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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Pablo dijo que el amor resumía la Ley no que la eliminaba.
Homilía i313002a, predicada en 20131106, con 5 min. y 22 seg. 
Transcripción:
El gran obispo de Hipona, San Agustín, acuñó varias de aquellas frases que han quedado profundamente grabadas en el alma cristiana. Por ejemplo, aquello de: «Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Esa frase es de San Agustín, también es de San Agustín esta otra: «Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé». También es de Agustín otra frase que tiene mucho que ver con la primera lectura de hoy, fue tomada del capítulo número 13 de la Carta a los Romanos.
San Pablo nos dice en su carta a los Romanos: «El que ama ha cumplido la ley». Y la frase de Agustín a la que quiero hacer referencia es esta: «Ama y haz lo que quieras». Se parecen mucho y por eso, creo que, hoy es un buen día para preguntarnos cómo hay que entender esa frase. Tomemos, por ejemplo, lo de Agustín, ama y haz lo que quieras. Alguien podría pensar que esta frase redefine la moral desde la subjetividad. Si yo siento amor, nadie tiene derecho a criticarme. Y es curioso y también muy serio lo que, a veces, se hace con este tipo de frases.
Algunas personas, por ejemplo, dicen: si hay amor, el amor tiene que estar por encima de un papel, por encima de un contrato. Entonces, qué sentido tiene que convivan dos personas que ya no se aman. Si ya surgió un nuevo amor, entonces, lo correcto, lo honesto, lo auténtico, es dejar eso que ya no tiene vida y más bien, iniciar una nueva historia allí donde está viva la llama, allí donde hay amor. Quitando los eufemismos, esta postura lo que estaría haciendo es aplaudir la infidelidad y el adulterio. Ya se acabó el amor con mi esposa, tengo un nuevo amor.
Ahí donde el amor es fuerte, ahí donde el amor es auténtico, ahí es donde está lo correcto, estoy amando y estoy haciendo lo que quiero. Un argumento parecido desarrollan también quienes defienden la unión legal o incluso matrimonial, entre personas del mismo sexo. Dicen: pues, nadie tiene que meterse en la relación entre ellos, no le están haciendo mal a nadie, sencillamente se están amando. ¿Cuál es el problema? También ellos están amando y luego están haciendo lo que quieren. Por supuesto, Agustín, que conoció tantos rostros falsos de la pasión y del amor, jamás estaría de acuerdo con esa interpretación.
Y creo que Pablo muchísimo menos. Pablo nos dice: La ley entera se resume en el amor. Y hay dos modos de entender esta frase. Un modo de entenderla es, ya no necesitamos volver a mirar el contenido de la ley, tachemos la ley, quitemos la ley, olvidémonos de los mandamientos y dediquémonos al amor como nosotros lo queremos entender, como nosotros lo queremos practicar. Esa es una manera de interpretar, pero ese no es el pensamiento de Pablo. Porque, por ejemplo, en la carta a los Gálatas dice: Nosotros hemos sido liberados, nosotros hemos sido redimidos para ser libres.
Pero anota inmediatamente no que la libertad sirva de pretexto para el egoísmo, no que el amor sirva de pretexto para el pecado, es decir, la palabra amor. Por eso, interpretar el versículo de Pablo o interpretar el pensamiento de Agustín en términos de que ya no tenemos que preocuparnos por el contenido o la verdad del comportamiento moral, es un gravísimo error. Más bien, lo que está diciendo Pablo es que tenemos que leer desde una realidad nueva, desde el amor nuevo que nos ha revelado Jesucristo, debemos leer todo lo demás y debemos encontrar la fuente de toda la moralidad en un amor que merezca ese nombre.
Es decir, aquellos que están en Cristo, esos entienden en su profundidad la ley y, sobre todo, son capaces de vivirla y de vivirla con profunda libertad. Qué importante tener una correcta exégesis de estas frases que tienen grandes repercusiones en nuestra vida.

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