Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu Santo hace que crezcamos en la oración acercándonos al corazón precioso de Nuestro Señor Jesucristo.

Homilía i303007a, predicada en 20191030, con 6 min. y 46 seg.

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Transcripción:

En varias ocasiones he comentado con alegría la sabiduría que tiene nuestra liturgia en la Iglesia Católica. Por ejemplo, en la manera como se escogen las lecturas para la Santa Misa, eso lo he comentado varias veces. Pero creo que el día de hoy yo me atrevería a pensar que se pueden distribuir mejor algunas lecturas de la misa, voy a tener el atrevimiento de decir eso.

Y me atrevo a decir eso por una razón, porque cuando se llega a la Carta a los Romanos, y hay algunos otros textos igualmente grandiosos, igualmente densos, cuando se llega a la carta a los Romanos, uno siente que unos pocos versículos ya tienen tanto contenido que puede darse una especie de saturación en el pobre predicador que trata de explicarlos o en el oyente que trata de entenderlos. Yo creo que es el caso muy típico del día de hoy, son unos poquitos versículos de la Carta a los Romanos, los de hoy, capítulo octavo. Pero, esos versículos, esos versículos son demasiado, o sea, demasiado para un solo día, demasiado para una sola homilía.

Mira lo que nos habla San Pablo en el texto de hoy, nos habla de cómo nosotros no sabemos orar y cómo necesitamos del Espíritu Santo para orar. Nos habla de cómo el Espíritu luego nos da ese auxilio, nos habla de cómo la providencia de Dios obra en nosotros y todo finalmente es para bien. Y nos habla todavía de otro tema, ese otro tema es la predestinación. Cómo nosotros hemos sido destinados desde el principio para ser coherederos de Cristo, para recibir con abundancia su gracia. Es decir, son tres, cuatro, cinco temas, todos bellos, todos de profunda teología, empacados en tres o cuatro versículos.

Lo cual nos dice, entre otras cosas, nos dice algo de la densidad y de la profundidad de la obra de Dios en San Pablo. Cuando una persona puede decir tanto en tan poquitas frases es porque su corazón está rebosante de sabiduría, rebosante de luz, rebosante de gracia. Permítanme entonces que me detenga solo en uno de esos pensamientos, aquello de que no sabemos orar, no sabemos pedir lo que nos conviene. Se parece a una expresión que tiene el apóstol Santiago en su propia carta, donde dice que nosotros oramos mal. Bueno, el tono de la carta de Santiago es un poco más de regaño, para ser sinceros, pero la idea es la misma.

La idea es que nosotros no sabemos orar, no sabemos pedir lo que nos conviene. Y hasta cierto punto hay una explicación para ese error o esa equivocación típica de nuestra oración cristiana. Sabes ¿cuál es el problema? El problema grave es que nosotros no tenemos idea clara de todo lo que Dios nos tiene preparado. Algo así como la persona que no conoce la meta, no conoce el punto de llegada y entonces, pide indicaciones. Pero, para el que no sabe a dónde va, ¿qué indicaciones serían adecuadas? Entonces, nosotros oramos según la escala de nuestra vista y de nuestros deseos y de nuestras carencias y de nuestros problemas.

Es decir, cada uno de nosotros tiene una pequeña lamparita y esa pequeña lamparita es lo que yo alcanzo a ver de mis problemas, pecados, errores, necesidades, esa es mi pequeña lamparita. Y con esa pequeña lamparita trato de orar, como veo una necesidad con mi pequeña lamparita, le pido a Dios que me ayude a solucionar esa, esa necesidad. Pero y ¿es que acaso yo conozco las verdaderas y más profundas necesidades mías, las mías propias, es que acaso yo conozco cuáles son los pecados más graves? Tal vez, yo mismo no me estoy dando cuenta. O sea, el problema es la pequeñez de nuestra lámpara.

Bueno, y ¿qué sacamos con esta reflexión? Nos vamos a quedar simplemente tristes y a decir: Verdad, uno no sabe orar. No, no nos quedemos tristes, más bien pensemos dos cosas. Pensemos, en primer lugar, que todos tenemos que crecer en la oración y eso lo nota uno, por ejemplo, en los grupos de oración. Hay grupos de oración donde cada persona solamente está pidiendo, pues cosas que son reales y que le duelen y que le preocupan, su trabajo o la enfermedad que tiene, o el problema de un hijo. Se entiende perfectamente, se entiende que haga esas oraciones, correcto, lo entiendo.

Pero pidámosle a Dios que también nos ayude a elevar el nivel, incluso de nuestras propias peticiones. El Padre nuestro, por ejemplo. Es verdad que dice: Danos nuestro pan de cada día. Pero el Padre nuestro también pide por la gloria de Dios para todo el mundo: Santificado sea tu nombre. El Padre nuestro también pide la llegada del Reino de Dios. Es decir, el mismo Cristo nos está enseñando a crecer, a no quedarnos en cosas demasiado pequeñas, propias de nuestra pequeña lamparita.

El fuego inmenso, la linterna inmensa del Espíritu, a medida que va llegando a nosotros, va ampliando nuestra mirada para que no nos quedemos en esa miopía, para que no nos quedemos en ese reducido espacio, para que oremos un poquito más, un poquito más, cada vez un poquito más, más cerca del precioso corazón orante de nuestro Señor Jesucristo.

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