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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todos hemos recibido en forma diferente y al tiempo hemos recibido igual, lo importante es poner a trabajar lo mucho o poco recibido, porque al final es lo que va a importar.
Homilía i333006a, predicada en 20171122, con 5 min. y 35 seg. 
Transcripción:
Un mensaje muy continuo que recibimos en estas lecturas del final del año litúrgico es la conciencia de que el tiempo es limitado. Esa frase dicha de esa manera tan sencilla, tal vez no tiene tanto impacto como la forma que se utilizaba en otras épocas. «Memento mori», acuérdate que vas a morir. Recordar que el tiempo es limitado es poner delante de nosotros ya la realidad de la muerte y, junto con la realidad de la muerte, la realidad de presentar nuestra vida ante Dios. Por eso, hay tantos mensajes que llevan esa connotación de dar cuentas, presentar cuentas, como tienen que hacerlo los que son administradores, no los que son dueños.
Esa conciencia de que hay que presentar cuentas está indicando la gravedad única de la muerte, la seriedad única de la muerte. Y ese presentar cuentas también nos hace tomar mayor conciencia de qué es lo que tenemos en el momento presente. Es decir, aunque la muerte es algo futuro, al recordar que va a suceder al ponernos delante de la eternidad, de inmediato caemos en cuenta que tenemos que aprovechar los dones actuales. Hay varias parábolas que nos hablan de ese aprovechamiento del tiempo presente, por ejemplo, la parábola de los talentos en el Evangelio según San Mateo.
Aquí en Lucas encontramos una parábola de las 10 minas o de las 10 onzas. En el caso de la parábola de los talentos, lo que la gente recibió al principio fue distinto. En el caso de esta parábola, lo que recibieron fue igual. Y esa diferencia, esa pequeña diferencia, nos hace pensar en algo muy interesante y es que los seres humanos hemos recibido distinto, pero también hemos recibido igual. Hemos recibido distinto, por ejemplo, en que nuestras capacidades y aptitudes son distintas, no todos somos igualmente buenos, regulares o malos en las distintas cosas.
Hay quien tiene mejor salud o peor salud, mejor inteligencia, menos inteligencia, más capacidad de interacción social y liderazgo, otro tiene menos. Es decir que, definitivamente ahí hay una, podríamos decir, una diferencia. Pero, al mismo tiempo, todos hemos recibido igual en el sentido de que todos somos llamados por igual a la dignidad de la vida humana y todos somos llamados por igual a responder ante el único Dios, y todos somos llamados por igual a gozar de la visión de ese único Dios en la eternidad. O sea que, aún en esas pequeñas diferencias entre textos, nos damos cuenta que de verdad hay enseñanza.
Por ejemplo, en esto que acabamos de decir, al comparar la parábola de los talentos con esta parábola de las minas o de las onzas de oro, llegamos a una conclusión y es que en un sentido todos hemos recibido distinto y en otro sentido todos hemos recibido igual. Pero hay otra lección que podemos tomar del texto de hoy, y es que, aún recibiendo igual, lo que cada uno produjo fue distinto. O sea que otra vez aparece la relación entre lo igual y lo distinto. Uno supo aprovechar eso único que recibió, esa única onza y produjo con ella otras 10 onzas. Otro, en cambio, recibió esa onza y solo pudo producir con ella 5.
Pero ambos son felicitados, lo cual también indica que lo más importante para el Reino no era la cantidad. Lo más importante es que tú aproveches, aproveches tu tiempo, tal vez tu capacidad, los resultados externos, los resultados numéricos pueden ser diferentes, eso no es lo más importante. Lo más importante es que con esos resultados, muchos o pequeños, tú has puesto a trabajar lo tuyo, has puesto realmente en tu vida, has puesto tu compromiso, has puesto tu corazón, has puesto tu ser, eso es lo importante.
En resumen, nos quedamos con dos enseñanzas. Primera, que los seres humanos, en cierto sentido, hemos recibido diferente y, en cierto sentido, hemos recibido igual. Y, en segundo lugar, que tengamos mucho o poco, lo importante es esa implicación, ese poner de ti, ese dar de tu corazón, de tu tiempo y de tu ser, es eso lo que está mirando el Señor y es eso lo único que realmente va a importar al final.

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