Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El líder está llamado a ser humilde porque todo lo ha recibido, recordar que hay Alguien a quien rendirle cuentas y estar dispuesto a seguir aprendiendo.

Homilía i323006a, predicada en 20211110, con 6 min. y 29 seg.

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Transcripción:

¿Cuáles serían las características de un buen líder, cuáles serían los rasgos más propios de un buen jefe, de un buen gobernante, por ejemplo? Tenemos una respuesta en la primera lectura de hoy, tomada del capítulo sexto del libro de la Sabiduría. Aunque este libro es útil claramente para todos nosotros creyentes, está dirigido y lo dice expresamente, está dirigido en primer lugar, para aquellas personas que tienen lugares de mando, que tienen responsabilidad o poder simplemente con otros o frente a otros. Y por eso, es interesante ver que en la Biblia hay una escuela de liderazgo en este libro de la Sabiduría.

Hoy hay una gran cantidad de literatura sobre aquello de ser líder, sobre aquello de cómo dirigir un emprendimiento, cómo acompañar y llevar al éxito un equipo. Yo me pregunto cuántas de estas personas que nos dan tantos consejos o quieren darnos tantos consejos, ¿cuántas de estas personas se han acercado a la Palabra de Dios? Porque la Palabra de Dios tiene también mucho que decirnos en este campo, como en todos los campos de nuestra vida. Entresaquemos unas tres lecciones de este capítulo sexto del libro de la Sabiduría, para aprender a ser líderes, para aprender qué significa ser jefe, qué significa, qué significa gobernar, qué significa, qué significa ser líder de un equipo.

La primera característica que encontramos es que el líder está llamado a ser humilde. Lo primero que se le recuerda al líder en este texto de la sabiduría es que lo tuyo lo has recibido, lo tuyo es recibido, ojo con eso. Es decir, no te creas dueño, tú eres un administrador, tú no eres dueño. Porque la arrogancia, la prepotencia, empiezan precisamente cuando nos creemos dueños, dueños de un país, dueños de un puesto, dueños del poder. Tú no eres dueño, te han delegado, lo has recibido, esta es la primera característica. La segunda, que se deriva de la primera es, tú tendrás que rendir cuentas.

En el régimen totalitario de los dictadores, la persona se acostumbra a hacer lo que quiere porque considera que no le tiene que dar cuentas a nadie: Lo que yo haga es ley, punto. Yo soy el tribunal supremo y mi palabra es ley. Esa actitud de inmediato es una invitación a los abusos, a la crueldad, es una invitación a despedazar el derecho de los pequeños. Y es lo que vemos que efectivamente sucede allí donde hay gobiernos absolutistas, totalitarios, es así. Yo no le rindo cuentas a nadie, si mi voluntad es ley, entonces yo haré lo que se me dé la gana.

No solo hay que mirar al tiempo presente, miremos la historia y descubramos cuántas personas, por ejemplo, algunos de estos emperadores romanos llegaron a unos extremos absurdos de locura, de depravación, de crueldad. Basta mencionar nombres como Calígula o como Nerón. Entonces, la segunda recomendación es: acuérdate que tú tienes a quien rendirle cuentas. Y que, de hecho, tú vas a ser juzgado con particular dureza. A los fuertes se les juzga con fortaleza, con fuerza, nos dice el texto de hoy de la Sabiduría.

Y la tercera característica que debe tener en cuenta un buen gobernante es que es una tarea que nunca termina de aprenderse, ten hambre de la verdad. Qué cosa tan bien dicha, ahí lo expresa Salomón diciendo: Tengan hambre de mis palabras. Pero claro, él no presume simplemente de sus enseñanzas, sino que se las atribuye al Señor, como efectivamente es por la gracia del Espíritu. Entonces, que no te creas, no te creas tan dueño de la Palabra, no te creas tan dueño de la verdad como para que se te olvide que todavía tienes mucho que aprender. Fórmate, aprende, aprende, busca la sabiduría, busca la verdad.

En resumen, tres recomendaciones. Primero, la humildad de saber que soy solo un administrador por un tiempo y para un lugar. Segundo, voy a tener que dar cuentas. Tercero, quiero ser siempre discípulo. Termino con una pregunta yo, ¿te imaginas cómo cambiaría el mundo si simplemente aplicáramos estos tres consejos?

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