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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tiene su lado atractivo y su lado exigente; y lo que exige Cristo no es egolatría sino asegurar la calidad de tu amor.
Homilía i313003a, predicada en 20131106, con 15 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Hermanos, la palabra que aparece en las dos lecturas de hoy es el amor. San Pablo, en la primera lectura tomada de la Carta a los Romanos, podemos decir que nos presenta un rostro muy amable del amor. Entre otras cosas, amable quiere decir lo que es digno de ser amado. San Pablo nos presenta esa cara atractiva, digamos, del amor: El amor resume toda la ley, el que ama no hace daño, el que ama ha cumplido la ley. Eso suena bonito, esa parte suena bonita.
Llega luego el Evangelio y nos presenta un poquito el rostro exigente del amor. Jesús dice: El que no me ama a mí más que al papá, la mamá, la esposa, los hijos, los hermanos, las hermanas, el que no me ama a mí más que a la propia vida, no puede ser mi discípulo. Podemos decir que ese es el rostro exigente del amor. O sea que las lecturas de hoy nos presentan el rostro atractivo del amor y el rostro exigente del amor. Y es que eso exactamente es el amor, es atractivo y es exigente. Y está muy bien, es providencia de Dios que los dos rostros del amor aparezcan en la liturgia de la Palabra de hoy, atractivo y exigente.
Pensemos en el caso de una pareja. Estar enamorado, qué cosa tan atractiva. Ser fiel al esposo que le dio un cáncer y dura tres años tirado en una cama, qué cosa tan exigente. Atractivo y exigente. En el plano vocacional es lo mismo. ¿Quieres ser misionero? Muchos jóvenes sienten que el corazón le salta de alegría: Voy a llevar el Evangelio a las naciones, voy a anunciar a Jesucristo a los pueblos paganos. Conoceré lugares exóticos, aprenderé otras lenguas. Le parece que todo es como una aventura, le parece atractivo ser misionero.
Cuando llega al lugar de misión, los primeros a los que tiene que evangelizar es a los mosquitos. Entonces, ya no es tan atractivo, es más bien exigente. Llegas tú de misionero con la buena nueva y ves que te preparan una olla grandota, pero es para cocinarte a ti porque te van a comer. Ya, eso suena un poco exigente. Tú pensabas que iban a tener una gran fiesta, pero no era para darte la bienvenida, sino la despedida, es exigente. El amor es atractivo, pero el amor es exigente. Y el pecado que nosotros conocemos y que repetimos, es que queremos quedarnos con una sola cara del amor, queremos quedarnos solo con la parte bonita y atractiva.
Y cuando llega la parte exigente, entonces somos incompatibles. Porque tú tomas Pepsi y yo Coca Cola, jamás nos entenderemos, separémonos. Somos incompatibles porque a mí me gusta acostarme del lado derecho de la cama y a ti también y siempre peleamos por eso, separémonos. La gente no tolera la parte exigente del amor, esa es la primera lección de hoy, son dos lecciones. La primera es que el amor es atractivo y es exigente y hay que aceptar el paquete completo. No es nada más quedarse con la parte bonita y atractiva.
Segunda enseñanza de hoy, cuando uno escucha que Cristo dice: Tienen que ponerme a mí en primer lugar más que a la mamá, más que a los hijos. Esa parece una exigencia demencial, no debe faltar por ahí algún psicólogo o psiquiatra que diga me parece detectar un tono narcisista y egolátrico en las palabras de ese señor que quiere que todo el mundo lo quiera tanto. Hagamos la pregunta incómoda y difícil ¿es egolatría que Cristo diga ámenme a mí primero? Porque resulta que las estrellas del rock les encanta que las quieran.
Es interesante el ejercicio de ver, por ejemplo, en YouTube, ver videos de los grandes artistas. El otro día estaba viendo a un famoso cantante ruso, un tenor, poco conocido en estas tierras. Él hacía una magnífica presentación de un clásico del folclor ruso que se llama: Ojos Negros. Pero es muy interesante, yo o, tiene una voz preciosa ese señor. Pero después volví a poner el video en silencio para ver la manera de gesticular el hombre. Esa manera como se exhibe, ¿no? Todo en él es: Mírenme, mírenme, es interesante eso.
Otro personaje conocido, mucho más conocido es el canadiense Justin Bieber. Usted mire a Justin Bieber en concierto: Mírenme, aquí estoy. No es cierto que soy bonito. Les gusta, cierto que sí les gusto. ¿Qué es lo que quiere enseñarnos Cristo con esta manera de hablar? Es Cristo, la pregunta suena casi blasfema, ¿es Cristo un Justin Bieber que quiere simplemente mírenme, quiéranme? ¿Cuál es la diferencia entre el tenor ruso y Cristo, cuál es la diferencia entre Justin Bieber y Cristo? Que yo deseo bendición para todos, yo no tengo nada contra nadie, aprecio el Canadá y aprecio a Rusia, ni más faltaba.
