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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cumplimos la ley porque el Espíritu Santo pone en nuestros corazones el amor de Cristo, el amor de la Pascua, el amor de Pentecostés que nos hace mártires, que nos hace santos.
Homilía i313005a, predicada en 20171108, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo número 13 de la Carta a los Romanos. Puede ser un buen momento para recordar de qué modo se han dispuesto las cartas de San Pablo en el texto del Nuevo Testamento. Seguramente muchos hemos notado que la primera carta de Pablo es la carta a los Romanos. Pero, quienes hayan estudiado un poco estos temas saben que esa no fue la primera carta que él escribió. Muy posiblemente su primer texto fue la primera carta a los Tesalonicenses, que aparece bastante después.
Entonces, como dato curioso, llamémoslo así, hoy podemos recordar por qué las cartas de Pablo están en el orden en el que están. Y la respuesta es que desde muy antiguo se han organizado de mayor extensión a menor extensión. Eso quiere decir que si la primera carta que aparece es la Carta a los Romanos es porque es también la carta más extensa. Con sus 16 capítulos y su inmenso caudal de doctrina, la Carta a los Romanos es posiblemente una de las mejores y mayores exposiciones que tenemos del pensamiento de San Pablo.
Tratándose de un apóstol que fundó tantas comunidades cristianas, apóstol que es recomendado por otro apóstol, por San Pedro, como verdadera expresión del Evangelio de Dios, pues quiere decir que la Carta a los Romanos está llamada a ser y efectivamente ha sido un documento completamente central en la historia del cristianismo. Así, por ejemplo, Lutero, allá, a comienzos del siglo XVI, convirtió a la Carta a los Romanos como en el centro de su pensamiento y también en el centro de sus críticas a la Iglesia Católica.
Luego uno se pone a examinar los escritos de Martín Lutero y se da cuenta que la excesiva importancia que le dio a algunas frases de la Carta a los Romanos le llevó a menospreciar otros datos también válidos, también bíblicos, también revelados, que indudablemente tienen menos peso en la historia de la Reforma Protestante. Esto es solamente para indicar la tremenda importancia que tiene la Carta a los Romanos. Pero volvamos al texto de hoy, es un texto que está en el capítulo 13, ya lo dije, de esta carta. Es un pasaje relativamente breve y la frase que más se destaca es: «Amar es cumplir la ley entera».
Sabemos bien que en la Carta a los Romanos Pablo tiene que abordar muchos temas y uno de esos es ¿qué pasa con la ley de Moisés, qué sucede con todo aquello que Dios ordenó a través de Moisés? Pablo utiliza distintas expresiones para que nosotros comprendamos que la ley de Moisés, aunque venía de Dios, no era la plenitud de la revelación de Dios, ni la plenitud de la expresión de su querer. Así, por ejemplo, en esta misma carta nos ha dicho en capítulos anteriores: La ley fue nuestro pedagogo, fue nuestro guía para llevarnos hacia Jesucristo.
Con esa expresión está indicando, al mismo tiempo, el inmenso valor y el límite muy claro que tiene la ley de Moisés. Es valiosa porque viene de Dios, porque ilustra nuestra conciencia, porque nos introduce en una alianza con Él. Pero es limitada porque no contiene en sí misma la fuerza necesaria para cumplir el bien que nos piden. En cambio, viene lo que podríamos llamar una nueva ley, así la llama de hecho Santo Tomás de Aquino. Esa nueva ley es la ley del Espíritu, es decir, la manera como el Espíritu obra en nosotros y a través de nosotros, para que podamos realmente llevar a cabo la voluntad de Dios.
Este es el pensamiento que Pablo desarrolla especialmente en el capítulo octavo de esta misma Carta a los Romanos. O sea que el tema de la ley y el Espíritu está muy presente en todo el pensamiento de Pablo, y por supuesto, también en esta carta. El texto de hoy nos habla del amor, ese amor que nosotros hemos recibido a través del Espíritu. Y cuando dice Pablo: «Amar es cumplir la ley entera». Ese verbo amar no se refiere simplemente al sentimiento que cualquiera de nosotros pudiera tener, amar es cumplir la ley entera.
Alguien puede tomar esa frase y decir: Ah, pues yo amo mucho y como yo amo, entonces no tengo que tener ningún cuidado, ni ninguna atención a la ley. Ten cuidado con esa manera de hablar, más bien, porque cuando Pablo habla en el capítulo 13 de que amar es cumplir la ley entera, no podemos separar esa noción preciosa de amor, no la podemos separar del capítulo quinto de la Carta a los Romanos cuando dice: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado».
Y no lo podemos separar del capítulo octavo de la misma Carta a los Romanos, cuando Pablo dice: «Estos son los hijos de Dios, los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ese Espíritu que nos manifiesta el amor divino». Entonces, es muy peligroso hacer lo que hizo Lutero, eso de separar una carta y recortarla del resto de la Biblia no es buena idea. Tampoco es buena idea, de hecho es peor idea, tomar un versículo como, amar es cumplir la ley entera, y recortarlo de lo demás. El verdadero sentido tiene que ser, que amar es cumplir la ley entera por una razón.
Porque se trata de ese amor nuevo que el Espíritu Santo nos da a nosotros y que nos lo da en razón de la Pascua de Cristo, en razón del sacrificio de Cristo. No es cualquier amor, es el amor nuevo, es el amor de la Pascua, es el amor de Pentecostés, es el amor que hace mártires, es el amor que hace santos. Ese, ese es el amor que cumple la ley entera. Un simple sentimiento, un entusiasmo, una sensiblería que tal vez llega a mi corazón, quizás no tiene nada que ver con lo que San Pablo nos enseña hoy y que es tan bello y tan profundo.

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