Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La culminación de la fe no está en quedarnos con lo que necesitamos sino quedarnos con el Dios de quien proceden todos los bienes.

Homilía i323004a, predicada en 20171115, con 6 min. y 35 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 17 de San Lucas. Es un pasaje bastante conocido, el pasaje de aquellos 10 leprosos que le piden a Cristo: «Ten compasión de nosotros». La respuesta de Cristo desde el principio es un poco extraña, porque uno asocia la compasión con la cercanía. En el Evangelio de Marcos, por ejemplo, se cuenta la curación de un leproso. En aquella oportunidad, el leproso le dijo a Jesús: «Si tú quieres, puedes limpiarme». Y lo que hizo Jesús fue acercarse, tocar, tocar al leproso y decirle: «Quiero, queda limpio». Y cuando Cristo le dice quiero, queda limpio, se realiza el milagro.

Ahí, en ese pasaje que lo recuerdo especialmente en San Marcos, nos damos cuenta de algo que es como muy natural en la misericordia. La misericordia abraza, la misericordia toca, la misericordia se acerca. Pero lo primero que llama la atención en el pasaje de hoy es que Jesús les dice: Vayan. No se acerca a ellos, tampoco les invita a que ellos se acerquen, sino que más bien los despide con una orden, con una consigna, con una obediencia: «Vayan y preséntense a los sacerdotes, vayan y preséntense a los sacerdotes».

Para poder entender cómo se realiza o qué propósito tienen estas palabras de Cristo, yo creo que es bueno recordar lo que mandaba la ley de Moisés, especialmente en el libro Levítico. Cuando se habla de la lepra en la ley de Moisés, en la Torá, se dice algo muy importante, y es que la persona que tiene que dar el diagnóstico sobre si algo es lepra o no es lepra, esa persona es el sacerdote. Cosa que a nosotros nos llamaría la atención porque para nosotros el diagnóstico de las enfermedades pertenece a los médicos, no a los sacerdotes.

Pero es que este mismo hecho de que sea el sacerdote el que tiene que dar el diagnóstico, demuestra algo importante dentro de la ley de Moisés. Y es que la lepra no era una enfermedad más, sino que estaba tan estrechamente asociada en la mente de ellos, estaba tan asociada a las condiciones de pecado y a las condiciones de impureza, que era el sacerdote el que tenía que diagnosticar, era el sacerdote el que tenía que dar la opinión. Tenía que diagnosticar si se trataba de lepra, y si efectivamente se trataba de lepra, era el sacerdote el que quedaba entonces encargado de dar lo que tenemos que llamar una sentencia.

Es decir, tú tienes que vivir separado del resto de la comunidad porque tú tienes lepra. Si sucedía la curación de la persona, lo cual parece que tenía que suceder de un modo milagroso, era de nuevo el sacerdote el que tenía que testificar la curación. O sea que el sacerdote daba el diagnóstico: Sí es lepra. Y el sacerdote daba el diagnóstico: Ya no hay lepra. Entonces, cuando Cristo envía a estos leprosos, vayan, preséntense a los sacerdotes. En el fondo, lo que les está diciendo es, la curación ya está en camino, esa curación sí va a suceder.

Porque es evidente que Cristo no los envía donde los sacerdotes, para que los sacerdotes otra vez les den el diagnóstico de lepra y otra vez los envíen a la marginación, a los márgenes de la comunidad, prácticamente los expulsen de nuevo. Entonces, lo que Cristo está pidiendo de ellos, en ese momento, es un acto muy profundo de fe y de obediencia. Vayan donde los sacerdotes, quiere decir, tu curación ya está en camino, ya está en camino. Ponte en marcha, ya tu curación va a suceder, porque cuando llegues donde el sacerdote vas a estar curado, tú te vas a curar.

Y por supuesto, cuando ellos empiezan a obedecer la orden de Cristo, cuando ellos se ponen entonces en camino, todavía no están curados. De hecho, el texto dice: Se curaron en el camino. O sea que cuando empezaron su marcha hacia los sacerdotes, cuando empezaron a avanzar al encuentro de los sacerdotes, todavía no estaban curados, estaban caminando en fe. Y ese es un gran testimonio para nosotros. Hay que hacerle caso a Cristo, hay que hacerle caso a Cristo, que es el único que sana, que salva, que cura. Pero, quizás no lo van a ver inmediatamente tus ojos.

Quizás, lo primero que van a ver tus ojos es: Esto es absurdo que estoy haciendo aquí, porque estoy caminando para que otra vez me expulsen. Pero hay que caminar en la fe y eso hicieron todos, caminaron en la fe y caminaron en la obediencia y se pusieron en camino a los sacerdotes, como dice el texto. Pero luego, cuando vieron que estaban curados, cuando efectivamente su fe recibió recompensa. Entonces, solamente uno de ellos, por cierto, un samaritano, se devuelve donde Cristo. ¿Qué es lo que alaba Cristo? No es simplemente: Bueno, hay una persona agradecida.

Lo que sucede con ese que se devuelve es que ese no se quedó con el milagro de Cristo, sino que tuvo el verdadero encuentro con Cristo, ¿ves la diferencia? Una cosa es que yo me quede con los milagros de Cristo y otra cosa es que yo me quede con Cristo. Entonces, mira el progreso que tiene este texto precioso del Evangelio. Se empieza en la fe y se camina sin ver ningún cambio. Pero cuando llegue el regalo de Dios, no te quedes, no te quedes con el regalo de Dios, quédate más bien con el Dios que da todos los regalos.

Ese es el mensaje profundo, esa es la verdadera culminación de la fe. No quedarme con lo que a mí me gusta o con lo que yo necesitaba, sino quedarme con el Dios de quien proceden todos los bienes.

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