La diferencia está en el motivo. La mayor parte de los narcisistas y de los ególatras que con su actitud dicen: Mírenme, quiéranme. Tienen una intención que se agota en el acto mismo de culto: Dénme culto, adórenme, aquí estoy. ¿No les parezco bonito? Adórenme. En cambio Cristo tiene una actitud diferente. Cristo dice: Ámenme, pónganme en primer lugar. Pero hagamos esta pregunta al tenor ruso y hagamos esta pregunta a Justin Bieber y hagamos esta pregunta a Cristo ¿para qué quieres que te quieran? Y seguramente la respuesta que nos va a dar el tenor ruso es: Por que se siente bien que me quieran, me gusta que me quieran.
Y tal vez, la respuesta que dará la gran actriz, la gran cantante o el señor Bieber es: Me gusta que me quieran. Ahora hagámosle la misma pregunta a Jesucristo. Cristo, ¿para qué quieres que yo te ponga en primer lugar, para qué quieres, para qué quieres que yo te ame más que a mi esposa, a mis hijos, a mi papá, a mis hermanos, para qué? Y nos damos cuenta que lo que dice Cristo se parece mucho a lo que había dicho Dios, nuestro Padre, en el libro del Deuteronomio, capítulo sexto: Escucha, Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. Es lo mismo.
De dónde es posible entender que el texto de hoy apunta en la dirección de la divinidad de Jesucristo. En contra de los teólogos tontos que están poniendo en duda a cada rato la divinidad del Señor, fíjate que la exigencia de Cristo, o es la exigencia de un maniático narcisista o es la exigencia de Dios mismo. Y esa es parte de la respuesta, Cristo nos habla así porque Él es Dios. Y ¿por qué Dios quiere que lo pongamos en primer lugar, para qué quiere Dios estar en primer lugar en mi vida? Respuesta, para mi propio bien.
Mientras que los actores y cantantes quieren que los adoren, adórenme, mírenme, quiéranme. ¿Por qué? Porque yo, cantante me siento bien. Cristo, y si digo completo, Dios mismo quiere estar en primer lugar en nuestra vida para nuestro propio bien. Porque si Dios está de primero en tu vida, tu papá sale ganando, tu mamá sale ganando, tu esposo, tu esposa, tus hijos, todo en ti se bendice. Si Cristo dice: No idolatres a tu esposo, no idolatres a tus hijos, no pongas nada en primer lugar, ponme a mí en primer lugar, es por una sola razón.
Porque si los quitas a ellos como ídolos, los recuperas como verdaderos hermanos en la fe y los puedes servir con un amor que ya no es solamente el tuyo, sino que es el amor mío en ti. Por eso, quiere Cristo que nosotros lo tengamos a Él en primer lugar, para que su amor en nosotros sea el mejor servicio que le prestemos. Pensemos en un hombre casado, él siente que su esposa es como un ídolo para él. Tener a la esposa como una diosa, no le sirve a la esposa. Lo que le sirve a la esposa es que ese esposo tenga a Dios en primer lugar, para que se llene del amor de Dios y para que la ame a ella con el amor de Dios, esa es la lógica cristiana.
Tus hijos hoy, tus hijos son la última maravilla. Mis hijos, padre, no porque sean mis hijos, dicen todas las mamás, y lo miran a uno con cara de que uno les tiene que creer. Yo no les creo a ninguna, claro. Padre, no porque sean mis hijos, pero es que estos muchachos son extraordinarios, realmente. Por ejemplo, mi hijo monta en bicicleta. Y uno la mira con cara de que todos los muchachos montan en bicicleta. Sí, pero mire el estilo de mi hijo como monta en bicicleta, no porque sea mi hijo. Cristo dice: No idolatres a tu hijo, no lo ames a él en primer lugar, que eso es volverlo un ídolo.
Ámame a mí, pon a Dios en primer lugar, y con el amor que Dios te da, sabrás cómo amar a tu hijo. Esa es la enseñanza de hoy. Entonces, ¿cuáles fueron las dos enseñanzas? Primera, que el amor tiene esas dos caras, ¿no? Es atractivo, pero es exigente. Y segundo, que solo cuando pongo a Dios de primero, en Dios, aprendo a amar a todo y a todos. Así nos lo conceda Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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