. Pero ahora, ¿qué pasa con los servidores de Cristo? Aparecen estos servidores de Cristo representados en aquellos tres hombres que reciben lo mismo, reciben el mismo tesoro, una onza o una mina de oro. Mina de oro no hay que entenderla como una montaña llena de oro, mina es una medida, es una medida de oro que equivale a un cierto peso. Por eso algunos traducen por una onza de oro, una cantidad de oro.

Y la idea es que los tres reciben lo mismo. Uno trabaja bastante o tiene más suerte o le va mejor como lo quieras poner y resulta que logra 10 onzas, a partir de una logra diez, el otro a partir de una logra 5. Y el otro, en cambio, es el que tímidamente envuelve esa onza y no trabaja, es el holgazán. Y ¿qué es lo que nosotros aprendemos sobre estos servidores? Nosotros aprendemos que habrá gente que logrará más y habrá gente que logrará menos, pero lo importante es que cada uno trabaje con lo que tiene. Es decir, el regaño, el castigo que recibe el último es por no trabajar.

Tú no tienes que preocuparte de que tus resultados sean iguales, mejores, mayores a los de otros, no te compares con otros. Lo importante es que tú, con lo que tú tienes avances. Y si tú avanzas, eso pequeño que tú hiciste, luego florece de una manera inmensa y esa es la gloria del cielo. Dice Santo Tomás de Aquino: El único criterio de diferencia en el cielo es el volumen de amor, es la intensidad del amor. Ahí no entra como criterio que los que fueron sacerdotes están más cerca y los que no fueron sacerdotes, los laicos, más lejos.

No, no entra como criterio los que vivieron en tiempos pacíficos sufrieron menos, quedan más lejos. Los que vivieron en tiempos de persecución sufrieron más, quedan más cerca. Santo Tomás, con su agudeza característica, nos dice: Lo único que determina el lugar en el cielo es la intensidad del amor. Entonces, resumiendo, esta parábola nos está enseñando qué sucede con los enemigos de Cristo y con los discípulos de Cristo. Y la enseñanza es fuerte porque nos está diciendo que el destino de los enemigos de Cristo solo es catástrofe.

Y en cuanto a los amigos y servidores de Cristo, el pecado que no debemos cometer es escudarnos en nuestras disculpas y no trabajar con lo que tenemos, eso por una parte. Y, por otra parte, que donde sea más intenso, donde sea mayor ese fruto. Y nos dice Santo Tomás, ese mayor proviene del amor, donde sea mayor esa caridad también será mayor, la recompensa, también será más grande la gloria del cielo.

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