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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El don de sabiduría nos ayuda a participar en alguna medida de la mirada de Dios sobre el mundo.
Homilía i323002a, predicada en 20131113, con 4 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Uno de los aspectos más hermosos del libro de la Sabiduría que nos está acompañando estos días en la primera lectura es que nos ayuda a adquirir, aunque sea un poco, un poco de la mirada de Dios, un poco. En efecto, las cosas se ven muy distintas desde nuestro ángulo, por decirlo así, a ras de tierra, en contraste con la manera como se ven cuando podemos levantarnos un poco más. Existe en el Perú una región que se ha vuelto mundialmente famosa, esta región que se llama Nasca, contiene unos caminos, una especie de caminos.
Pero cuando uno está a ras de tierra, lo único que uno ve son líneas, repito, como caminos que se extienden por centenares de metros. Algunas veces hay varios caminos paralelos. Luego toman una curva, pero no se ve para dónde van esos caminos. La cosa no tiene mucho sentido cuando se ve a ras de tierra, pero si uno tiene ocasión de elevarse, por ejemplo, con un globo aerostático o con una avioneta, o tal vez un satélite que tome una foto desde arriba, se ve que eso que parecen caminos forman, en realidad, líneas y esas son líneas de un dibujo.
Algunos de esos dibujos son francamente sorprendentes y hay todo tipo de teorías, algunas bastante exóticas, sobre el origen de estas imágenes, porque son imágenes de centenares, centenares de metros. Creo que esa comparación es útil. Muchas veces nosotros vivimos nuestra vida solamente a ras de tierra y nos resulta poco comprensible, ¿por qué me pasa esto? Más o menos como cuando uno camina por ese lugar de Nazca en el Perú. Por qué ahora esta tierra que aquí es más clara, aquí se vuelve más oscura y luego se vuelve otra vez más clara, y luego otra vez más oscura para acá.
Eso no se entiende, pero en cuanto levantas la mirada te das cuenta que esos cambios de claro a oscuro son los que hacen precisamente el dibujo. Y tal vez, eso es lo mismo que le sucede a uno en la vida. Tal vez esas partes más claras son los momentos de salud, o de luz, o de aceptación. Todo el mundo me quiere. Y luego, hay momentos en que parece que todo el mundo me rechaza. ¿Por qué me salen las cosas mal? Es hermoso pensar que a través del don del Espíritu Santo y a través de la meditación de la Palabra Divina, vamos encontrando recursos para levantarnos un poco.
Y nos damos cuenta, entre otras cosas, y es lo que se destaca en el capítulo sexto de la Sabiduría, de donde fue tomada la primera lectura de hoy. Nos vamos dando cuenta que esos dibujos, ese plan que Dios tiene, ese plan nos involucra a todos, es decir, eso no tiene excepciones. A mí me gusta el tono vigoroso que toma el libro sapiencial cuando advierte, con palabras muy fuertes, a los que tienen el poder y a los reyes, y a los jefes y a los emperadores, y nosotros diríamos a los presidentes y a los magistrados y a los diputados, les dice: Pues, hay un Dios que está por encima de ti.
Es decir, los dibujos, los dibujitos que tú haces no son ni los únicos, ni los más bonitos ni los más importantes. Tú eres parte también de un dibujo mucho más amplio y por eso te corresponde, sea quien sea, seas quien seas, te corresponde humillarte ante el Señor, pero no con amargura, sino con gozo, porque este es el Dios bueno que quiere hacer una obra hermosa a través de ti. Si, por el contrario, con soberbia te endureces, créeme que al final solo serás una triste caricatura de lo que hubieras podido ser.

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