Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los imperios totalitarios intentan siempre redefinir qué es normal.

Homilía i333003a, predicada en 20131120, con 5 min. y 16 seg.

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Transcripción:

En la primera lectura del día de ayer recordábamos el martirio de un hombre anciano. La primera lectura de hoy, también tomada del segundo libro de los Macabeos, en el capítulo séptimo, nos presenta otro martirio. En esta oportunidad, el martirio de siete jóvenes, de siete hijos de una misma madre. Estos hermanos, estos valientes, mueren, sin embargo, por la misma causa que llevó hasta su martirio a Eleazar, el anciano que fue mencionado ayer. O sea que, aunque sean tan distintos en su aspecto y aunque sean tan diferentes en su edad, en realidad, una misma fe hace hermanos a estos que mueren por un mismo Dios.

Eleazar, con su avanzada edad, sin duda podía temer el martirio porque la fragilidad de su cuerpo, porque la sensibilidad de sus años y porque quizás el peso de dolencias anteriores tenía que hundir muy profundamente en su carne, cada dolor. Estos jóvenes podían temer ese sufrimiento por otras razones, incluyendo, por supuesto, una vida a la que no podrían nunca disfrutar en plenitud. Pero fíjate cómo en uno y en otro caso, de lo que se trata es de reconocer quién es el Señor. Cuando el mundo pretende imponernos sus costumbres, está pretendiendo también imponernos sus ídolos.

Cuando llega a volverse norma el pecado, cuando llega a considerarse como normal pecar, cuando se ve como extraño al que no aplaude el pecado, el que no desfila en la marcha del orgullo, ¿no? Hay tantas marchas de orgullo ahora, el que no desfila en esa marcha, el que no aplaude y festeja esa clase de comportamiento pasa a ser el extraño y de extraño a extranjero no hay mucha diferencia. Y como extranjero, digno de ser expulsado de la sociedad y como digno de ser expulsado, digno de ser ridiculizado, digno de ser torturado, incapaz de tener derechos. Ese es el camino que lleva a la persecución.

Y es muy importante que todos nos demos cuenta que esos tiempos no se quedan allá en el pasado, por ejemplo, en el siglo III, en la época de los Macabeos, eso también está en nuestra época, eso también está en nuestro tiempo. También en nuestro tiempo se pretende presentar como normal drogarse, se tiende a presentar como un derecho. Y algunas tontas dijeron, tontas y blasfemas, dijeron, un derecho sagrado el aborto. Se tiende a presentar como un comportamiento justificado y que solo merece desagravios y aplausos, el comportamiento homosexual.

Y el que no esté de acuerdo con eso, pues es el anormal y es el que tiene que ser ridiculizado y excluido y es el que tiene que ser perseguido. Entonces, pues también nosotros hoy tenemos que prepararnos para ese tipo de tratamiento y para ese tipo de exclusión. Quizás algunos, llegaremos a ese sufrimiento, solo Dios lo sabe, porque en el fondo el martirio es una gracia, y quizás algunos nos tocará en una edad avanzada y quizás otros tendrán que ofrecer su sangre a temprana edad. Pero es importante que todos pongamos a Dios en primer lugar y que entendamos que ese Dios al que ponemos en primer lugar, es también el Dios que nos ama.

Y es también el Dios que garantiza para nuestras familias y que garantiza para los niños en nuestra sociedad el mejor de los futuros. Es decir, el martirio no es solamente un homenaje a Dios, el martirio es un acto de caridad para con el prójimo, porque al morir por las santas costumbres, al soportar el insulto o, incluso la persecución y la tortura por las verdaderas leyes, pues también se está queriendo proteger lo mejor de nuestra sociedad. La pregunta es si tu fe y la mía están ya en esa escala, o si apenas somos católicos de costumbre, católicos de inercia.

Es muy importante que nos vinculemos a los movimientos que defienden la vida, que defienden la familia, que defienden la verdadera naturaleza de la unión entre hombre y mujer, amando a todos, respetando a todos, pero defendiendo lo que tiene que ser defendido y no dando nuestro aplauso simplemente por salvar el pellejo.

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