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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero amor sana, salva, transforma, santifica y es verificable al cumplir la ley de Dios; el falso amor envenena, enturbia y causa muerte.
Homilía i313004a, predicada en 20151104, con 6 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Durante varias semanas, la primera lectura para la Santa Misa ha sido tomada de la Carta a los Romanos. Este documento, que es la carta más extensa del apóstol San Pablo. De hecho, la carta más extensa de toda la Biblia, tiene grandes enseñanzas para nosotros, porque no es otra cosa sino una especie de compendio de la enseñanza misionera y teológica del gran apóstol. Vamos llegando al final de la lectura casi continua de la Carta a los Romanos, y el texto de hoy en la primera lectura fue tomado del capítulo número 13.
Les invito a que reflexionemos unos momentos sobre aquella frase que nos dice el apóstol: «Amar es cumplir la ley entera». Yo escucho esa frase de San Pablo y me acuerdo inmediatamente de otro gran santo de nuestra Iglesia Católica, San Agustín de Hipona. Dice San Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Esas expresiones grandiosas sobre el amor tienen bastante popularidad. Ama y haz lo que quieras, dice Agustín. Amar es cumplir la ley entera, dice San Pablo. Pero cuidado, hay un peligro en estas simplificaciones.
Cuando nosotros decimos, por ejemplo, amar es cumplir la ley entera, estamos diciendo que todo el bien que se encontraba en la ley pasa a ese mandamiento único, mandamiento que todo lo condensa, el mandamiento nuevo que nos ha dado Cristo, el mandamiento del amor. Escucha la frase que he dicho, todo el bien que estaba en la ley de Moisés ha pasado al mandamiento nuevo, al mandamiento del amor. Esa afirmación se puede leer en dos direcciones. Quiere decir, por una parte, que aquél que vive realmente en el amor no está sujeto a ninguna condenación de la ley.
Pero también significa que el amor puede ser evaluado, puede ser medido y cualificado a partir de lo que dice la ley. Y esta segunda parte es la que no suele tenerse en cuenta. Si de verdad el amor es la síntesis de la ley, aquella persona que me dice que ama, pues ha de notársele en la manera como vive todo aquello que pedía la ley. De modo que, si la ley decía, por ejemplo, no robes. Y hay una persona que dice: Yo amo mucho, yo estoy lleno de amor, yo amo a todo el mundo, pero está robando, entonces la frase de San Pablo me sirve para reconocer la mentira o el uso ilegítimo de la palabra amor.
Porque es que la palabra amor no es una palabra mágica. En nuestra fe cristiana y en la realidad de las cosas no hay palabras mágicas. De modo que si tú dices que amas, ese amor tiene que ser verificable. La frase de San Pablo es una preciosa síntesis, pero también es un criterio de verificación. Preciosa síntesis que hace que nuestro corazón se eleve simplemente a buscar el don por excelencia, que es el don del amor de Dios, en eso estamos todos de acuerdo. Pero si es preciosa síntesis, también es criterio de verificación.
Entonces, el que dice que ama, pero está en fornicación o en adulterio, no, según San Pablo ese no está amando. Porque si el amor es síntesis de todo el bien que provenía de la ley, entonces el que dice que ama, si no está viviendo eso que estaba ahí mandado, está traicionando la palabra amor, está utilizando ilegítimamente la palabra amor. Por eso, hay que tener mucho cuidado, porque en la época en la que vivimos hay muchos que están falsificando la palabra amor, hay muchos que están utilizando la palabra amor para justificar cualquier cosa.
Por ejemplo, parejas de novios que dicen: Sí, nosotros nos entregamos el uno al otro, tenemos intimidad, pero es que nos amamos. Un momento, la enseñanza que viene de la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia muestra que el lugar propio de la intimidad y de la sexualidad es el sacramento del matrimonio. De manera que el que dice que está amando y está en desobediencia a eso que pide la Palabra y eso que enseña a la Iglesia. No se engañe, no diga que está amando, está haciendo un uso ilegítimo de la palabra amor.
Entonces, la frase de San Pablo, por un lado, nos abrevia, nos condensa y, por consiguiente, nos lanza hacia la grandeza del único don por excelencia. Pero, por otro lado, también sirve de piedra de toque, también sirve para examinar qué es lo que significa de verdad amar, porque hay muchas falsificaciones. Y si bien es cierto que el amor salva, sana, transforma y santifica, las falsificaciones del amor, lo único que hacen es envenenar, enturbiar y finalmente causar muerte. De ello nos libre Dios, que por su misericordia nos ha amado hasta el extremo.

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