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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué significa realmente decir que Jesús es Señor?

Homilía i303005a, predicada en 20131030, con 5 min. y 0 seg.

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Transcripción:

La Carta a los Romanos, uno de los documentos más importantes para conocer y profundizar nuestra fe cristiana, podemos decir que se parece a una montaña o a una colina. De las cosas más cercanas va pasando a las más elevadas, de las experiencias más inmediatas quiere invitarnos a que ascendamos hacia aquellos misterios más sublimes, porque lo que tenemos más cercano y más inmediato es probablemente el disgusto que sentimos, la decepción que sentimos frente a tantas crueldades y tantas frustraciones que trae la vida humana.

Cuando vemos que tantas personas mienten, cuando vemos que la arrogancia campea, cuando vemos que la infidelidad y la impureza se convierten prácticamente en norma de vida para muchas personas, cuando todo eso sucede, experimentamos de un modo muy cercano, de un modo quizás inmediato, porque también nosotros somos pecadores, experimentamos las limitaciones de nuestra propia existencia. Y es ahí donde empieza esa colina, dándonos, en primer lugar, una noticia de amor, noticia que está en el capítulo tercero de esta Carta a los Romanos.

Sí hay esperanza, somos salvos por gracia, y mediante la fe. Hay esperanza, Dios nos ama, Dios ha provisto a nuestra necesidad sin mirar nuestros muchos pecados, sin mirar nuestras muchas infidelidades, Él ha permanecido fiel. Y cuando nos damos cuenta de esta fidelidad divina, cuando nos damos cuenta de esta bondad de su corazón, emprendemos el camino y aprendemos también a llamarlo a Él, nuestro Señor. Él es el Señor, Él es el que ha tenido poder suficiente para sacarme de las tinieblas del pecado.

Y porque Él me ha adquirido, yo me reconozco como siervo suyo, siento que le pertenezco, siento que me ha adquirido a precio muy alto. Pero luego esa palabra, Señor, tiene que llenarse de un contenido mucho más profundo, porque cuando nosotros vemos qué es el Señor, qué significa ser Señor, entonces descubrimos que este que es Señor nuestro, no solamente es maestro que nos instruye sobre lo que debemos hacer, sino que es vida, fuerza de vida que transforma nuestro actuar, nuestro pensar, nuestro vivir.

Y todavía más que eso, nos damos cuenta que no hay otro Señor, nos damos cuenta que este Señor nuestro, el que nos ha dado a nuestro Señor Jesucristo, es el Señor de toda la creación. Nos damos cuenta que nada escapa a su mano, nos damos cuenta que nada escapa a su pensamiento. Es ahí donde podemos encontrar el sentido de la expresión de San Pablo, en la primera lectura de hoy: «Todo concurre para el bien de los que Dios ama, de los que Él eligió según su designio».

Así se expresa el apóstol, refiriéndose a su propia experiencia y refiriéndose a la experiencia que nosotros tenemos si de verdad nos abrimos al amor de Dios. Porque claro, si no hay otro Señor, sino únicamente Él, entonces nadie puede oponerse a su plan. Y si el plan que Él ha manifestado conmigo, es un plan de redención, es un plan de salvación, es un plan de misericordia, no hay enemigo que pueda frenar ese plan de bondad que Dios tiene conmigo. No hay enemigo que pueda detener, que pueda parar el designio de gozo, el designio de bondad, el designio de luz que Él tiene para conmigo.

Y por eso, todo lo que me suceda, no importa qué tan extraño sea, no importa cuánto me desconcierte, todo lo que me suceda, todo finalmente está bajo esa mirada y está dentro de ese designio y está sometido al poder de Aquel que me ha salvado. Esto es muy importante porque es la única manera de conservar verdaderamente la paz cuando llegan los tiempos de tentación o los tiempos de tribulación, en esos parajes oscuros, debo siempre recordar: Mi Señor es el Señor, el único Señor, a Él gloria y poder. Amén.

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