Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Evangelio nos cuestiona sobre qué tanto nos importa lo que ofende a Dios y le roba su gloria, y cuánto nos importan aquellos que fueron adquiridos por la sangre de su Hijo.

Homilía i333004a, predicada en 20151118, con 6 min. y 7 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número 19 de San Lucas. Es una parábola, o probablemente la combinación de dos parábolas de Cristo. La parte que yo quisiera que reflexionáramos es lo que sucede cuando el Señor de estos empleados regresa a su casa y empieza a pedir cuentas de lo que cada uno ha hecho. Hay uno en particular que le dice: Tuve miedo porque tú eres persona exigente. Entonces, lo que hice fue guardar tu onza de oro en un pañuelo y aquí te la entrego, aquí te la devuelvo. Tómalo tuyo, le dice este empleado, la he tenido guardada en el pañuelo, te tenía miedo.

Aquel señor le habla a ese empleado y le dice: Eres un holgazán y lo manda a castigar. La holgazanería es la característica de aquel que no actúa. Y yo creo que ahí hay una primera enseñanza, no nos es lícito abstenernos de actuar. Óyeme esta frase, no hacer nada también es una opción. A veces se piensa que las opciones se limitan a tengo que hacer esto, o puedo hacer esto o puedo hacer lo de más allá. No, no solamente cuando optamos hacer algo, estamos optando, si pretendemos no hacer nada, ese no hacer nada también es una opción, y es una opción desastrosa, según nos muestra el evangelio de hoy.

Pero luego, meditemos un poco más qué quiere decir esta holgazanería. Creo que en español nosotros asociamos esta palabra fundamentalmente con la pereza. La persona que se siente cómoda en su lugar, en su sitio y simplemente deja que la vida pase. Pero no es solo pereza, recuerda la palabra que él dice: Tuve miedo. Ese miedo está indicando la distancia que este siervo siente entre los intereses de su Señor y sus propios intereses. Nos damos cuenta que otros empleados tomaron una actitud distinta. Por ejemplo, hicieron algo, trabajaron el dinero de su Señor.

En cambio, este, el miedoso y por miedo, holgazán, porque no hace nada, porque no actúa, no se involucra en los intereses de su Señor. A mí se me ocurre que ahí está el punto central de la enseñanza de esta parábola. El empleado llamado holgazán es uno que finalmente no toma como suyos los intereses de su Señor, lo que le puede servir a su Señor, lo que le puede agradar a su Señor, no se apropia, no asume como propios esos intereses de su Señor. Ahí es donde está el problema y creo que ahí también es donde está la aplicación más directa, la más concreta a nuestra propia vida.

Porque lo que tendríamos que preguntarnos es cuánto pesan en nuestros intereses, cuánto pesa en nuestra vida, cuánto pesa lo que a Dios le importa o lo que a Dios le ofende, o lo que pretende marginar o lo que pretende anular el mandato de Dios. Cuando una persona, por ejemplo, oye hablar del papá, oye hablar de su papá. Vamos a suponer que el Papa fue un empresario y este señor, que es el hijo del empresario, está en una reunión social. Alguien que no lo conoce se pone a hablar del papá y dice: Pocos ladrones más repugnantes que ese señor.

Te puedo asegurar que el hijo, oyendo semejante lenguaje del papá, sale a defenderlo, no se resigna, actúa, hace algo. Lo mismo una esposa si oye hablar mal de su esposo. ¿Qué tanto me interesan a mí, qué tanto pesan en mí los intereses de Dios, lo que le da la gloria a Dios o lo que le quita la gloria a Dios? Cuando se ofende el nombre de Dios, cuando se ofende la ley de Dios, cuando se da la espalda a Dios, ¿eso a mí me importa? Me parece que este es el sentido más profundo de esta parábola.

El hombre que metió la onza en ese pañuelo, por medio de ese pañuelo, está representando la distancia entre el dinero y las cosas de su Señor y su propio dinero y sus propias cosas, no es capaz de asumir los intereses de su Señor. ¿Somos así también nosotros, o hemos aprendido a que nos duelan, a que nos duelan aquellas cosas que lastiman la gloria divina? Es una buena pregunta. ¿Qué tanto nos importa lo que ofende a Dios, qué tanto nos importa lo que le roba la gloria a Dios, qué tanto nos importan aquellos que fueron adquiridos por la sangre de su Hijo? Preguntas profundas que nos deja el Evangelio de hoy.

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