Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Entendámoslo: somos administradores y no dueños.

Homilía i293010a, predicada en 20251022, con 8 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Hermanos, aprendamos del Evangelio de hoy cómo quiere Cristo que nos veamos a nosotros mismos. Tal vez, la respuesta más repetida en la Biblia está en la palabra administrador, sobre todo en el contraste entre el administrador y el dueño. Parece que la manera sabia de mirarse uno a sí mismo es como administrador, no como dueño. El administrador tiene límites en lo que puede hacer con lo que maneja y, sobre todo, el administrador tendrá que dar cuentas de lo que ha recibido y cuentas de lo que ha hecho.

Verse uno como administrador supone tener claro el inventario de los talentos, de las destrezas, de las cualidades, de los bienes que uno tiene, tanto naturales como sobrenaturales, eso incluye la salud, la inteligencia, la juventud, el carisma, el liderazgo, lo que uno ha aprendido, los amigos que uno tiene, no todo el mundo tiene lo que tú tienes. Entonces, es necesario tener claro ese inventario y saber que todo eso es lo que, de alguna manera, uno maneja. Esa es, lo que podríamos llamar, la psicología del administrador.

Por contraste, cuando uno se cree dueño, entonces pone por delante su propio capricho, fácilmente se vuelve violento, que es lo que nos dice el Evangelio, empieza a golpear a los otros, que podemos traducirlo como pretender imponerse sobre otros para expandir el pequeño imperio que cada uno de nosotros tiene. Cuando uno se cree dueño, también considera que aquello que administra, porque en realidad solo lo administra, lo puede disfrutar a su antojo. Es lo que describe Cristo con la expresión, se pone a comer y a beber y simplemente a pasarla bueno.

Así que el primer punto parece ser descubrirnos como administradores, administradores que hemos recibido una confianza de parte del auténtico y único dueño que es Dios, pero que a la vez tendremos que dar cuentas a Dios de lo que hemos recibido. Por otra parte, nosotros como administradores, pues, necesitamos saber a quién estamos sirviendo, a quién le daremos cuentas, esto nos lo recuerda la primera lectura, la de la Carta a los Romanos. Es interesante darse cuenta que la situación social y cultural de aquel tiempo la utiliza San Pablo para describir cómo funciona la voluntad del ser humano.

Sabemos que en aquella época se consideraba normal la esclavitud, algunos dicen que en ciudades de la época hasta un 80, incluso 90% de la población estaba en condición de esclavitud. Pablo toma esa realidad social para describir, de otro modo, con otra expresión, describir lo que nosotros estamos llamados a hacer. El esclavo, de alguna manera, se ve en condición de no usar su voluntad, sino seguir la voluntad del amo. Pero la novedad está en que Pablo ve la vida humana siempre como una esclavitud, aquello que tiene poder sobre ti ese es tu amo.

Si el afán de dinero tiene poder sobre ti, entonces la codicia es tu ama. Si los placeres, por ejemplo, de la carne tienen poder sobre ti, entonces tú eres un esclavo de eso que te domina y así sucesivamente. Cuando se mira la vida desde esta perspectiva, lo que se plantea es de quién es bueno ser esclavo. Pablo mismo firmaba sus cartas diciendo que él era el esclavo de Cristo, pero no lo decía de una manera acomplejada o timorata, lo decía con alegría, diciendo: Yo sirvo al mejor Señor.

Y por eso, la mejor manera de ser administrador es precisamente escogiendo al mejor Señor y sabiendo que a Él le daremos cuentas. Lo que produce en nosotros servir al mejor Señor, se puede describir como orden, y esto lo expone maravillosamente Santo Tomás en la Prima Secundae, cuando explica en qué consisten los actos voluntarios, o sea, los actos propiamente humanos. Servir al mejor Señor le trae orden a la vida, porque entonces Dios le muestra a la inteligencia cuáles son los verdaderos bienes, la voluntad sigue esos verdaderos bienes y entonces, rige sobre las pasiones.

Y, de esa manera, toda la vida, podríamos decir de arriba abajo, adquiere su orden. Esas dos imágenes, las del administrador y las del esclavo, conviene que lleguen a nosotros y de alguna manera se instalen en nuestro corazón. Si así lo hacemos, viviremos con mayor gratitud, con mayor alegría, porque todo lo que hemos recibido es como un regalo y una muestra de Dios. Una vez le preguntaron a San Vicente Ferrer cuál era la mejor manera de vivir como religioso, y él respondió: Como un mendigo que todo lo ha recibido en regalo.

Algo así es lo que traen estas dos comparaciones, la del administrador y la del esclavo, que yo tenga un lugar donde vivir, que yo tenga un trabajo donde servir, que yo tenga una fraternidad y una paz, aunque sea imperfecta, todo eso es regalo. Siguiendo las huellas de la Palabra de Dios en este día, vamos a descubrir la gratitud, vamos a descubrir la alegría, la humildad del servicio y, sin duda, seremos mejores discípulos del Señor.

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