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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La predestinación es el amor divino que de algún modo está antes de que yo existiera, es un amor desde siempre y por eso no depende de mis pensamientos y acciones.

Homilía i303008a, predicada en 20211027, con 6 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Amigos, preparémonos porque hoy tenemos un tema duro del que poco se predica. Vamos a hablar de predestinación. La primera lectura de hoy del capítulo octavo de la Carta a los Romanos, nos presenta la enseñanza básica de San Pablo sobre la predestinación. La manera usual de entender la predestinación es la manera equivocada. Cuando a uno le dicen predestinación, creo que si alguna idea le viene a la cabeza es más o menos algo así como que somos como esos juguetes de cuerda, que se le da la cuerda y luego se le pone y el juguetico hace lo que tiene su mecanismo.

Esa no es la predestinación, nosotros no somos robots. La predestinación no significa la eliminación de nuestra libertad, eso es lo primero que hay que tener claro. Entonces, ¿cómo se llega a la idea de predestinación, cómo llegó San Pablo a hablar de predestinación, por qué hablo de predestinación? Respuesta, sucede lo siguiente, sucede que nosotros hemos sido salvados por el puro amor de Dios, no por mérito nuestro, puro amor de Dios. Ese amor generoso, ese amor unilateral de Dios, unilateral ¿qué quiere decir? Que nos amó cuando no lo merecíamos, que nos amó sin que nosotros hubiéramos ganado ese amor, que nos amó simplemente porque decidió amarnos.

Ese tipo de amor se llama gracia. Esa es la idea, tal vez más importante de toda la Carta a los Romanos y posiblemente de toda la predicación de San Pablo, que nosotros somos salvados por una decisión unilateral, generosa, impresionante de Dios, impresionante. Es decir, nos amó porque sí, porque sí. Entonces, lo primero que hay que tener en cuenta es que nosotros somos salvos, nosotros hemos sido salvados por ese amor de la más pura, de la más exquisita gratuidad, hemos sido salvados por puro amor, amor gratuito, amor de gracia, que quede eso claro.

Pero ahora, viene este punto, si Dios nos da ese amor completamente gratuito, y si ese amor no depende de lo que nosotros hayamos dicho o hayamos hecho o hayamos pensado, ni siquiera depende de lo que nosotros hayamos pedido. Si ese es el amor que Dios nos tiene, un amor que está más allá de nuestros méritos, pero incluso de nuestro conocimiento, de nuestras aspiraciones. Ese amor, ese amor es anterior a nosotros, porque no es un amor que depende de nuestra respuesta ni depende de nuestras acciones. Entonces, el primer sentido teológico de predestinación es: el amor de Dios me precedió, el amor de Dios fue anterior a mí.

O, dicho de otra manera, Dios me amó desde siempre, desde siempre, porque su amor no dependía de que yo hiciera esto o hiciera esto otro. Su salvación no dependía de ningún, de ningún tipo de mérito de mi parte. Y entonces, su amor es gratuito y es anterior a mí. Entonces, cuando nosotros hablamos de predestinación, fundamentalmente lo que estamos describiendo es el modo peculiar del amor de Dios, que es anterior a todo lo que nosotros hagamos, es un amor desde siempre. Y entonces, yo puedo reconocer que ese amor divino, ese amor divino, de algún modo estaba antes de que yo mismo existiera.

Y eso es lo que quiere decir, he sido predestinado, que es como decir, he sido preparado, he sido pre-salvado, he sido pre-pensado. Dios me pensó, me amó, Dios me destinó a salvación desde antes, desde antes de que yo lo supiera, eso es lo que quiere decir predestinación. Ahora bien, ¿destruye eso la libertad humana? No, de ninguna manera. En aquellas personas entre las cuales quiero estar yo de todo corazón, en aquellas personas que reciben salvación, en aquellas personas evidentemente se cumple esto. Si alguna persona rechaza ese amor de Dios, si alguna persona se opone a ese amor de Dios, eso no destruye el amor que Dios le ha tenido.

Es decir, nosotros no podemos destruir el hecho de que Dios nos ha amado, eso no lo podemos destruir. Nuestra libertad puede aceptar o rechazar su regalo, pero nosotros no podemos destruir que Él nos amó desde siempre, que Él quiso, desde siempre, que estuviéramos con Él. Eso no lo puede destruir nuestra decisión ni nuestra manera de obrar. ¿Qué debe quedarnos de esto? Más allá de toda especulación teológica, ¿qué debe quedarnos de esto? Gratitud, decirle a Dios: Me amaste desde siempre, desde siempre me amaste. Gracias, gracias, gracias, Señor.

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